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Yo amo a Mónica Pérez

Desde que la vi despachando en vivo el caso Pinochet, me enamoré. Me gusta mucho y he sido durante todos estos años su fan número uno. Sigo su carrera por televisión, diarios y revistas. Me encanta que se llame Mónica Pérez Marín y que le gusten los asados y el pisco sour. La siento tan chilena como una ensalada con tomate y cebolla. Aquí van estas líneas, de colega a colega.

Domingo 15 de mayo de 2005

Pablo Basadre G.Desde Ñuñoa

Mis encuentros con Mónica Pérez siempre están amarrados a la casualidad. El primero fue por televisión, en su memorable y agitado despacho en vivo cuando le contó a todo Chile el momento en que a Augusto Pinochet se le notificó el inicio de su extradición a España; así de rápido me enamoré de ella.

Aquel día decidí seguir su carrera. Con cierto pudor reconozco que cuando sucede un "hecho noticioso" en el extranjero, no me pierdo de la sintonía y me convierto en una cifra más del rating, de su rating, porque estoy seguro de que será la apertura del noticiario central. He visto tanta tele por seguirla, que con el tiempo Mónica se ha convertido en mi carta de ajuste. Confieso que en más de una oportunidad he sacrificado el sueño por despertar con su voz en las mañanas. Sólo con su voz, porque el ardor en mis pupilas -huella del sacrificio- no me permite abrir los ojos. No tengo necesidad de ver su cara, con sus anuncios y preguntas voy conciliando el sueño nuevamente. Me la imagino con los ojos hinchados y el único rostro que uno puede tener si todos los días se levanta a las cinco de la mañana.

La Entrevista del Domingo es otro de los espacios que no me pierdo. Su ansiedad me cautiva, esa incomodidad que traspasa cuando se queda corta de tiempo para preguntar. Me encanta su soltura en pantalla. Tiene tanta soltura como su compañero Fidel Oyarzo cuando baila en la Piedra Feliz de Valparaíso.

Hay varias cosas que me gustan de ella: su fascinación por el pisco sour, por la comida libanesa (la imagino comiendo un exquisito shoarma y bebiendo una copa de arak) y su enorme LanPass. Ya quisiera tener tu LanPass, Mónica.

Mi segundo encuentro no fue en uno de sus viajes que veo por televisión. Recuerdo, como si fuera ayer, cuando estuve junto a Mónica en un recital del Teatro Providencia. Si mi memoria no me traiciona, fue Julieta Venegas. A Mónica la acompañaban sus amigas periodistas, yo estaba con un gráfico, trabajando. Ese día me encandiló su ombligo -sí, lo pude ver-, su nariz y sus ojos redondos. Al mirar cómo disfrutaba del concierto, bailando y coreando las canciones, traté de imaginar por qué Antonio Caño, su ex esposo, no se dio cuenta de que Mónica ¡quería otra cosa!... tanto café y periodismo aburre, de eso estoy seguro.

Después de ese día, siempre me pregunté por qué Antonio no le mostró otro mundo, no el de la inteligencia, que es tan vago, tan irreal. Por qué no le entregó cariño, tiempo y un corazón grande. Por qué no fue su cómplice, por qué no le prestó un oído para escucharla y regalonearla cuando estaba triste.

En eso pensaba, en los por qué, cuando esperaba mi turno en la consulta de un dentista. En medio del ruido de las maquinitas, me puse a leer una entrevista de la revista "Paula": El amor según Mónica Pérez, se titulaba. Ahí me terminé de convencer de que Caño no era su hombre. Claro, porque pensé: ¿podrá un editor del diario "El País" ser parrillero y más encima guatón? Imposible.

GUATÓN PARRILLERO

Mi experticia en la parrilla (en las carnicerías me preguntan: "¿qué le va a llevar, maestro?") y su frase: "no descarto a un guatón parrillero", me hizo pensar en que quizá debería contarle a Mónica lo mucho que sé de asados. Cuando la leí, dije: ¡Tate!, acá está la mía. Para un buen asado es necesario saber, por ejemplo, el corte preciso de la carne. Si es vetado o liso, porque aunque te parezca un simple detalle, Mónica, es importantísimo. Un mal asado, duro o superado en su punto de cocción, pone en jaque la popularidad adquirida. Sobre todo cuando uno está con amigos o con la mujer que se quiere conquistar. Entonces, la pregunta viene de cajón: ¿cómo conquistar a Mónica Pérez con un asado? Lo primero sería comprar limón de pica para el pisco sour. Gotearlo con whisky o con amargo de Angostura. De fondo, la parrilla ardiendo. Nada de periodismo en la conversación. Una buena entraña para comenzar y después un jugoso corte de carne, que puede ir desde el filete, pasando por el entrecot (glaseado con queso queda espectacular), abastero y dos tipos de lomo. Hasta un pollo barriga le metería, a pesar de que no es blanda, es muy sabrosa. Y difícil de encontrar, porque como se trata de una carne de mal aspecto, en las carnicerías y supermercados no la exhiben en la vitrina y prefieren venderla molida.

Pero bueno, ¿qué estoy hablando? Si el CV de Mónica es mucho más que un buen asado: conductora de noticias y corresponsal de TV y diarios, máster en relaciones internacionales de la Universidad de Georgetown, donde conoció a Felipe de Borbón y fue invitada a su matrimonio (le regaló manuscritos de Pablo Neruda); la distinción "Profesor Edward Said". En fin, podría estar todo el día, pero creo que todo eso significa tan poco cuando uno está solo. Es "tan menor", parafraseando a nuestros opinólogos, como las encuestas que la dejan en la misma posición que Constanza "Cony" Santa María. Por favor, ¡qué ceguera!

Sabes, Mónica, feliz habría sido tu alumno en la Adolfo Ibáñez para escuchar los entretelones de tu libro "503 días...", escrito codo a codo con Felipe Gerdtzen. Tan sabrosos como un asado deben ser los detalles de la descarada defensa que el suegro de Felipe hizo de Pinochet.

En tus 503 días, te recuerdo en las mañanas cuando hacías tus despachos desde Londres con gorrito y guantes. Yo les decía a mis compañeras del ramo de TV que eras el ejemplo a seguir. Esa mañana, en todos los patios de la escuela, había un televisor encendido para seguir paso a paso tus relatos, casi literarios, de lo que ocurría con el Tata. Las descripciones y detalles que entregabas eran notables, sin repetir ni equivocarte. Esa mañana hiciste el récord de enlaces en vivo, pegándole patadas a los intrusos que pasaban frente a la cámara, sin saber que todo Chile te miraba agitado, al igual que tú.

Por eso, años después, no entendí por qué TVN no te retuvo y te dejó partir a Canal 13. Nunca supe si no le gustabas a la esposa de Pepito Tevé, que en ese tiempo mandaba en el 7, o seguiste los consejos de tu amigo Mauricio Hoffmann y su esposa, Ximena, para irte al canal católico. ¿No te gustaba la línea editorial de la cónyuge de Canitrot? ¿Peleaste con ella? Nunca lo supe.

CHIMICHURRI

Así, he intentado todos estos años seguir tu carrera, tus cuñas tan divertidas, como esa de "bajar los aranceles para exportar hombres asiáticos". Tus viajes, tus historias de España, cuando tenías apenas seis años. O las escapadas para los masajes que tanto te relajan.

Me gusta que te guste la mediocridad y genialidad del chileno. La frase suena con clase, como tu colegio, el Saint George. Eso sí, debo confesar que lo único que no me pareció bien fue cuando me enteré del altercado que tuviste con Claudio Fariña en la cobertura de los funerales del Papa ¿Por qué no te quería prestar el micrófono Fariña? Tú tratabas de hacer bien la pega y no tuviste culpa que tu ímpetu reporteril te haya hecho llegar tarde al contacto en vivo. Sé que intentabas ingresar a los velatorios y que esa fue la razón de tu atraso. Y, claro, en tu ausencia y diciendo que había sido una dura jornada, Fariña se quería lucir, pasarse de listo. Pero contigo al lado, imposible.

¿Cómo el productor Boris López no hizo nada? ¿Qué se habrá creído Fariña? Espero que esa imagen quede guardada en el sistema y no se divulgue a fin de año, cuando hagan los chascarros de prensa.

Por eso me gustas, por el arrebato con que te tomas la vida, por tu distracción cuando te hablan. Porque no sientes que tu matrimonio fue un fracaso, como muchas mujeres. Y te largaste de España para armar otra aventura, quizá recordando tu primera vez, en Estados Unidos, cuando no tenías ni uno.

Por todo esto decidí escribirte un domingo, porque imagino que a esta hora estás leyendo los diarios para informarte y hacer una buena entrevista en la noche.

Seguro que tienes un ejemplar de LND en tus manos y estás pensando en un asado o tal vez en mi chimichurri... con harto ajo y pimentón.

Pero, ¿dónde te gustaría más? ¿En tu loft de Carlos Antúnez 2243 o en Madrid? Como ves, el periodismo no sólo se hizo para informar.

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