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Domingo 26 de junio de 2005

Gerhard Mertins, el mercader nazi de Villa Baviera
El traficante de Colonia Dignidad

Fue oficial de las SS hitlerianas antes de ser uno de los mayores traficantes de armas del mundo. Usaba un reloj de oro que le regaló el rey de Arabia Saudita. Fundó en Alemania el Círculo de Amigos de Colonia Dignidad. Detrás del arsenal de Parral reaparece su nombre.



Nacion Domingo

Antonio Castel

 

Gerhard Mertins fue uno de los miles de oficiales de las SS -los cuerpos de elite de Hitler- que logró salir indemne de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que fue un destacado oficial, donde alcanzó el grado de mayor y recibió la Cruz de los Caballeros (máximo honor del régimen nazi) por sus acciones comando en contra de los aliados durante el desembarco de Normandía, jamás fue incluido en lista de detención alguna y pudo integrarse cómodamente a la vida civil, en un fenómeno que recuerda la cómoda vida que tuvieron muchos ex DINA y CNI después de la caída de Pinochet.

Más que cómodamente, en realidad. De hecho, pudo entrar a trabajar a la

Volkswagen e incluso, según relata el periodista Ken Silverstein en su libro “Private warriors”, no tuvo problema alguno para encabezar, en la década de los ’50, una organización neonazi llamada “Los Diablos Verdes”, que funcionaba en Bremen, ni tampoco para integrar hacia 1952 el proscrito Partido Socialista del Reich, el sucesor del partido nazi.

Tan bien protegido estaba que no dudó en iniciar hacia 1963, en Suiza, un floreciente negocio de tráfico de armas a través de una empresa llamada Merex, para lo cual se asoció con otro polémico personaje, el ex general de la Gestapo, Reinhard Gehlen, que, en un pacto supuestamente antinatura, “se entregó” a los norteamericanos antes de la capitulación de Berlín, siéndole asignada posteriormente la responsabilidad de rearmar los servicios de inteligencia en Alemania Federal.

Con Gehlen ahijado por los estadounidenses, Mertins contactó como agentes de ventas de su empresa a decenas de otros ex nazis repartidos por el mundo, como Otto Skorzeny, el líder del grupo que rescató a Mussolinni cuando estuvo prisionero en el Sasso, que se refugió en España; Hans Rudel, fugado a Argentina, donde construyó aviones para Perón; Klaus Barbie, establecido en Bolivia, y Friedich Schwend, en Perú. Éste, a su vez, mantenía cordiales relaciones con el nazi “chileno” más famoso, Walter Rauff, mencionado en 1977 como “asesor” de la DINA.

Gracias a los contactos de Gehlen, Merex creció exponencialmente, vendiendo armas a países del Tercer Mundo.

Tanto creció que Mertins llegó a ser motejado por los servicios de inteligencia de diversos países como uno de los mayores traficantes del mundo, al nivel del mítico Monzer Al Kazar. La revista mexicana “Proceso” lo describió como “de cabello cano, pañuelo azul al cuello, anillos y reloj de oro (un regalo del rey de Arabia Saudita)”. Cuando se le preguntaba por su profesión, dice Silverstein, se presentaba como “comerciante en logística”; mientras, “Proceso” agrega que el ex nazi aseveraba que “mi negocio no es la muerte, sino el mantenimiento de la paz”.

Famosos fueron los escándalos de tráfico de armas descubiertos en los años ’60 en los cuales se implicó Merex, cuyo fundador se trasladó en esa época a vivir a Maryland (Estados Unidos). A tal punto llegó el ruido generado por ello, que el Gobierno suizo le prohibió hacer negocios en su territorio y en 1967 el Congreso de Estados Unidos investigó a su compañía, determinando que sus actividades empresariales eran legítimas.

Según Silverstein, en los años ’70 comenzaron los coqueteos de Mertins con Chile y Paraguay, a través de la venta de armas a los regímenes militares imperantes en ese momento, aunque de acuerdo al autor, incluso antes del 11 de septiembre ya había hecho algunos negocios en Chile. Posteriormente se lo menciona como el gestor de la compra de los helicópteros Bolkow Messerschmidt que aún posee Carabineros.

 

LOS AMIGOS DE LA COLONIA

Fue después del golpe, sin embargo, cuando se convirtió en un visitante asiduo de Colonia Dignidad. Tanto le gustó el villorrio ubicado cerca de Parral, que participó en la creación del Círculo de Amigos de Colonia Dignidad, organismo de ayuda a Schäfer y compañía gestado en 1978 en Alemania, y en el cual participaron varios políticos vinculados al derechista partido SCU (Unión Social Cristiana), cuyo presidente, Franz Josef Strauss, fue uno de los principales partidarios del enclave e incluso fue quien le sugirió a sus jerarcas el nombre de “Villa Baviera”.

En su calidad de amigo de Dignidad, Mertins incluso dijo que la mayoría de la población chilena estaba feliz de que se hubiera terminado el “show Castro-Allende” y que Pinochet y los miembros de la Junta eran grandes patriotas. En declaraciones de prensa, refiriéndose a la Colonia, agregó, sobre los colonos, que “este grupo alemán me causó una excelente impresión. Una serie de alemanes que ha visitado Colonia Dignidad conmigo comparte la opinión de que no se deben cometer injusticias en la opinión pública alemana”.

 

LAS VISITAS A FRENZ

Mertins era ciertamente un hombre ocupado y lleno de preocupaciones. Una de las principales que tuvo en los años ’80 fue su situación en México, donde compró una mina de oro cercana a Durango, que llamó “Villa Parral” (?), y donde fue denunciado en 1983 por el influyente periodista Manuel Buendía, que escribió una columna en el diario “Excelsior” diciendo que “uno de los principales traficantes internacionales de armas ha establecido oficinas en México... Muchas mujeres, hombres y niños han muerto no sólo en Centroamérica, sino también en Chile o Bolivia, Oriente Medio o el norte de África, gracias a las armas suministradas por Mertins”.

A consecuencia de las indagaciones originadas a partir de la columna, Mertins fue expulsado del país, pero antes de ello acudió a la oficina de Buendía, quien dijo que lo amenazó de muerte. El 30 de mayo de 1984, un desconocido disparó cuatro veces por la espalda en contra del periodista, cuya muerte nunca se esclareció. En los procesos judiciales, Mertins siempre negó tener algo que ver, así como también negaba vinculaciones con Barbie, Rudel y los otros nazis antes mencionados. Mientras todo esto sucedía, Mertins viajaba por distintas partes del mundo, pero cada cierto tiempo llegaba a su país natal, donde una de sus principales entretenciones parece haber sido visitar con frecuencia al obispo luterano Helmuth Frenz, uno de los primeros en denunciar los horrores de Colonia Dignidad y al cual, según un informe de Amnistía Internacional del 10 de octubre de 1997, amenazaba con “consecuencias” si no detenía su “campaña” contra la secta.

También eran regulares sus viajes a la casa que Dignidad mantenía en Sieburg, según relató el periodista Ansgar Dürnholz a su colega chileno Patricio Parraguez (en un reportaje publicado el 3 de agosto de 1997 en “Las Últimas Noticias”), el 30 de noviembre de 1988 se produjo un extraño episodio, cuando se denunció un intento de asalto que nunca fue tal, generándose momentos de gran confusión en medio de los cuales apareció el misterioso señor Mertins.

De acuerdo a las versiones policiales obtenidas en forma extraoficial por Dürnholz, allí se almacenaban armas, mientras que el periodista Gero Gemballa afirma en su libro “Colonia Dignidad” que a esa misma casa fue donde llegaron los famosos “bultos” con información de inteligencia que Manuel Contreras Sepúlveda envió en 1978 desde Punta Arenas (donde vivía Rauff) a Alemania, cuando su arresto y posible extradición a Estados Unidos por el caso Letelier eran una posibilidad más que inminente.

EL NEDLLOYD MANILA

Pero no son los únicos episodios irregulares vinculados a Mertins. En 1987, la revista “Stern” denunció un hecho ocurrido en Antofagasta, donde se retuvo al buque Nedlloyd Manila, al descubrirse que portaba 1.056 kilos de municiones repartidas en 82 cajas, destinadas a Colonia Dignidad. Una vez más, quien aparecía detrás del envío era Mertins, el cual, coincidentemente, registra sus últimas entradas autorizadas al país ese año.

“Stern” aseguró que tras algunos trámites la carga fue autorizada a seguir viaje a Valparaíso, donde fue descargada, sin que nadie sepa dónde fueron a parar las municiones, aunque es evidente que parte de ellas pueden ser las halladas recientemente en el predio de la VII Región.

A consecuencia de lo anterior, dos parlamentarios del Partido Verde pidieron al Gobierno federal alemán que respondiera una serie de preguntas muy específicas e intrigantes sobre el tema, cuyas respuestas nunca se conocieron públicamente.

Algunas de estas preguntas eran: “¿Qué sabe el Gobierno federal acerca de una oferta hecha por el comerciante en armas Gerhard Mertins a la Colonia Dignidad, que afectaba a material, pero no a tecnología? ¿De qué material se trata? ¿Qué sabe el Gobierno acerca de 1.056 kilos de munición que fuera encontrada en el barco de matrícula holandesa Nedlloyd Manila en 1987 y que estaban destinados a la Colonia Dignidad? ¿Fueron enviadas piezas o partes de armas químicas a Irán o Irak desde el aeropuerto de la Colonia Dignidad, piezas que fueron producidas en Chile? ¿Qué sabe el Gobierno federal acerca de un ejercicio de entrenamiento antiguerrillero realizado en la Colonia Dignidad, durante el cual se pudo establecer que las armas que tenía la Colonia eran mejores que las que usaban los soldados de la unidad en entrenamiento?”.

Dichas preguntas desnudan la punta de un iceberg que ahora empieza a asomar con una fuerza ascensional que quizá hunda muchos buques. Algunos de los cabos sueltos que aún quedan por atar son las vinculaciones del asesinado Eugenio Berríos con la Colonia, así como las aseveraciones atribuidas por la Embajada de Estados Unidos en Santiago a Gemballa, quien habría afirmado a funcionarios de dicha repartición, según un cable desclasificado del 21 de noviembre de 1988 relativo a la desaparición del norteamericano Boris Weisfeiler, que existe una conexión entre Colonia Dignidad, la DINA, Michael Townley y el caso Letelier, y que Mertins, además de estar conectado con Colonia Dignidad, también estaba posiblemente implicado en el caso Letelier.

Aunque jamás admitió estar involucrado en los delitos que se le imputaban, habría sido interesante escuchar la versión del misterioso señor Mertins sobre algunas de estas acusaciones, pero ello no es posible ya que, al mejor estilo de quienes saben vivir siempre al filo de lo legal, murió apaciblemente en 1993. LND
















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