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La Iglesia Ortodoxa ucraniana busca independizarse de su hermano mayor

La "Revolución Naranja" del año pasado le dio a Ucrania la posibilidad de liberarse del control político ruso. Ahora, los ucranianos esperan dar un paso más y crear su propia iglesia, independiente de la de Moscú.

Lunes 1 de agosto de 2005

Giselle Concha

Una antigua leyenda señala que hacia fines del siglo X, el gran Príncipe Vladimir de Kiev ordenó a sus súbditos sumergirse en el río Dniéper, ubicado en la capital de Ucrania, para bautizarse en la nueva fe ortodoxa. De este modo, el cristianismo bizantino se convirtió en la fe de los tres pueblos que se originaron a partir del antiguo reino de la 'Rus': los ucranianos, los rusos y los bielorrusos. Es así también como nació la poderosa Iglesia Ortodoxa Rusa.

Pero la historia cambia y, con ella, la cultura de las naciones. Después de liberarse del control político ruso tras la 'Revolución Naranja' del año pasado, muchos ucranianos se encuentran ahora canalizando sus impulsos nacionalistas en la religión. Respaldados por su Presidente, Viktor Yushchenko, los ucranianos buscan ahora crear una Iglesia independiente y no subsidiaria de la de Moscú.

La Iglesia Ortodoxa rusa sabe el costo de esto, pues perder una nación de 48 millones de habitantes reduciría significativamente su financiamiento, al tiempo que disminuiría su influencia mundial. A esto se suma un posible quiebre en las relaciones entre los dos países, estableciendo así un revés a los esfuerzos del Kremlin por mantener su influencia en las antiguas repúblicas soviéticas.

Tal como lo reconoce el patriarca Filaret, quien dirige la disidente Iglesia Ortodoxa Ucraniana-Patriarcado de Kiev, "Rusia comprende y lucha por mantener la Iglesia ucraniana (...) Si pierde la Iglesia, Moscú no tiene ninguna esperanza de incorporar a Ucrania en un nuevo imperio ruso".

De hecho, la congregación que lidera el patriarca Filaret está en proceso de unificación con la denominada Iglesia Ortodoxa Ucraniana autocéfala. La eventual unión crearía una nueva y poderosa Iglesia independiente ucraniana, con casi 4.700 parroquias y 3.400 sacerdotes.

Aunque sería menor a la oficial Iglesia Ortodoxa Ucraniana-Patriarcado de Moscú (bajo la tutela de la Iglesia Ortodoxa rusa), su magnitud podría obligar al patriarca Bartolomé I, el líder espiritual de los 200 millones de ortodoxos en el mundo, a reconocer la nueva Iglesia ucraniana independiente. Lo anterior le daría un significativo sello de legitimidad que, según Filaret, impulsaría a muchos sacerdotes y parroquias a cambiar de bando.

En ese contexto, la Iglesia Ortodoxa Rusa sacaría un mal balance, pues no sólo perdería feligreses sino también valiosas propiedades eclesiásticas, incluyendo algunos de los sitios más reverenciados por los ortodoxos rusos.

Cabe señalar que los clérigos tienen cierto poder en los países ortodoxos, ya que en esas naciones la identidad nacional suele forjarse tanto por el Estado como por la Iglesia. Esta influencia ha aumentado desde la caída de la Unión Soviética y el fin del credo comunista hostil a la libertad religiosa.

Pero desde esa época que la Iglesia rusa se ha resistido a la creación de una Iglesia ucraniana única, lo cual ha derivado en la existencia de tres iglesias separadas: la oficial, la disidente y la autoacéfala. Las dos primeras congregaciones son las dominantes y difieren poco en términos litúrgicos.

En la era postsoviética, Ucrania estuvo presidida por Leonid Kravchuk, quien respaldó la Iglesia disidente. Pero su sucesor, Leonid Kuchma, devolvió el apoyo estatal a la oficial del patriarcado de Moscú.

El actual Presidente ucraniano, Víctor Yuschenko, ha dicho que no interferirá en los asuntos eclesiásticos, pero al mismo tiempo ha enfatizado que los ucranianos desean una Iglesia nacional unida e independiente. Esta declaración se ve impulsada para fortalecer la unidad del pueblo, pero también responde a objetivos políticos.

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