
Inicio » Cultura y Entretención
Viernes 8 de julio de 2005
A menos de 500 metros de la discoteque Blondie vive Patricio Sánchez. También conocido como "Pato Hado", ha organizado más de un centenar de fiestas de diversas tendencias realizadas en ese recinto desde hace varios años como las "Open Blondie", conciertos de Lucybell y otras que ya no recuerda tan bien como la formación de su banda tecno pop Hado; las primeras fiestas electrónicas y sus ansias por ser famoso que a principio de los noventa lo llevaron "a un experimento de Chile Films de donde salió la Titi García Huidobro, Mario Mauriziano, Katty Drouillas y Julián Efelbeim. Era como un "Fama"... puras hueás como decía mi padre", rememora.
Hoy se ha consolidado como productor de fiestas, pero sin duda, el evento que prepara para el día sábado tiene un sabor especial: es el lanzamiento de su primer disco recopilatorio "Música para encerar", un voluminoso compacto de éxitos del ayer como "Soy rebelde" o "¿Y cómo es él?". "Sólo hits calados", asegura con un tufillo a naftalina y entre un sin número de discos comprados en ferias de las pulgas.
Esta es la primera placa producida en su sello Kitsch Records, bajo el alero de EMI, quienes se encargan de la comercialización de este pequeño nicho nostálgico que agotó dos mil copias en dos días. Un fenómeno que se viene gestando desde hace seis años. "Nació por la estupidez de conversar en reuniones de amigos, de los dibujos animados, del "Festival de la una", del Mago Oli y posteriormente de investigar en ferias", explica.
Por esos años -fines de los noventa- este productor de treinta y tres años ya estaba armando la "noches bailables kitsch", seis años que lo hacen pensar que no se tata de una moda, sino de una alternativa.
La gran kermese
Aunque en un comienzo, el concepto kitsch hacía referencia al mal gusto de la burguesía de Munich en el siglo XIX, desde hace algunas décadas esta manoseada figura se filtró como forma de un arte. Como sea, las fiestas kitsch no apuntan a definir la música en función de lo recargado, sino a forzar otras características como la descontextualización y la ausencia de estilos. "Mezclamos Frank Sinatra con Supernova y con René de la Vega. La música kitsch no existe, pero jugamos con la ambigüedad. Es como un gran kermese", explica.
Tampoco, la movida nostálgica nacida hace seis años es pionera en esto. Las discos gay lo hacen desde más de una década con sus barrocas "noches de divas". "Al principio, casi todo nuestro público era gay. Ahora hay punkys, góticos y todo tipo de personas movidas por el boca a boca", comenta Sánchez, quien agrega que "de a poco empezaron a pedir imágenes del Chavo y fetiches como el "yoyo taca". Después querían dulces y vendimos manzanas confitadas. Lo último fueron los flippers".