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Un debate serio sobre el Servicio Militar Obligatorio

Propuestas como las de Joaquín Lavín, de un servicio militar voluntario, no han contribuido a darle seriedad al debate sobre el SMO y la objeción de conciencia.

Jueves 2 de junio de 2005

Álvaro Ramis Olivos

Coordinador de la Red Chilena de Objeción de Conciencia

Antuco y la trágica muerte de los 44 jóvenes conscriptos nos recordó la vigencia del Servicio Militar Obligatorio. Lejos de ser una carga pública equitativa, esta obligación se ha transformado en una odiosa forma de discriminación clasista. Basta ver el origen social de las familias afectadas por la tragedia para recordar que el servicio militar, lejos de ser una responsabilidad universal, es una carga que sólo los más pobres deben cumplir, con mayor o menor voluntariedad.

En 1998 tres jóvenes objetores de conciencia al servicio militar, luego de agotar todas las instancias de apelación nacional, interpusieron un recurso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. En 2000, la Comisión resolvió de mandar una respuesta al estado chileno en lo referente a este punto. Ante esta solicitud, el Ministerio de Defensa convocó en julio de 2000 al primer foro nacional sobre el servicio militar, que contó con todos los partidos políticos, las Fuerzas Armadas y las organizaciones religiosas y humanitarias que se han manifestado históricamente ante el punto. Al finalizar el foro, el Ministerio presentó al Congreso un proyecto de ley de modernización del SMO. Este proyecto fue variando en el transcurso de la discusión parlamentaria y en 2004, producto de una indicación de los diputados Antonio Leal y Jorge Burgos, y de la buena disposición de la ministra Michelle Bachelet, pasó a incorporar en su texto una cláusula de objeción de conciencia. Se lograba armonizar así el principio de igualdad ante la ley con el de libertad de conciencia.

Hasta ese momento, la derecha se había manifestado invariablemente por mantener la obligatoriedad del servicio militar, obviamente excluyendo la posibilidad de objetar. Justo en el momento en que esta indicación fue incluida en el texto, el candidato presidencial Joaquín Lavín salió al paso lanzando una de sus más "audaces" propuestas: a su juicio "la objeción" no tenía sentido, ya que él era partidario de implementar un servicio militar enteramente voluntario. Tras esta bombástica noticia el debate "mediático" sobre la vigencia del servicio militar se ha tornado un campo de disputas entre las dos aparentes alternativas: obligatoriedad o voluntariedad.

A juicio de las instituciones que desde hace diez años estamos proponiendo la incorporación de la objeción de conciencia al servicio militar, la propuesta de voluntariedad de Lavín nos huele más a ofertón electoral que a una real voluntad de cambiar el injusto modelo del servicio militar actual. ¿Es que no estamos de acuerdo con un sistema enteramente voluntario? ¿Es que queremos mantener la obligatoriedad? Nada más lejano de nuestras intenciones. Para nadie es un secreto que la implementación de un servicio voluntario exige mayor gasto militar y menor contingente de conscriptos. Pero, ¿un país como el nuestro, que cuenta con un per cápita de cinco mil dólares, será capaz de implementar un sistema que sólo se ha implementado en países que cuadruplican esa cifra? ¿Estamos dispuestos a aumentar el gasto militar? ¿En qué porcentaje? ¿Estamos dispuestos a reducir el contingente de conscriptos? ¿Y qué piensa al respecto el Ejército, que ha señalado que reducir el contingente pondría en riesgo la actual política de defensa?

Lo que sospechamos, desde el campo de los que nos oponemos al actual servicio militar, es que no estamos ante propuestas serias, sino ante una forma muy populista de evadir la discusión y mantener el statu quo. Aunque no nos guste, parece una triste realidad el que por muchos años más Chile va a contar con un Servicio Militar Obligatorio, por razones presupuestarias y estratégicas.

Entonces, la única manera de garantizar la equidad en el marco de un sistema de obligatoriedad universal es reconocer el derecho a la objeción de conciencia e implementar un servicio civil sustitutorio adecuado a nuestra realidad nacional.

Si Lavín y la derecha no quieren cambiar el actual Servicio Militar Obligatorio, lo mejor es que lo digan con todas sus letras, y no sigan engañando a los jóvenes chilenos con promesas que nunca van a querer ni poder cumplir.

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