
Domingo 7 de agosto de 2005
Ana Verónica Peña/Rodrigo Durán
Como una ceremonia triste recuerdan los vecinos más antiguos el acto en que se entregaron, a mediados de 1989, los títulos de dominio de la Villa Cema Chile de Pudahuel. Una ceremonia demasiado sencilla, celebrada sin mucha pompa en el gimnasio de la otrora sede central de la fundación, en Portugal 349.
Muy poco para lo que habían imaginado estos pobladores. "Ya había problemas. La señora Lucía se notaba mal anímicamente. Entregó las casas, pero nosotros notábamos que estaba muy lejana", relata una vecina. Otra, en cambio, recuerda que Lucía Hiriart mostró ese día su faceta más dura: "Entregó las casas como quien dice: '¡Acá estamos y vamos a cumplir con lo que les prometí!'. Pero no era la señora Lucía de otras ocasiones. Nosotros quedamos para adentro cuando dijo que la gente no había sido lo que ella esperaba", dice Gladys Quintana.
No era para menos. A esas alturas de la historia, el general Pinochet no terminaba de masticar su derrota en el plebiscito de octubre de 1988 -donde "corrió solo y llegó segundo", como tituló el diario "Fortín Mapocho"- y, para hacerle más ingrata su existencia, la Junta Militar había optado por un civil para enfrentar las elecciones de diciembre de ese año, haciendo caso omiso de las pretensiones de su marido. No había otra explicación: eran todos unos malagradecidos.
El malestar de doña Lucía también se hizo evidente en Renca, pero ahí fue peor. Justo cuando los habitantes de Villa Araucanía pretendían celebrar el acontecimiento de sus vidas -la entrega de la casa propia- tuvieron que guardar sus trajes de fiesta porque no hubo ceremonia alguna. "Iba a venir la señora Lucía a hacer una ceremonia simbólica, pero al final avisaron por volante que se suspendía, que no se iba a hacer por las razones tanto y tanto, que ya ni recuerdo", dice Eduardo Alvear, actual presidente de la junta de vecinos de esa villa. Entonces tuvieron que hacer su propia inauguración al inicio de la administración de Patricio Aylwin.
ATAQUE DE AMNESIA
¿Qué esperaba doña Lucía? Esperaba ganar el plebiscito, claro. También esperaba mantener la corte de incondicionales que había tenido durante tantos años. Pero el ambiente no daba para risas. Doña Lucía ya no tenía corte, sólo unas pocas colaboradoras que se quedaron después de la desbandada que supuso el plebiscito. Aquello le dolía tanto o más que haber perdido el año anterior. Así lo expresaba en una entrevista, poco después de la derrota en el plebiscito, tratando de disimular el impacto: "(En Cema Chile) son muy pocas las que se han retirado, y las que lo han hecho dicen sentirse desilusionadas de la respuesta dada a tanto sacrificio por algunas socias que han actuado con gran deslealtad".
Las escenas en las villas Cema Chile retratan fielmente ese momento histórico, pero no pasan de ser la anécdota detrás de algo mayor: las irregularidades cometidas en la institución. Asunto que ha despertado el interés del juez Sergio Muñoz en el marco de la investigación por enriquecimiento ilícito y fraude tributario que instruye contra el general (R) Augusto Pinochet, su secretaria Mónica Ananías y su ex albacea Óscar Aitken Lavanchy.
Por eso, cuando el lunes de la semana pasada el juez Muñoz interrogó por primera vez en calidad de inculpada a Lucía Hiriart de Pinochet, como si prácticamente no le interesara el tema, repentinamente le preguntó por el local de artesanías que mantenía la institución en Miami (Estados Unidos). La señora del general se sorprendió y aparentó un súbito ataque amnésico: no se acordaba quién lo administraba, dónde se depositaba la plata, ni cómo ni quién la recibía en Chile. Lo único que dijo es que esa institución "hizo mucho por los pobres", y lamentó que de eso ahora nadie se acuerde.
Ya eran cerca de las 13 horas y el magistrado debía partir al habitual pleno del primer día laboral, así es que se despidió y doña Lucía respiró aliviada. Pero su presencia en el Cuartel Central de Investigaciones estaba lejos de terminar. Tras la partida del juez, le tocó el turno al equipo de investigadores que trabajan en el caso, que siguió con el tema del Cema.
El de Miami, hasta ahora, es el único local que se le ha detectado fuera del territorio nacional a la fundación, que se supone sin fines de lucro. Allí se vendían las mejores piezas confeccionadas por las socias de los centros de madres y por los alumnos de la Escuela de Artesanía del Cema Chile.
Una fuente relacionada con esa institución en las décadas de los '70 y '80 dijo a LND que la tienda en esa nación del norte era supervisada periódica y permanentemente por la hija mayor del general, Lucía Pinochet Hiriart, quien aprovechaba sus continuos viajes a Miami para pasear y disfrutar su estadía con Antal Liptay, un ex colaborador de la DINA.
Pero las manualidades de las socias del Cema no sólo se exportaban. "Nos mandaban a hacer cosas y nosotras veíamos cómo se vendían en el local del paseo Las Palmas al triple del precio que nos pagaban a nosotras", cuenta Gladys Quintana. Según un folleto de la institución, al mismo tiempo que funcionaba este local en Providencia, Cema mantenía otros tres centros de venta en Santiago: uno en su sede central, en calle Portugal, otro en la estación del Metro Universidad de Chile y un quiosco en el aeropuerto.
En tanto, registros del Conservador de Bienes Raíces y otras bases de datos de acceso público dan cuenta de que la institución también contaba con locales y hasta galerías completas en las ciudades más importantes del país. ¿Cuánto dinero se recaudó por esa vía y dónde fue a parar? Era parte de lo que querían indagar los policías, pero se logró poco.
MUEBLERÍA Y MULTITIENDA
Contra lo que se podría esperar, la venta de artesanías no era el único negocio del Cema. De hecho, para ejecutar los proyectos habitacionales se constituyó una empresa constructora, que en Dicom aparece como "Coop Viv Serv Hab CEMA" y registra domicilio en Nataniel Cox. Pese a su estructura de sociedad de responsabilidad limitada, es decir con fines de lucro y obligada a publicar sus antecedentes en el "Diario Oficial", no existe antecedente alguno sobre sus socios fundadores o actuales en ningún registro público.
De acuerdo a los libros del Conservador de Bienes Raíces, las casas de las villas Cema se vendieron a un precio que iba desde las 150 a las 417 UF, dependiendo del metraje construido, la extensión del terreno y el equipamiento. Precio bajo incluso para los estándares de entonces del Serviu.
Según cuentan testigos, la empresa constructora recibía los pagos de dividendos que los vecinos cancelaban en las mismas sedes de Cema. También, agregan, cobraba el subsidio estatal que se le otorgaba a cada beneficiario. Sin embargo, no hay registro de aquello, según informaron en el Serviu. En teoría, comentó un funcionario, cualquiera de ellos podría volver a postular al beneficio estatal.
De acuerdo con las escrituras, los terrenos en los que se construyeron estas villas también corrieron por cuenta del Estado, porque corresponden a donaciones que el fisco hizo a Cema, tal y como, en forma análoga, le entregó a la institución otras propiedades de indudable valor comercial que posteriormente fueron vendidas a particulares y empresas.
Por ejemplo, la primera entrega de casas Cema Chile se produjo en un sitio expropiado en Peñalolén a la familia Arrieta durante la Unidad Popular, posteriormente traspasado por el fisco a Cema Chile en 1982 mediante "cesión gratuita", como se lee en los registros del conservador respectivo. Éste fue el plan piloto y contempló 12 casas de madera pareadas, con una superficie construida de 46 metros cuadrados. Después aparecerían en La Bandera, Pudahuel, Recoleta, La Pintana y Renca.
Pero ésta no es la única irregularidad en esta actividad que involucró patrimonio fiscal. A los terrenos cedidos gratuitamente y al subsidio aportado para la construcción de las casas, se sumó después un "perdonazo" gubernamental de último minuto, contenido en el Decreto-Ley número 18.919, de 26 de enero de 1990, mediante el cual se concedieron condonaciones totales o parciales de "los saldos de precio adeudados por los beneficiarios de soluciones habitacionales o adquirentes de ellas, que hubieran sido adquiridas a través de Cema Chile".
En la mayoría de los casos, las casas eran entregadas completamente equipadas. "La mía traía una cama de dos plazas con sus dos veladores; en otra pieza había una cama de una plaza con un camarote, y en la tercera pieza había dos camarotes y una cama de una plaza. El baño venía con su media tina, tenía cálifont y una cocina de dos platos más lavaplatos. El comedor venía con una mesa y seis sillas", relata Gladys Quintana, de Pudahuel.
Igual equipamiento recibió Laura Sandoval. Ella contó a LND que se integró con sólo 17 años a un Cema cercano a la casa de su madre, en la población San Gregorio. Tras postular a estas viviendas y ser sometida a los informes sociales de rigor, obtuvo la casa que aún habita en La Bandera, comuna de San Ramón.
Ambas mujeres coinciden en señalar que los muebles eran "hechos en la misma mueblería de Cema". ¿Cuál mueblería? No saben. Mucho menos tienen idea de quiénes eran sus dueños y qué pasó con esa fábrica. Testimonios obtenidos en otras fuentes incluyen "una bodega de la constructora que estaba en la zona norte, por ahí por Conchalí o Huechuraba", pero nada más.
Otros testimonios hablan de una caravana de camiones de Cema Chile que acompañaban a la ex Primera Dama-como le gustaba que le dijeran- en cada gira que hacía a regiones. De acuerdo con esa versión, allí iba todo tipo de enseres, muebles, electrodomésticos y vestuario, que eran vendidos en los regimientos en cómodas cuotas mensuales que descontaban por planilla. Una fuente cercana a esos operativos -que colaboró con la institución en las décadas de los '70 y '80- señala que estos dineros no entraban a Cema Chile, sino directamente a los bolsillos de doña Lucía.
RENTABILIDAD POLÍTICA
El objetivo declarado de la entrega de casas amobladas era dar un vivienda digna a la gente pobre. Pero el no declarado, el que se escondía bajo la apariencia de una obra social desinteresada, era establecer una red poblacional de adherentes al régimen militar.
Es sorprendente la coincidencia entre los lugares donde se afincaron las villas de Cema Chile con los enclaves donde la UDI comenzó su trabajo en sectores populares.
No es casualidad que, por ejemplo, la sede electoral del diputado y secretario general de la UDI, Patricio Melero, esté ubicada a escasas dos cuadras de la Villa de Cema Chile de Pudahuel. "Él nos invitó una vez a conocer el Congreso. Acá tiene mucha gente conocida porque visitaba los centros de madres. El hombre se mueve bien y ayudó harto a la comunidad cuando fue alcalde", designado, por cierto, por el general Pinochet.
Una vuelta por las villas basta para darse cuenta de que la mayoría de sus habitantes adhería al régimen militar, "pero más bien en forma pasiva", aclaran ahora. Otros estaban sólo agradecidos por la casa y los menos, dicen, eran familiares de militares.
"Nosotros hacíamos lo que teníamos que hacer y aprovechamos el momento. No somos tontos. Yo nunca participé más que para sacar a la villa para arriba", dice Gladys Quintana, como excusándose. Ella era la socia número uno de un centro de madres en Chillán. Por eso, una vez instalada en Santiago, no le fue difícil insertarse y conseguir la ansiada casa propia.
Con la llegada de la democracia, las socias de Cema Chile comenzaron a perder contacto con la institución. En las villas se vivían entonces otras urgencias. Muchos de los esposos ligados al saliente Gobierno se quedaron sin trabajo y la fundación comenzó a cerrar sus puertas. Pero no sus cuentas bancarias.
Tras la estrepitosa derrota, algunos pobladores debieron pagar el costo de la molestia del poder. Gladys, por ejemplo, cuenta que "la señora Lucía nos regaló un horno y sus mismas colaboradoras nos lo quitaron poco después". Ahora, dice, se da cuenta que "el Cema se estaba pudriendo por dentro y le jugaron chueco. Era un negocio para ellas nomás".
Tampoco es casualidad que muchos hayan recibido sus casas antes del plebiscito y los títulos de dominio antes de las elecciones de 1989. ¿Un intento de presionarlos para que trabajaran por la candidatura de Hernán Büchi? Mal que mal, el hombre, ex ministro de Hacienda, era el encargado de sacar la cara por el régimen en las primeras elecciones presidenciales posgolpe de Estado.
En todo caso, más allá de los alcances políticos de esta historia, los policías que investigan los manejos financieros de la fundación se preguntan qué fue de las platas que recaudó el Cema con la venta de estas casas y con los otros negocios de doña Lucía. LND