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Ejército busca dejar atrás tragedia de Antuco

La institución castrense decidió mostrar el período de instrucción en la nieve que reciben los soldados conscriptos, tanto los que realizan el Servicio Militar Obligatorio como los que se acogen al Curso Especial Adelantado de Estudiantes.

Lunes 1 de agosto de 2005

El recuerdo de la tragedia de Antuco, donde fallecieron 44 soldados conscriptos y un sargento, no logró mermar el entusiasmo con que cerca de 60 estudiantes de enseñanza media llegaron a Portillo la semana pasada.

Así lo demuestra el testimonio del soldado conscripto, Cristián Rojas, quien descartó sentir "miedo" por estar en terreno nevado. A su juicio, la tragedia de Antuco "son cosas que pasan, pero hay que atreverse no más. Confío ciegamente en los instructores", dijo.

El es uno de los jóvenes que pertenecen al Curso Especial Adelantado de Estudiantes del Regimiento Reforzado Nº 3 "Yungay", que realizan el servicio militar, sin interrumpir sus estudios, durante un año -desde abril a diciembre-, sólo los días sábado.

Son precisamente este tipo de actividades, las que refuerzan las convicciones del Ejército, institución que insiste en que la tragedia de Antuco se produjo por una falta de criterio de los militares que autorizaron la marcha, quienes no evaluaron que esos conscriptos aún no recibían la instrucción en nieve ni las condiciones climáticas que se vivían en la zona.

El período de instrucción -que se extendió por una semana y que culminó el sábado 30 de julio- tuvo por objeto que los soldados estudiantes recibieran nociones básicas para desenvolverse como combatiente individual en la montaña. Las mismas que no alcanzaron a tener los conscriptos que fallecieron en Antuco.

En la práctica, los cerca de 60 jóvenes aprendieron técnicas básicas de esquí, construcción de refugios, nociones de sobrevivencia en montaña y nociones de primeros auxilios.

Conocimientos que pusieron a prueba en las marchas diurnas y nocturnas que realizaron en Portillo y en especial, durante la actividad final: una caminata hacia el paso del Cristo Redentor, ubicado a cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

El comandante de la compañía especial de estudiantes, capitán Norman González, explicó que el grupo fue dividido de acuerdo con "la capacidad innata o técnica" que poseían sobre el esquí. Así, tras una evaluación que se realizó el 25 de julio en la primera jornada en el refugio militar, se formaron tres grupos que recibieron gradualmente los conocimientos.

El comandante en jefe de la Segunda División de Ejército, general Miguel Trincado, explicó que los jóvenes superaron etapas "en la medida que iban adquiriendo la competencia, la técnica. Es muy gradual".

De hecho, para pasar a la etapa siguiente, cada soldado estudiante fue sometido a una evaluación, que implicaba cumplir el objetivo fijado para el día. Si éste no era alcanzado se debía repetir la instrucción al día siguiente.

La gradualidad se aplicó también a la implementación, ya que el aprendizaje de esquí se desarrolló sólo con tenida militar. Una vez que los jóvenes dominaron bien la técnica se les agregó una mochila y luego el armamento.

La Nación

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