“Esa noche todos decían: ‘¡Se pitearon al Mapa!’, y nadie cachaba quién era. El 11 es lo típico de todos los años. Para hacer la barricada se van juntando neumáticos botados que pedís en las bombas. Esa noche estaban los pacos cuidando el supermercado y empezamos a darles jugo como a las nueve”.
(Mauricio Prado, 17 años, desocupado)
“Había llevado la película ‘El crimen del padre Amaro’ para que la viéramos con Cristián, y le dije: ‘No vas a salir a huevear hoy’. Él se rió no más. Como no habíamos almorzado, salí a comprar algo como a las nueve y cuando llegué no estaba”.
(Boris Castillo, hermano de Cristián
Castillo Díaz)
“Los pacos estaban desde temprano cuidando el supermercado. Habían puesto unas barricadas, espantaban un poco y después se devolvían. Sólo protegen los negocios grandes. De los chicos ni se preocupan. Si el año pasado hasta había tanquetas”.
(Katherine Brito, 19 años, estudiante de secundaria)
NI AHÍ CON ALLENDE
“Como a las nueve y media empezaron a bajar los locos con los neumáticos a prenderlos y tirarles piedras a los pacos. Ellos reaccionaron con lacrimógenas y cuando venían nos arrancamos para la plaza. El guanaco subió como a las once, después de la micro y el zorrillo”.
(Mauricio Prado)
“Yo salgo el 11 a desquitarme con los pacos, porque durante todo el año, cachái, de repente uno está carreteando en la calle y llegan y te botan el copete, no te dejan tranquilo. De partida no pueden andar disparando, cacha que encontraron vainillas de nueve milímetros y los pacos eran los únicos que andaban disparando. De Allende, no sé, no estoy ni ahí con esa huevá, no sé; el loco se mató, y si se mató es huevá de él. De Pinochet, que se muera luego no más, para cambiar las monedas de 10 pesos”.
(Mauricio Prado Sandoval)
“Todos los 11 tengo que vigilar mi quiosco. Voy seduciendo a los niños, les hablo con cariño, me pongo en su onda. Los chiquillos son arriesgados y él era de los más osados. Estaba de los primeros frente a carabineros. Acá hay pocos lugares de expansión y mucha energía de los niños. Ni siquiera hay una multicancha”.
(Delfina Orellana, dueña del quiosco Las Parcelas)
“Por ser a mí, no estoy ni ahí con los que hayan muerto antes. La volá es que un puro día podís desquitarte de toda la presión que tenís. Protesto por mí, porque los pacos, cuando vai al estadio o estái conversando una chela en una plaza, llegan con la prepotencia mango, los locos no te preguntan y al toque al suelo. Y si no les hacís caso, si vos tenís tu mente y le pedís una respuesta, el loco, ¡pa!, su palo y al toque violencia”.
(Manuel Fuentes, 21 años, cesante)
SUENA UN BALAZO
“Pasada la una estábamos junto a la fogata batallando cuando sonó un tiro y se vio caer a alguien en la entrada de los mormones. El loco estaba mirando hacia abajo, se dio vuelta y, ¡pa!, le llegó el balazo y cayó. Yo estaba al lado del loco, lo miro y pienso que le llegó su gomazo, su balín, nada más. Después, el loco empezó a tambalearse como en un ataque epiléptico y ahí llegó otro loco a ayudarlo”.
(Miguel Barros, 18 años, estudiante de secundaria, grupo MPS, Mentes Perversas)
“De repente se pusieron a disparar, empezamos a arrancar y el loco como que se dio vuelta así y se fue al suelo, como que trató de pararse y se fue al suelo de nuevo, y ahí empezó así como que le estaba dando un ataque de epilepsia y unos locos gritaron ‘paren al loquito, que se cayó’. Entonces lo fuimos a parar. Estaba boca abajo tiritando. Lo dimos vuelta pensando que era un ataque de epilepsia. Le abrimos la boca para ponerle un pañuelo y de repente le vimos el chaleco con sangre. Le levantamos la polera y tenía un hoyo de bala”.
(Mauricio Prado)
“Le dijimos a los pacos que llamen a una ambulancia y los pacos decían: ‘Arréglenselas como ustedes puedan o tráiganlo para acá’. Pero ni cagando íbamos, era pa’ puro agarrarnos a todos”.
(Alejandro Loyola, 19 años, cesante)
“El paco se burlaba, decía ‘guaaaa, te maté al loco’, y vibraba, en serio, y terrible de cagado de la risa, para él fue un logro. Después de que mataron al loco, le llegó un balazo a otro en la pierna y el loco arrancaba y los pacos le gritaban ‘corrís como mujer’. Cacha, al otro día encontraron 36 casquillos de balas”.
(Manuel Fuentes)
PURO DOLOR
“Yo estaba escondido atrás de un quiosco, lo trajeron y te digo, en la dura, al loco no le salió sangre. Pensamos que era un balín y ahí uno le empezó a golpear el pecho. El loco no decía ni una palabra, no dijo nada, no podía hablar, el puro dolor que tenía adentro, como que trataba de hablar y miraba a todos”.
(Miguel Barrios)
“Vi cómo pasaban con el niño hacia arriba buscando teléfono. Me pedían, pero yo no tengo acá y les gritaba a los vecinos. No lo vi, pero la desesperación de los demás era grande. Había otros jóvenes baleados también en un pie o un brazo”.
(Delfina Orellana)
“Nosotros estábamos afuera mirando cómo los cabros corrían, nos guardábamos hasta que se tranquilizara un poco y después volvíamos a asomarnos afuera. Nos fumábamos un cigarrillo y mirábamos, y de repente llegan con un niño colgando, agarrado de piernas y manos, y nos piden llamar una ambulancia. El niño estaba botado en el suelo. Le llevé un chalón para taparlo y lo tapamos y lo miré, y dije: no, está muerto ya, y me corrí”.
(Andrea Estay, paramédico y vecina)
UN HOYO EN LA TETILLA
“Tenía un hoyo bajo la tetilla, nada de sangre. Un cabro me dijo: ‘Ahí fue la bala, tío’, y le subí el polerón y se veía un hoyo, la carne vivita, nada de sangre corriendo. Se movía un poco. Le tomamos el pulso en el cuello, porque en los brazos ya no tenía. En un momento ya como que no tenía nada y estaba helado”.
(Ricardo Farías, esposo de Estay)
“Después de que arrastran al niño hasta la calle del Alto, aparece en Las Parcelas una camioneta Chevrolet, de la que se bajan tipos de civil con armamento en la mano, apuntando a quienes estamos ahí. A algunos adolescentes les pegan cachazos y palmazos y disparan en 180 grados hacia la turba donde está el niño, justo cuando llega la ambulancia. Les digo que hay un niño herido y dejan de disparar luego de ver la ambulancia. En ese momento les tomo una foto”.
(Gabriel Cifuentes, reportero gráfico del periódico “Cordillera”)
“Estábamos con orden de no arriesgarnos, pero como estaba cerca fuimos y llegamos donde el cabro. No soy médico, pero ya estaba muerto. Mientras lo recogíamos de Las Parcelas, nos tiraron cuatro tiros. El camillero dijo que si seguían, nos íbamos. Con el cabro arriba, lo único que queríamos era salir de ahí. De vuelta hasta pasamos por encima de unas barricadas”.
(Alex Vásquez, chofer de ambulancia)
“Cuando llegó la ambulancia, la camioneta gris con los civiles disparaba hacia acá. Si uno corría, le llegaba su balazo”.
(Manuel Fuentes)
“El chico llegó fallecido acá 25 para las dos. La herida era de una arma de fuego penetrante en el corazón y se le hizo resucitación básica y avanzada, pero no hubo caso. Yo recién había llegado del consultorio de Ictinos, ese que saquearon; estaba choqueada, fue terrible. Se veía de buen aspecto, no como los típicos cabros que andan protestando aunque andaba en ésa, porque sus manos estaban llenas de hollín”.
(Loreto Muñoz, paramédico)
AL LOCO LO MATARON
“No había alcanzado a tirarles ninguna piedra cuando me detuvieron. Me bajaron hasta el supermercado y uno me iba apuntando con la punta de la pistola. Me decían: ‘Querís que te pegue un balazo, huevón, querís que te pegue un balazo’, mientras me pegaba. Me decían: ‘A ver si les van a quedar ganas de seguir hueveando’. Después llegó una camioneta gris doble cabina, nos subieron atrás. Eran pacos de civil. Iba con nosotros un niñito de 12 años y los miraba a los ojos y, ¡pa!, ‘no me mirís’, le decían y le pegaban con la luma. De la camioneta disparaban, los caché en Grecia. Cuando pasamos cerca de unos cabros protestando, los pacos dispararon. No cacho si al aire, porque ni los miraba. Me quedó un pito en el oído”.
(David Rodríguez, 16 años, estudiante)
“A las dos de la mañana un amigo de Cristián me fue a avisar que lo habían matado. ‘No, no puede ser, es una broma’, y me muestra el polerón con sangre y el hoyo de la bala”.
(Boris Castillo)
“Cuando constataba lesiones en el consultorio, un paco nos dijo que diéramos gracias de que no estábamos en el box del lado. Había un cuerpo que se veía por el reflejo de la ventana con un paño blanco amarrado a la cabeza. Después me asomé y lo habían tapado”.
(David Rodríguez)
“Un cuarto para las tres me llama por teléfono mi hija y me dice que mataron al Cristián. Nos levantamos desesperados y nos fuimos haciéndole el quite a las fogatas que había en Grecia. Llegamos al consultorio y me hicieron pasar al box y ahí el cuerpo de mi nieto estaba cubierto por una sábana hasta el cuello. Me acerqué a él, lo tomé, lo levanté, lo apreté y lo besé. Ahí me fijé en el orificio de la bala y era como juntar el dedo índice con el pulgar”.
(Emiliano Díaz, abuelode Cristián Castillo)
“Yo no voy a dejar que cometan asesinatos. Era un niño. Hay cosas raras. A mi yerno le llegó una carta de Carabineros que dice que la bala era de nueve milímetros, que a las 4:40 horas fue muerto mi nieto y piden al fiscal orden de investigar a la Sección de Investigaciones Policiales de Carabineros. Es raro, porque el fiscal sólo ha autorizado a Investigaciones a realizar las pericias. El balazo fue muy certero. Fue hecho por un profesional. Cualquier arma, sobre todo las hechizas, no dejan ese tipo de forados”.
(Emiliano Díaz)
“Apuesto que la muerte del Mapa va a quedar en el olvido. Van a decir que al loco lo mataron en un 11 de septiembre por andar protestando y por ser vándalo. Ahí va a quedar, te lo aseguro”.
(Manuel Fuentes) LND