Investigación del magistrado determinó que María Angélica Grimberg falló al menos 737 causas en tiempo récord, obtuvo “ventajas financieras” en sus intervenciones plásticas, tiene malos tratos, y efectivamente condujo bajo efectos del alcohol.
En 17 días, el ministro en visita Carlos Cerda finalizó sus indagaciones sobre la conducta profesional y personal de la titular del Quinto Juzgado de Menores de Santiago, María Angélica Grimberg, más conocida como la “jueza express”, confirmando las irregularidades de su gestión.
El magistrado arribó a conclusiones en cuatro capítulos: los fallos dictados en tiempo récord en diciembre de 2003, el accidente de tránsito bajo los efectos del alcohol, su relación con el cirujano plástico Héctor Valdés y los malos tratos a abogados y personas en las audiencias. Mientras, sobre la adquisición de una propiedad en el sector alto de la capital, el ministro Cerda no se pronuncia, debido a que hay procesos pendientes en la justicia.
Ocupando menos tiempo del asignado para su tarea –fue designado el pasado 1 de julio por la Corte Suprema por un período de 30 días-, el ministro Cerda dio -una vez emitido este informe- un plazo de tres días a la defensa de la jueza para hacer sus descargos, y enviará el texto al pleno del máximo tribunal, a fin de que resuelva en definitiva el futuro de Grimberg.
"Vamos a ver qué piensa la Corte Suprema, pero yo creo que tiene suficientes antecedentes como para poder definir la situación de la magistrado", precisó el juez.
El magistrado concluyó que la jueza Grimberg falló “al menos 737 causas” en tiempo récord en diciembre de 2003 con el objetivo de acceder al bono de gestión, como ella misma lo reconoció en su declaración.
“Dividió al personal en grupos, confeccionó plantillas de sentencias para casos idénticos, ordenó desarchivar cuantas cusas estuvieren paralizadas, cualesquiera fueren los años de inactividad” y emitió sentencias “a sabiendas que de esa manera superaría la performance de tribunales que, por tener hasta entonces un mejor índice de congestión, estaban obteniendo el bono”, dice la investigación del ministro en visita.
Cirugías
Respecto a su relación con el cirujano plástico Héctor Valdés, el ministro Cerda coligió que la magistrada obtuvo “ventajas financieras” en las intervenciones a las que se sometió en 2002, 2003 y 2004, y que es posible que haya dado a cambio facilidades al especialista en el proceso de tuición y adopción de menores que se instruyeron en el juzgado, los cuales han estado marcados por varios procedimientos irregulares.
Al respecto, Cerda señala que la jueza “se silencia, amparada en su derecho a la intimidad y en el resguardo de la reserva de que se rodean las adopciones de menores”.
Este punto es el que más ha irritado a la magistrada y su defensa, quienes han impugnado la diligencia ordenada por Cerda de retirar las fichas médicas de la clínica del doctor Valdés en Farellones.
De hecho, interpuso una queja disciplinaria en contra del ministro, señalando que no se respetó su vida privada, la cual fue admitida a trámite por la Corte de Apelaciones.
”Escándalo”
La investigación de Cerda también arroja resultados concluyentes en el capítulo referido al accidente en estado de ebriedad del que la jueza fue protagonista.
Cerda revela que el choque se produjo a las 4 de la madrugada del 18 de diciembre de 2004, hora en que se retiró de una celebración con funcionarios del tribunal, donde “ingirió bebidas alcohólicas que la alteraron”. “No alcanzó a conducir más de dos cuadras”, cuando se introdujo contra el tránsito, chocó a un automóvil detenido en una luz roja, y se subió a una platabanda.
La investigación del magistrado revela que además Grimberg se negó a la alcoholemia, haciendo valer su condición de jueza, y “retardó el procedimiento de rigor por más de tres horas, generando un pequeño escándalo entre vecinos y transeúntes”.
Malos tratos
Cerda también llega a la conclusión que la jueza Grimberg tiene malos tratos con abogados y las personas que llegan al tribunal. Según la jueza, “esta imputación obedece a una campaña en su contra, principalmente de señoras que no han obtenido (sic) en su tribunal”. Sin embargo, la investigación señala que “con frecuencia no controla su fuerte carácter mientras se desempeña como jueza de menores, donde (...) exhibe actitudes por muchos apreciadas indebidas en una persona de su investidura, tales como alzar la voz, impedir la libre expresión de los intervinientes, amedrentarlos, causar ofensa en partes y abogados y hacerlos expulsar de la sala”.