
Inicio » Cultura y Entretención
Miércoles 20 de julio de 2005
Hay personas que no nacieron para ser felices, mucho menos para gozar de la vida cómo lo hacen otros, sino enfrentar los días, semanas, meses y años con la convicción de que en algún instante todo mejorará.
No obstante, el escritor Roald Dahl, siempre demostró ser un hombre capaz de enfrentar las adversidades, porque a pesar de todas las tragedias que vivió, compartió su más grande tesoro, su imaginación.
Novelista que no sólo perdió a su hermana mayor y a su padre a los tres años de edad, sino que su juventud la pasó en un colegio inglés que odió y de adulto debió sobreponerse a la muerte de Olivia, su hija mayor, y a la enfermedad de Theo, su hijo de tres años, que tras un accidente automovilístico sufrió daño cerebral.
Un hombre que exploró su faceta de escritor después de servir en la Fuerza Aérea durante La Segunda Guerra Mundial y conocer C.S. Forrester, escritor que le solicitó que contara sus hazañas cuando estuvo en los Estados Unidos cómo agregado militar en 1942.
A partir de ese momento, Dahl reconstruyó las tierras de "Alicia en el País de las Maravillas" o de "El Gigante Egoísta", modernizándolas y haciéndolas acordes a los tiempos en que se vivía, entremezclándolas con las frustraciones de su infancia.
Así surgió "Los Gremlins", relato de 1943, que recordó sus días de piloto de combate en Libia, el cual fue adaptado por Chris Columbus para la pantalla grande en los '80.
Si bien este es uno de sus cuentos más desconocidos, años después logró cautivar a los lectores con "James y el Durazno Gigante", "Matilda" y "Charlie y La Fábrica de Chocolate", su obra más aclamada y que en estos instantes tiene una segunda adaptación cinematográfica en manos del director Tim Burton.
Cuento que nació por los amados chocolates que Roald mantenía celosamente guardados en una caja de madera, de los que coleccionaba los envoltorios dorados en los que venían, amontonándolos en una bola muy pesada que tenía en una choza detrás del frondoso patio de su residencia en Inglaterra, donde se encerraba a escribir sus novelas.
En ese lugar, Dahl creo "Charlie y la Fábrica de Chocolate", libro que narra la aventura de Charlie Bucket, un niño que junto a su abuelo Joe y cuatro chicos más con sus respectivos padres, son invitados a la fantástica fábrica de Chocolate de Willy Wonka para ser premiados con dulces gratis de por vida.
Un mundo cargado de seres extraordinarios y lugares admirables, que Dahl utilizó para hacer una crítica a la formación de los hijos, donde el valor está en la familia y no en lo material.
El relato apareció en los Estados Unidos en 1964 y se convirtió en todo un suceso, lo que provocó que para 1971 se realizara una adaptación para el cine, la que el mismo autor adaptó y fue dirigida por el desconocido Mel Stuart. Una recreación de la fábrica de maravillas, que fue protagonizada por el actor de "La Chica de Rojo", Gene Wilder, quién encarnó al multifacético Sr. Wonka.
El film no fue el éxito comercial que se esperó, porque el ritmo de la historia era bastante aburrido y la fotografía oscura, haciéndola tétrica, aunque hoy muchos mal recuerdan una excelente hazaña de fantasía.
Entonces llegó Tim Burton, quién pretendió hacer una fiel adaptación de la novela escrita por Dahl, alejándose completamente de su anterior versión.
Para lograr esto, el guionista John Angust, se abstuvo de ver la cinta de Stuart, para no sentirse influenciado y dar forma a una historia al que el director de fotografía, Philippe Rousselot, pudiera moldear y convertir en ese lugar irreal.
Se pensó en Marilyn Manson para el papel del Sr. Wonka, aunque finalmente recayó en Johnny Depp, quién para interpretar al personaje imitó la locura de la reclusión de Howard Hughes, los glamorosos rockeros de los setentas y el estilo del propio Manson. Mientras que el rol de Charlie lo obtuvo Freddie Highmore, quién fue recomendado por Depp, al quedar muy impresionado por su versatilidad cuando trabajaron juntos en "Encontrando el País de Nunca Jamás".
El resto del elenco lo completan David Kelly, cómo el abuelo Joe, Helena Bonham Carter, haciendo a la madre de Charlie, y Christopher Lee, encarnando al Dr. Wonka.
Juntos dan vida a una cinta que es mucho menos aburrida y oscura que su predecesora, en la que Burton destruyó medio millón de dólares en equipos de filmación, al ser sumergidos accidentalmente en chocolate.
Todo para recordar a Roald Dahl, uno de los novelistas más interesantes de cuentos infantiles, que murió el 23 de noviembre de 1990, a los 74 años, sin alcanzar a terminar su último trabajando, "El Párroco de Nibbleswicke".