José Miguel Villouta
Pedro Zerolo tiene 45 años y ayer en la mañana, durante el seminario “Los desafíos actuales del progresismo”, fue el primero en cantárselas claras a todo el think tank progre: cuando la izquierda es pacata, la derecha aparece simplemente como conservadora; cuando la izquierda es valiente, la derecha queda retratada como lo que es: agresora en temas de igualdad. “En España, poner este tema en el tapete dejó en claro quién es quién”, dice.
Zerolo es abogado, y de participar en el Colectivo Gay de Madrid pasó a presidir la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), hoy es, además, concejal de Madrid. Es gracias a su trabajo que ahora los homosexuales y lesbianas españoles han podido cumplir el sueño tan anhelado: vivir en paz, poder casarse, tener una familia.
Tras su intervención en el Hotel Fundador, apenas un par de horas después de desembarcar en Santiago, pasamos a una sala donde lo primero que hice fue comenzar quejarme del bloque progresista nacional, que prácticamente ha ninguneado al colectivo gay. Le explico que, en mi opinión, en Chile los conservadores han logrado que los liberales les compren el modelo y yada yada yada. Zerolo me mira fijo a los ojos y, hablando claro y pausado, me va corrigiendo una a una las concepciones que tengo sobre cómo podemos lograr el fin último: el reconocimiento de nuestra dignidad total como humanos.
Fue como conversar con el Chanquete. Sólo que en este caso el Chanquete es joven, con onda, guapo y con un novio mino que de seguro debe provocar la ira de la derecha cada vez que se dan besos y aparecen juntos en los actos políticos. “¿Es necesario?: es la pregunta que nos hacen cuando me emplazan. Pero si ellos pueden ir con sus señoras a los actos y besarse, no veo por qué no puedo ir con mi novio”, dice.
Zerolo, corrijo, no es el Chanquete: es como el Che, pero más cool.
-¿Qué es lo más difícil al momento de luchar por la igualdad de derechos?
-El mayor esfuerzo que ha tenido que hacerse durante estos años ha sido convencer a la gente de la realidad discriminada en la que estábamos. Pero ha sido históricamente así. Pasó con las minorías o mayorías raciales y con el movimiento de liberación femenina. El mayor esfuerzo ha sido convencer a gays, a lesbianas y a transexuales de que son ciudadanos de primera. Han sido siglos de discriminación, estigmatización y segregación. Eso baja tanto la autoestima que lo más difícil es convencerlos de que se levanten y caminen y empiecen a luchar.
 José Miguel Villouta y el líder del movimiento gay español. |
-Hay gente que considera que lo nuestro es una debilidad de carácter, por lo que no merecemos igualdad de derechos. Somos personas que se han ido por un camino descarriado.-Ese es el mismo argumento que se ha utilizado contra cualquier realidad de los que en el mundo han estado discriminados. Lo que se dice de gays y de lesbianas se decía en su momento de las mujeres y de la realidad negra. Siempre se busca un argumento para perpetuar la discriminación y para tener apartada a una parte importante de la sociedad. Somos, más menos, un 10% de la población.
-¿Cuál fue la táctica de la derecha para frenar el matrimonio homosexual?
-La de siempre: en España la derecha se ha opuesto a todo. En estos 28 años de democracia, los conservadores, junto a una parte importante de la jerarquía de la Iglesia católica integrista, se ha opuesto a todo. Si le hubiéramos hecho caso a la jerarquía de la Iglesia, no tendríamos Ley de Divorcio, ni una Ley de Adopción como la que tenemos. No hubiera habido una despenalizacion de los anticonceptivos, ni campañas de prevención del VIH, ni campañas de embarazos no deseados, ni Ley de Reproducción Asistida, ni Ley del Aborto, ni investigación con células madres, entre otras cosas. De haberles hecho caso, España sería un país completamente diferente al que ha querido la inmensa mayoría. La derecha siempre ha estado ahí negando la realidad, mientras vive al margen de ella.
-¿Cuáles fueron los argumentos específicos de la derecha?
-Ellos siempre han manifestado que cualquier avance en los derechos gays supone una desnaturalizacion de la sociedad, un caos y la anarquía. Lo mismo dijeron en 1981, cuando se aprobó la Ley de Separación y Divorcio, y no ha pasado nada. Lo que hay que hacer, lo que he hecho en debates, es denunciar la enorme hipocresía con la que se comporta la derecha española. Niegan las leyes para luego utilizarlas. Nosotros aprobamos la Ley del Divorcio y ellos la han utilizado, y mucho. Hubo ministros en el Gobierno de Aznar que se casaron y se divorciaron más que Liz Taylor. Han votado en contra de la igualdad de los homosexuales en
 Pedro Zerolo y su pareja, con quien se casará en agosto. |
el Código Civil y después serán ellos los que se casen. -Así que ahora la ley tendrá larga vida.
-Sí. No me planteo que esta ley pueda ser derogada, porque si algún día vuelve a gobernar la derecha en España, habrá muchos militantes y ocupantes políticos del Partido Popular que ya estén casados. Nosotros aprobamos las leyes y ellos las usan. Ahí está la generosidad de la izquierda.
-En Chile, la mayoría de las personas que están en el poder son heterosexuales católicos que no han sido discriminados nunca, sean del partido que sean. Los problemas de los homosexuales los van a tener que resolver los propios homosexuales. ¿Cómo conseguir el compromiso de los heterosexuales?
-Esto tiene mucho que ver con lucha de género y de lucha contra el machismo. La homofobia, que es la segregación del homosexual por el hecho de serlo, es una forma más de machismo. Por eso hemos coincidido en una gran alianza gays y lesbianas, con las mujeres feministas. Eso ha sido fundamental. El machismo es transversal y, obviamente, ha afectado a los hombres de izquierda.
-¿Cómo llegaron a involucrar a los machos de la izquierda?
-Fácilmente: recordándoles su compromiso ideológico. No se puede ser de izquierda y ser homófobo o racista o xenófobo. Eso sí es contra natura. Contra la naturaleza ideológica de quien defiende determinados principios. Pero antes de convencer a los hombres de izquierda tuvimos que llegar hacia donde ellos estaban, y quienes han estado de nuestro lado todo este tiempo han sido las mujeres, madres, compañeras de trabajo. Mujeres periodistas que nos pusieron en los medios de comunicación cuando nadie nos quería ni ver. Mujeres políticas de izquierda. Mujeres feministas.
-¿Cuesta hacer entender el concepto de dignidad?
-Los homosexuales, como movimiento de liberación, no hemos luchado por casarnos o por adoptar conjuntamente: hemos luchado por el reconocimiento de nuestra dignidad. Como lo hicieron las mujeres y las minorías o mayorías raciales que lucharon por el reconocimiento de su dignidad, independientemente del color de piel. Porque si nos dieran derechos con nombres distintos eso sería apartheid. En España sacamos el debate a la calle y planteamos las parejas de hecho. Una vez que se fueron aprobando distintas legislaciones, logramos que se cambiara la mentalidad y, al final, la modificación del Código Civil.
-Dices que una cosa importante es conseguir visibilidad. Pero en Chile casi no tenemos ninguna sin ser distorsionados. El esparcimiento gay se reduce a un desfile callejero al año y un puñado de discotecas. El resto casi no tiene difusión. Muchos homosexuales que podrían provocar cambios están en sus casas.
-Lo que tú me cuentas ya es importante. Conozco la situación de otros países, que es peor. El tener una manifestación masiva al año y distintos lugares de socialización es importante, porque de esos lugares de socialización es de donde hemos venido todos. Primero nos conocimos, luego nos organizamos, sacamos el debate a la calle, dialogamos con los sindicatos, con los partidos políticos, con la sociedad en general.
-Pero mucha gente sigue en el armario.
-Primero cambiamos la mentalidad general y después le pudimos pedir a los gays y a las lesbianas que salieran de los armarios y se sumaran a la reivindicación. Pero, en un primer momento, nadie va a venir a ayudarte. En España siempre esperamos que vinieran esos señores bien colocados socialmente y apoyaran nuestra causa. Hemos conseguido el reconocimiento de la dignidad homosexual, y esos señores siguen en el armario. Los movimientos de liberación personal han surgido de abajo hacia arriba. Este movimiento es transformador y, si me apuras, revolucionario.
-En nuestro país, durante la dictadura, la Iglesia católica llenó el vacío de organizaciones civiles y acogió a todos los discriminados. Las palabras de Ratzinger contra nosotros pareciera que no son escuchadas. La Iglesia sigue siendo representada como un ente inclusivo. Y el que levanta la voz es reprendido.
-Eso es responsabilidad ya de la propia ciudadanía. En la medida en que se tiende a la secularización, al respeto, a la libertad religiosa, a las creencias de cada cual, surge la igualdad. La Iglesia, como jerarquía, se ha opuesto a la igualdad entre razas, entre hombres y mujeres, y ahora a la igualdad entre homosexuales y heterosexuales. Eso hay que decirlo desde la tranquilidad, pero hay que decirlo. La jerarquía vaticana, aliada con movimientos como el Opus Dei, Legionarios de Cristo o neocatecumenales, es una Iglesia que esta haciendo política. Y desde el campo de la política es donde hay que responderle. No sólo llaman a la objeción de conciencia, sino que a la desobediencia civil de las leyes que emanan de los Parlamentos. Eso es grave y no hay que callarlo. Si no, no podremos construir espacios laicos y públicos donde quepamos todos y todas.
-Aquí, la Iglesia tiene universidades y un canal de un respeto increíble.
-A mí me comentaban exactamente lo mismo de España. Durante siglos, España ha sido considerada un referente del catolicismo y no precisamente del más abierto o progresista. Y las cosas se han conseguido. Así que se trata de soñar y de de que los sueños se hagan realidad, y para eso se necesita valentía, responsabilidad e imaginación. Lo que me cuentas es lo que hay, y lo que hay es tremendo. La realidad siempre ha sido la peor de las peores y, aun así, ya hay cuatro países que han reconocido la plena equiparación en derechos: Holanda, Bélgica, España y ahora Canadá. Los países no están sólo para exportar jamón: están para exportar ideas y modelos de sociedad.