
Esta joven profesional se enfurece a diario porque no encuentra trabajo como asistente social. Tiene 28 años y está titulada hace cinco en la Universidad Raúl Silva Henríquez. Para Celia, estar cesante es sinónimo de dependencia económica y de frustración frente a su vocación de servicio. Su cuerpo no registra penas, sólo evidencia su abstinencia de alcohol y drogas.