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"El desconocimiento es la peor amenaza para la ballena azul"

"El desconocimiento es la peor amenaza para la ballena azul"

La advertencia la hace el biólogo marino Rodrigo Hucke, quien gestiona, junto a otras instituciones, un área de protección marina en la Décima Región para la conservación del animal más grande que ha pisado la Tierra.

Miércoles 11 de mayo de 2005

Esta historia podría iniciarse en 1997, cuando Rodrigo Hucke, hoy director del Centro Ballena Azul (CBA), y otros especialistas percibieron los primeros indicios de que en la Décima Región, frente al Golfo del Corcovado, podrían hallarse ejemplares del animal más grande que haya existido en la Tierra.

O, también, en el 2002 cuando los mismo investigadores efectivamente avistaron en la zona grupos de ballenas azules, que hasta hace algunos años se creían extintas y que hoy aún están en peligro de desaparecer, pese a todas las medidas que se llevan a cabo en el planeta para conservarlo.

Pero, tristemente, esto en realidad comienza en las primeras décadas del Siglo XX, cuando la industria ballenera cazó y explotó de tal forma a las ballenas azules, que en unos cuantos años redujo a menos de un 3% la población original en el Hemisferio Sur.

Gigante amenazado

Pero volvamos al 2002, porque con los avistamientos de ese año, se rompió con los postulados científicos básicos que decían que en busca de alimento durante el verano las ballenas azules realizaban una migración desde las latitudes bajas (Ecuador) hacia la Antártica.

La presencia de estos enormes mamíferos marinos en el sur de Chile, permitió a los investigadores levantar otro postulado, que algunas poblaciones de ballenas usan otras zonas para su alimentación, como el Corcovado, en la Décima Región.

Rodrigo Hucke, quien encabeza el CBA, explica que ese es un "comportamiento alternativo", pues "otras ballenas sí viajan hacia la Antártica, pero éstas no, y lo importante de investigar es por qué prefieren estar ahí".

-¿Cuáles son actualmente las mayores amenazas para la supervivencia de la ballena azul?

-Lejos, la principal es la falta de conocimiento. A mi juicio, es una de las que más daño produce, el desconocimiento de la población de la importancia de estos animales. Ahora, otros peligros son, por ejemplo, las rutas de navegación, los choques con embarcaciones; la contaminación, tanto humana como industriales; las pesquerías. También los ejercicios navales que se hacen en la zona y, por último, las malas prácticas de ecoturismo.

-¿En qué va el proyecto de crear una área marina protegida frente al Golfo del Corcovado?

-En diciembre se iniciaron las conversaciones junto con la Conama (Comisión Nacional del Medio ambiente) para llevar a cabo este proyecto de conservación. Además quiero destacar que se cuenta con el respaldo y participación de varios organismos, entre ellos, Sernapesca, y también la cooperación de la Secretaría de Pesca de la Armada.

-¿Entonces, en cuánto tiempo podría llegar a buen puerto esta iniciativa?

-Uf, esperamos que al menos esta área de protección quede decretada antes de que el Presidente deje sus oficinas.

-¿Y ve que exista la disposición para que eso ocurra?

-Sí, por supuesto. Y no sólo del gobierno, Conama, Sernapesca, o la Armada. Ha habido una oposición nula. Estamos trabajando y conversando también con todos los actores claves de la zona. Ya hemos identificado dos: (Douglas) Tompkins y (Sebastián) Piñera. También buscamos el interés de otros sectores, como las salmoneras. Al final, el proyecto es para el beneficio, no sólo de las ballenas, sino que también para el desarrollo de otros sectores, como el ecoturismo.

-Claro, además de la incuestionable importancia ecológica de las ballenas azules, también tendrán algún potencial económico, que explicaría en cierta forma el interés de los capitales privados...

-Bueno, con el proyecto de conservación naturalmente se prevé un fuerte desarrollo del ecoturismo regulado, pero teniendo siempre en cuenta que aquí la palabra clave es "regulado", para terminar con las malas prácticas.

-Sobre la labor del centro que diriges, ¿cuáles son algunas de las actividades que se llevan a cabo parea la conservación?

-Actualmente, por ejemplo, se trabaja en un sistema de identificación de cada ballena, basado en fotografías de la aleta dorsal de cada ejemplar y en los patrones de pigmentación únicos de cada ballena. También se las monitorea, con tecnología satelital, para conocer las rutas de desplazamiento de cada uno de los animales.

-Recientemente se sostuvo una reunión con distintas personas e instituciones interesadas en el tema de la conservación de las ballenas, entre ellas, el embajador de Nueva Zelanda. ¿Se llegó a algún acuerdo allí?

-No, formalmente no. Pero sí se iniciaron conversaciones para la cooperación bilateral, para compartir las experiencias de los dos países, en cuanto a la protección de estos animales.

-En la misma línea, ¿existen trabajos o coordinación con organismos internacionales?

-Sí, desde luego. Piensa tú que cada dispositivo satelital que se les coloca a las ballenas para monitorearlas cuesta seis mil dólares. Entonces sin ese apoyo... Trabajamos, por ejemplo, con la Oregon State University, con el American Museum of Natural History, con la Wildlife Conservation Society.

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