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Domingo 29 de mayo de 2005
Jueves 26 de mayo. Manifestantes universitarios interrumpen el transito entre Providencia y avenida Salvador. Los periódicos de la tarde anuncian que la toma de la casa central de la Universidad de Chile pasa a tribunales. Además de los hijos de Bello, los de la Usach, Utem y Umce están plegados a las movilizaciones.
En la noche, cuatro estudiantes irrumpen en medio del estelar más visto en la televisión. En "Vértigo" son recibidos con estupor por la dupla Jara-Salas. La bailarina del team Rojo, Maura Rivera, mira nerviosa. Los telespectadores no entienden nada y creen que es una joda de Tinelli.
Mientras, en la casa central de la Chile, Andrés Bello le da las espaldas a los mensajes que, si estuviera vivo, le harían caer los pocos pelos que le quedan. "Riveros, farsante, apoya a los estudiantes". "La educación no es un negocio". "Aquí va la igualdad: todos endeudados". "Junten plata, se aprobó la ley".
La ciudadanía no entiende una discusión que está en punto muerto. En su mensaje del 21 de mayo, el Presidente aprovecha la interrupción de un estudiante de Antofagasta para responder: "Gracias a usted, joven, voy a explicarle al país ahora, voy a decir que lamento lo que está ocurriendo, lamento que los jóvenes de Chile salgan a la calle a protestar porque hay una ley que quiere ayudar a los jóvenes de Chile que van a otros establecimiento de educación superior".
La mentada ley es la que establece normas para el financiamiento de estudios de educación superior. Básicamente, los beneficiados serán los estudiantes de carreras técnicas que duran entre dos y tres años, y también de carreras profesionales de cinco años. Para eso se creará una comisión que velará por la administración de los recursos que entregan los bancos. Los préstamos serán a 20 años, a una tasa de interés de 7 u 8%, con un plazo de gracia de 18 meses.
Pero hace rato que esta reforma se convirtió en una bomba de tiempo: las autoridades sostienen que es la solución a los problemas del rubro y los estudiantes piden que sea vetada por el Presidente. Y como telón de fondo, intelectuales de toda laya debaten con toda clase de argumentos sobre la versión chilena de la universidad pública.
UNIVERSIDAD PINOCHET
Para la Fech el problema del acceso a la educación superior tiene el siguiente calibre: "El ministro Bitar ha intentado un camino creativo: inventar un negocio donde no lo hay. ¿Qué hacer con todos los estudiantes que están fuera del fondo solidario y que no son capaces de pagar los altos aranceles de las universidades? Bitar, en vez de aumentar y mejorar la cobertura de "lo público", responde abriendo la llave para generar la "segunda ganancia" en la educación, esto es, "garantizar la ganancia de los bancos para que puedan enriquecerse a costa de estudiantes y jóvenes que no tienen cómo servir para enriquecer a nadie", plantean en su revista "Bello Público".
Carolina Garrido, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Diego Portales, cree que los problemas centrales de la nueva ley están en saber quién y cómo se determina la tasa de interés de esos créditos, y en un subsidio que se ha ofrecido, si las familias de los estudiantes ahorran cerca de dos millones de pesos. "El mismo ministerio nos ha dicho que esta nueva ley es una medida de parche que no va a servir el 2010. No es posible que los estudiantes que entran a las universidades estatales sean del primer y segundo quintil económico del país, que estudiaron en colegios privados o que se pudieron pagar un pre universitario".
Pero para muchos académicos, la situación va más allá de la aparición de la ley de financiamiento. Todo parte con el decreto que regulaba el mercado de la educación superior en Chile, firmado por Mónica Madariaga, Sergio Fernández y Augusto Pinochet, en 1980.
Javier Corvalán, doctor en Sociología y director del Magister en Política Educativa de la Universidad Alberto Hurtado, cree que el tema de fondo pasa porque no ha habido una reforma estructural más allá de lo que hizo el régimen militar. "Tampoco parece que se avance decisivamente en esa línea. Si uno observa el panorama post-90 verá que lo que hay es una consolidación del campo universitario privado y una diferenciación interna y segmentación del campo llamado tradicional. Tampoco se han abordado seriamente los graves problemas de gestión institucional y de productividad de las universidades tradicionales. Estamos en un escenario de continuidad de las políticas del '80 en el que hay una reforma estructural pendiente en educación superior".
Similar postura tiene Víctor Pérez Vera, profesor de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas y ex candidato a rector de la Universidad de Chile. "Es evidente que se requiere un nuevo modelo universitario para el país, que explicite la naturaleza de la institución universitaria, que instale un sistema coherente con el tipo de desarrollo que se quiere y que ponga en práctica una fórmula sustentable de universidad pública de calidad internacional. Ello es fundamental por la incidencia que tienen las universidades en nuestro desarrollo, y por lo gravitante que es la forma en que se educa la futura elite dirigente del país. Aun así, no veo que una reforma esté cerca, ya que el actual esquema es funcional al modelo de mercado".
MODELO PARA DESARMAR
Calificado como "zapato chino" y "pegote de residuos legales", la educación superior vive hoy una de sus mayores crisis. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), la Universidad pública, que en países desarrollados tiene un aporte fiscal cercano al 80%, en Chile sólo llega a un 18. Más aún, si el gasto en educación en los países de la OCDE es del 1,2 respecto al PIB, nosotros gastamos el 0,3 del presupuesto en un ítem fundamental para dar el salto al desarrollo.
Una posición de distancia y recelo frente al tema de "lo público" es lanzada desde la Universidad Adolfo Ibáñez. En este caso, José Joaquín Brunner, uno de los más reconocidos eruditos en el tema, propone "guiar al mercardo". Para Brunner, el futuro de las universidades públicas está bajo discusión en todo el mundo. "En el caso de Chile, lo que se llama 'universidad pública' es una mezcla heterogénea de instituciones, muy diferentes entre sí, donde caben universidades estatales selectivas y no selectivas, metropolitanas y regionales, universidades privadas católicas y universidades privadas no confesionales. Estas instituciones tienen poco en común, salvo los aportes que reciben del Estado. Necesitamos por lo mismo abandonar estas categorías antiguas -de público y privado- y asumir el nuevo reto, que consiste en asegurar la función pública de la educación superior en general. Para esto es importante ampliar el esquema de créditos estudiantiles a todos los alumnos con las mismas necesidades y méritos; reforzar las actividades de investigación y desarrollo en estrecha vinculación con el sector productivo; impulsar la formación de postgrado y redefinir los mecanismos de asignación de los recursos fiscales en función de objetivos y prioridades nacionales".
Para Pérez, en vez de guiar al mercado, acá debería existir un hara-kiri de los académicos. "Es en las instituciones universitarias donde reside la capacidad intelectual y el oficio para elaborar propuestas específicas e innovadoras de política pública universitaria; eso es lo que la sociedad chilena espera de ellas, entre otras cosas. Más específicamente, las señales y gestos políticos que varias veces ha dado el Presidente Lagos hacia la educación y hacia las universidades públicas no han tenido como respuesta, de parte nuestra, las propuestas de política pública correspondientes. No hemos tenido el liderazgo ni la capacidad propositiva y de convocatoria necesaria para ocupar los espacios políticos que los gobiernos democráticos nos han abierto para reposicionar y reperfilar a las universidades".
Pero en Chile, la universidad pública está en franco proceso de retirada. Hoy, el 52% de los estudiantes superiores es "cliente" de alguna de las tantas instituciones privadas existentes en un mercado pujante en el que temas como gestión, libertad de cátedra, pluralismo o participación estudiantil son reemplazados por "profesores/rostro" que van dos veces al año a hacer alguna clase magistral y que son la mejor publicidad de esas casas de estudio. Este año se abrieron 916 carreras nuevas, que se unen a las 5.054 ya existentes de pregrado, en universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica.
Los flancos están abiertos y mientras estudiantes, académicos y Gobierno no se puedan sentar juntos, los mayo en paro se repetirán "ad infinitum". LCD