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Domingo 15 de mayo de 2005

El Melón: la pesadilla de un pueblo humillado por su municipio
Los niños caca

Náuseas, vómitos, dolores de guata y jaquecas. Con estos síntomas lidian a diario los pequeños de Villa Disputada de Las Condes, en la comuna de Nogales (V Región). La planta de tratamiento de aguas servidas ubicada a escasos metros de sus hogares y colegios despide un olor insoportable que invade sus casas y sus cuerpos. Han creado la Comisión de Erradicación de Fecas. Sus amigos ya no los quieren por hediondos.



Carla Alonso
Nacion Domingo

Si algo distingue a los habitantes de Villa Disputada de Las Condes, del sector El Melón, comuna de Nogales, es el fuerte olor a colonia. Vecinos, niños y ancianos caminan apacibles dejando un halo de perfume en el ambiente. La razón es histórica, pero a estas alturas se transforma en la obsesión de chicos y grandes: la insoportable pestilencia, un olor a caca que penetra los rincones de las viviendas y se toma el patio de los colegios cercanos, los tiene al borde del colapso nervioso. A escasos metros de su hábitat se erige una planta de tratamiento de aguas servidas -de propiedad municipal- administrada por la empresa Essel, cuyo eslogan es “agua que da vida”. Ahí, se tratan los desechos de todo El Melón.

Un ingeniero de Essel a cargo del mantenimiento de la planta El Melón, que no quiso dar su nombre, explica que “nosotros captamos las aguas de todo el pueblo, las enviamos al sector donde está la planta elevadora, luego pasan al estanque regulador y desde ahí al biofiltro. Después a la cámara de clonación y de ahí pasan al estero. Ese es el principio de funcionamiento”.

Los pozos de acumulación de fecas que forman parte de la planta se ubican entre Villa Disputada y una cancha de césped donde los niños del sector van a jugar o a hacer ejercicio. Dependiendo de la temperatura, las corrientes de aire y, por cierto, el mantenimiento de la planta, la pestilencia traspasa los límites de la villa y se expande por todo El Melón.

Los vecinos del sector -agrupados en la Junta de Vecinos Nº 8- explican que las malas condiciones de los pozos provocan los insoportables hedores que tienen sin recreo a los más pequeños. Cuentan que en época estival atrae plagas de moscas, mosquitos y ratones que amenazan la salud de los habitantes, gran parte de ellos mineros jubilados que padecen silicosis y que están obligados a encerrarse en sus hogares por el mal olor.

Acabar con el olor a caca se ha transformado en la bandera de lucha de los habitantes de El Melón. En febrero, los vecinos crearon la Comisión de Erradicación de Fecas, que busca sacar a la planta de Villa Disputada “porque afecta nuestra calidad de vida. Nos organizamos pensando en nuestros viejitos y sobre todo en los niños. Los adultos estamos inmunes a las infecciones, pero los más pequeños no. Estamos velando por su futuro”, señala Gloria Valderrama, miembro de la Comisión de Erradicación de Fecas y cuñada del actual alcalde, Óscar Cortés Puebla (DC), sindicado por muchos como el responsable de que la planta siga en el sector.

LA NÁUSEA

Gloria, al igual que otros vecinos del pueblo minero, asegura que el fuerte hedor de los pozos provoca la seguidilla de mareos, náuseas y vómitos que afectan a los niños. Sobre todo, aquellos peques que viven en Villa Disputada o que asisten a los colegios ubicados en El Melón, como el Liceo Felipe Cortés, la Escuela Fiscal o el Colegio Santa Isabel.

Daniel Bórquez es alumno del Liceo Felipe Cortés y vive en la villa. Para él, escapar a diario del olor a caca es una misión casi imposible, ya que tanto en su casa como en el colegio está en contacto permanente con la pestilencia. “En las noches, cuando salgo a jugar a la plaza, sale un olor muy fuerte. Me mareo y me dan ganas de vomitar. En mi casa el olor no me deja almorzar, me quita el hambre. Cuando voy a jugar a la cancha el olor es insoportable, se me pega en la ropa”, cuenta Daniel desde la biblioteca de su liceo.

Mareos, náuseas, dolor de guata y de cabeza. Los síntomas se repiten. Inhibición del apetito y del sueño. Los niños de El Melón están acostumbrados a lidiar a diario con estos síntomas, ya sea en la casa o en el colegio. El padre Rodrigo Aguirre, director del Liceo Felipe Cortés, cuenta que “en el baño del liceo encontramos a diario niños con síntomas de mareo. Los pequeños que viven en la villa están más sensibles y expuestos a enfermarse, porque todo el día respiran un aire asqueroso. El problema se refleja en la asistencia: hemos tenido casos de alumnos que faltan a clases reiteradamente y sospechamos que la causa son los olores”.

Margarita Quiroz, vocera de los vecinos de Villa Disputada, cuenta que en el consultorio El Melón -dependiente de la municipalidad- se han negado a entregar información sobre la cantidad de consultas médicas de niños que presentan los mismos síntomas.

La directora de ese consultorio, Rosa Ponce, sostiene que no existen estadísticas ni estudios al respecto. “Acá llega mucha gente con diversos problemas. Para saber cómo afecta el tema de los olores deberíamos hacer un estudio que abarcara un mes de consultas. Y ese estudio actualmente no existe”.

LOS COCHINOS

Para los niños, el tema de los malos olores no termina con los problemas físicos. Apenas empieza. Juan Pablo Saavedra (10 años), del Liceo Felipe Cortés, no vive en Villa Disputada, pero cuando va al colegio tiene que comer la colación dentro de la sala. El olor no lo deja salir a recreo. “Cuando vuelvo a mi casa me molestan porque ando con olor a feca. Los niños de Calera me dicen que soy cochino, pasado a caca. Me siento mal porque es un insulto, pero no hago nada, me quedo callado. Esto nos afecta sicológicamente; los otros niños sienten desprecio por nosotros”.

Con la melena castaño suelta, los ojos delineados color azul y una polerita a rayas, Constanza Ríos (10 años), alumna del Felipe Cortés, cuenta que “me discriminan los niños de La Calera porque en El Melón tenemos ese pozo. Me dicen que soy hedionda, que soy cochina, que no me baño. Yo les digo que no tengo la culpa, pero ellos me hacen la ley del hielo. En mi casa no puedo abrir las ventanas porque sale un olor que no se soporta. Esos pozos tiran la caca al estero y ahí la gente va a lavar las papas, las lechugas. Los insectos que pican, también son peligrosos porque chupan del agua del estero”.

Al otro lado de la pasarela color naranja que se erige sobre la ruta está el Colegio religioso Santa Isabel. Varios niños de Villa Disputada y otros que viven en El Melón interrumpen la celebración del Día del Alumno para contar cómo conviven con los pozos de tratamiento de aguas servidas.

En el grupo destaca Sibbyll Godoy (11 años), hija de la dirigenta Gloria Valderrama. “Hay un par de compañeros que me molestan. Yo me acerco a ellos y me dicen ‘sal de aquí, estás hedionda a caca’. Le dicen a los otros niños que si me van a tocar tienen que lavarse las manos con cloro”.

Carolina Vásquez agrega que “cuando uno va a Calera empiezan a decir ‘ahí van los pasados a mierda. Vienen de El Melón, el pueblo sucio”. De pronto, la voz de Carolina se mezcla con la de diez alumnos más -jóvenes y niños- que exigen respuestas a las autoridades locales. Comienza Marie: “El alcalde tiene que tomar cartas en el asunto porque también vive en Villa Disputada, tiene su familia y un nieto ahí. Él no hace mucho, está todo el tiempo en Nogales. Pero tiene que arreglar el asunto porque El Melón también le pertenece. Creo que debe sacar los pozos”.

-Si no los van a sacar, que los arreglen -agrega su amiga-. Esto ya no se soporta.

-¡Todos nos queremos ir de la villa!

-Mi mamá ya no aguanta el olor, se quiere ir, y pelea con mi papá por eso.

-Mi hermano tomó agua del estero y le dolía tanto la guatita que lo llevamos al hospital. Ahí se quedó hospitalizado quince días.

-Estamos aburridos, el alcalde debe parar el asunto porque se viene dando desde hace rato. Que lo haga por su nieto.

AMENAZA FECAL

Edward White, profesor de medio ambiente del Colegio Santa Isabel, cuenta que el mal olor es un tema grave. Ese establecimiento está sólo a cinco cuadras de los pozos y, según cuenta, el olor es muy fuerte, sobre todo en la mañana y en las noches. “Además, trae una serie de focos infecciosos y enfermedades, como las moscas y los zancudos; o sea, el olor es un problema menor. Lo otro que me preocupa es el tema del agua, que es subterránea y se pueden estar contaminando. Otro dato que manejo es que Dissal, una empresa de baños químicos, estaría depositando en los pozos restos del material, fecas, que al parecer están matando las lombrices que tenían la finalidad de purificar el agua”, denuncia White.

Al igual que él, gran parte de la población está inquieta por estos temas recientes, específicamente lo referido al suministro de agua potable. Según explican los vecinos, el agua que llega a la población viene de pozos subterráneos que están a menos de 300 metros de pozos de aguas servidas. Chicos y grandes temen que se estén contaminando las napas subterráneas y, ante esa posibilidad, ya empezaron a hervir el agua que sale de la llave.

El ingeniero de Essel a cargo del mantenimiento de la planta El Melón, negó la existencia de contaminación de las napas subterráneas. “Esto es un cajón de concreto. Acá no hay posibilidad de filtración. Este proyecto fue aprobado por la Conama, tiene resolución de Corema y está con autorización de funcionamiento del Servicio de Salud Sanitaria”. Sin embargo, la foto que muestra un lado de ese cajón de concreto desdice al ingeniero y exhibe las filtraciones de la planta.

Respecto a la posibilidad que estén recibiendo descargas clandestinas y que eso pueda afectar el normal funcionamiento de los pozos, el ingeniero señala que “eso, personalmente, nunca lo he visto”. Sobre los períodos de fuerte olor que afectan la salud de los niños y los ancianos, indica que “en una planta siempre va a haber algunas emanaciones que son controlables y en otros momentos incontrolables. ¿Cuándo son incontrolables?, cuando te fallan las instalaciones y cuando las aguas que llegan no son las que tú esperas recibir. Nosotros tenemos un problema de ese tipo. Muchas veces, por el hecho de que el emisario (tubo principal que llega a la planta) está en el estero, tenemos camiones de fosas que clandestinamente descargan basura en las cámaras. Cuando estás preparado para recibir veinte invitados y se te cuelan otros veinte, hay un colapso”, enfatiza.

El origen de este episodio se remonta a 1988, cuando el municipio de Los Nogales construyó dos lagunas para tratar aguas servidas muy cerca a la comunidad de El Melón -de hecho, actualmente una casa colinda con los pozos. El alcalde de la época era Alfonso Vargas (RN), actual diputado por la V Región.

Paola Vasconi, geofísica y coordinadora del programa medioambiental de Fundación Terram, explica que el problema de fondo es la ubicación de los pozos. “Hay una vivienda colindante con la planta de tratamiento de aguas servidas, lo que escapa de toda reglamentación sanitaria. Si bien se exigían 100 metros de distancias y hoy sólo 20, en el caso de El Melón no se cumple ni el mínimo de distancia”.

Consultado por el tema, el alcalde de Nogales, Óscar Cortés, señala que “como vecino y como alcalde, soy el primer interesado en erradicar esa planta, pero para eso van a pasar años. Es una planta que tiene dos años, y una inversión de cerca de 450 millones de pesos. Hay que justificar la inversión”. Curioso argumento el del responsable municipal: no aclara si su deber es garantizar la salud de la población o servir a las inversiones que han convertido la localidad en una vergüenza nacional.

















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