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Pistoleros a sueldo (mínimo)

Pistoleros a sueldo (mínimo)

La historia no contada de los verdaderos patrones, las humillantes condiciones de trabajo, los peligros que les esperan en Irak y el pasado oculto de los instructores. Los aspirantes a combatir en guerra ajena pueden quedarse sin disparar a nadie.

Domingo 25 de septiembre de 2005

Darío Bermúdez

El domingo 18, el matutino hondureño "La Tribuna" lo denunció en portada: 120 ex militares chilenos recibían el entrenamiento previo a su traslado a Irak contratados como "guardias privados". La compañía hondureña Your Solution Inc (YSI), regentada por altos oficiales retirados de aquel país, realizaba adiestramiento militar a mercenarios extranjeros en el pueblo de Lepaterique, cerca de Tegucigalpa.

La revelación, recogida por la prensa chilena y mundial, provocó un terremoto. El Gobierno hondureño, que había brindado previamente todo tipo de facilidades para la operación de la compañía (designando incluso al viceministro del Trabajo, Áfrico Madrid, como intermediario oficial), se declaró sorprendido y la Dirección de Migración dictó un ultimátum de expulsión. Simultáneamente, se impidió el arribo desde San José de Costa Rica de otra partida de 48 chilenos que se aprestaban a recibir el curso.

TERRITORIO DE MERCENARIOS

Las instalaciones de Lepaterique sirvieron durante los años '80 de base al temido Batallón 316, el puño represivo de los militares hondureños. Allí se escribieron varias de las páginas más oscuras de la guerra sucia en Centroamérica, páginas donde la presencia de extranjeros con funciones militares cumplió un rol central. Hasta allí llegaron clandestinamente entre 1979 y 1980 decenas de militares argentinos, miembros del Grupo de Tareas Exteriores (Batallón de Inteligencia 601), quienes, en conjunto con personal de la CIA, cumplieron por años dos misiones delicadas: constituir el grupo militar hondureño que se haría cargo de centralizar las tareas de represión política, adiestrándolos, entre otras materias, en técnicas de tortura (Torturer's confessions, "The Baltimore Sun", 13/6/05) y desplegar desde Honduras la red de soporte logístico y organizativo de la "Contra" nicaragüense para desestabilizar al Gobierno sandinista.

Mientras todo esto sucedía, la supervisión directa recaía en el hombre al que los comandantes "contras" se referían como "The Boss" (El Jefe): el embajador estadounidense en Honduras, John Negroponte, el mismo diplomático que desde el 2004 ocupa la estratégica cabecera de la Embajada en Bagdad y que influye determinantemente en la elección de las empresas de seguridad privada contratadas por su Gobierno para actuar en Irak.

EL NEGOCIO DE LA GUERRA

Lo que nos lleva a Triple Canopy. ¿Por qué? Porque la ahora famosa compañía Your Solution Inc no es más que una subcontratista local cuya tarea se restringe a convocar y seleccionar a los potenciales "guardias de seguridad" latinoamericanos que trabajarán en Irak para una de las empresas de seguridad privada estadounidense más importantes del sector: Triple Canopy (TC), que sólo este año se ha adjudicado 250 millones de dólares para sus operaciones en Irak.

TC, fundada recién a finales de 2003, tiene una historia meteórica y experiencia limitada a Irak. Pese a ello, el pasado 16 de julio recibió, junto a dos competidoras de vasta trayectoria (DynCorp y Blackwater), el anuncio oficial que les adjudica mil millones de dólares del Departamento de Estado por cinco años para custodiar instalaciones y personal diplomático en los 27 destinos de mayor riesgo alrededor del mundo.

La industria mercenaria, al amparo del giro en la política militar estadounidense, que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ha impulsado procesos de ocupación en países como Afganistán e Irak, ha vivido un auge sin precedentes. Su "negocio", que florece merced a inmensas partidas presupuestarias fiscales, es estratégicamente indispensable. Suplen las limitaciones de tamaño de la fuerza de combate, sin las dificultades burocráticas y políticas que supone desplazar contingentes convencionales.

La cuidada semántica con la que se autodefinen, compañías de seguridad privada (CPS), no es más que un recurso cosmético. El propio general estadounidense que encabezó el primer Gobierno de ocupación, Jay Garner, es categórico. En declaraciones al NYT afirmó sin ambages que las CPS "sin duda cumplen un rol militar". Para mayor claridad, quien fuera jefe de operaciones de la autoridad provisional de la coalición, Andrew Bearpark, al explicar por qué se contrataba a empresas como TC, confesaba con candidez: "Porque los militares eran incapaces de proveernos efectivos en la cantidad que necesitábamos" (The other Army, NYT, 14/8/05).

¿La consecuencia? Fuentes responsables estiman que al menos el 16% del personal extranjero armado que opera en Irak al servicio de la coalición encabezada por Estados Unidos es privado. Veinticinco mil personas, un verdadero ejército a sueldo; sueldos, eso sí, con muchas diferencias.

CHILENOS BARATOS

TC, a través de YSI, y ésta, a su vez, de la chilena Fires Field, ofrece a los mercenarios chilenos salarios que van de los 900 a los 1.300 dólares al mes. Resulta sin duda un anzuelo apetecible. Tanto que en las reuniones de enganche que se realizaron, indistintamente, en Viña del Mar y en el Hotel Los Nogales, de Providencia, la asistencia desbordó las expectativas.

El problema surge al comparar con los ingresos que la misma compañía, por las idénticas labores, brinda a sus empleados estadounidenses, a los que paga entre 400 y 700 dólares por día. Las diferencias no terminan ahí. Mientras los chilenos y hondureños comprometen su permanencia por un año, sus colegas norteamericanos operan sólo por tres meses, tras lo cual, a costo de TC, viajan por un mes a descansar a sus ciudades de origen y luego, si así lo desean, vuelven a Irak por otro período de tres meses.

Las diferencias no terminan allí. Mientras los latinoamericanos duermen en barracas colectivas, la empresa brinda a sus empleados estadounidenses habitaciones privadas. Incluso más, según reportes de ex soldados salvadoreños que vivieron la experiencia en Bagdad, pese a contar con un bar, en el campamento el consumo de bebidas alcohólicas está reservado a los efectivos "occidentales".

PELIGRO DE MUERTE

Hay, por cierto, quienes están dispuestos a sobrellevar estas humillantes condiciones. Pero así como estas prácticas segregadoras son habitualmente omitidas por los enganchadores, también se escamotean los datos reales sobre los riesgos que estos guardias/soldados correrán en Irak. Pocas veces se dice que salvo las fuerzas regulares de Estados Unidos (1.910 bajas), el contingente de contratistas privados ha sufrido más bajas que cualquiera de los otros 26 países que constituyen la coalición ocupante. Hasta ayer: 268 personas. Los últimos, el 7 de septiembre en una ruta cerca de Basora. Cuatro empleados armados de la misma Triple Canopy murieron al estallar una bomba al paso de su vehículo.

Esta misma opacidad encubre el dato de que tan sólo entre enero y agosto de 2004 los equipos de TC fueron atacados con fuego, hasta por 24 horas seguidas, en 40 ocasiones. Un vocero de la empresa reconoció que este listado era insuficiente y que los episodios reales multiplicaban la cifra hasta ocho veces.

La cobertura pública que desde el pasado domingo se ha prodigado al grupo de chilenos detectados en Lepaterique ha servido de marco para la defensa apasionada que de su actividad han realizado los empresarios involucrados en la operación. Ellos han reiterado hasta la saciedad que, salvo pequeños detalles migratorios, realizan un negocio transparente. Incluso una labor social, porque brindan oportunidades de trabajo bien remuneradas a latinoamericanos que no podrían de otra forma asegurarse un sustento similar.

PASADO SINIESTRO

En esta ofensiva ante los medios también se han dejado escuchar, en plena sintonía, voces chilenas. En Honduras, la más protagónica ha sido la del suboficial en retiro de la Infantería de Marina Óscar Aspe, instructor del destacamento.

Aspe no es un advenedizo en la materia. Fue parte activa del equipo que operó el año pasado en Chile bajo las órdenes de José Miguel Pizarro (Red Táctica). Un grupo que realizó el llamado a enrolamiento a través de los diarios y que llegó incluso a ocupar para sus labores las instalaciones del Fuerte Aguayo, sede de la Infantería de Marina en Concón. En esa ocasión, al escándalo siguió una serie de querellas (impulsadas por los diputados Alejandro Navarro y Antonio Leal), y Pizarro, junto a los suyos, optaron por emigrar. Aspe también.

Pero aquél no es el único incidente en Chile donde queda registro de este instructor. Su nombre también resuena en la memoria de la noche del 31 de agosto de 1989. Esa madrugada formó parte de un grupo que sigilosamente rodeó la casa número 7 de la calle Latorre en el cerro Yungay de Valparaíso. En su interior, desprevenido, dormía Marcelo Barrios Andrade (21 años, estudiante de pedagogía), segundo jefe de zona del FPMR.

Aspe era parte, junto al capitán de corbeta Sergio Schiffelle Kirby, el sargento primero Jorge Figueroa, los cabos Silverio Fierro y Luis Ceballos, más 18 marinos, de la partida de asalto que pretendía, presuntamente, cumplir la orden de detención que contra Barrios había dictado el fiscal naval de Valparaíso, Miguel Ángel Barra.

Pero Aspe y sus numerosos acompañantes no detuvieron a nadie. De sus acciones quedó el testimonio de las decenas de proyectiles que cruzaron el cuerpo de Barrios y la huella de cerca de 500 tiros en las ruinas de la casa.

Marcelo Barrios engrosa hoy la lista de ejecutados políticos consignada en el Informe Rettig y Aspe figura entre los victimarios aludidos por el Informe de la Comisión Ética contra la Tortura 2001. En aquel entonces, el juez civil que vio el caso se declaró incompetente y poco después la Fiscalía Naval cerró la investigación sin imputar responsabilidades.

Hoy, Aspe es una pieza más del engranaje que hace funcionar la curiosa e impune maquinaria que engancha chilenos mercenarios para guerras ajenas. Una maquinaria cruzada de sombras, riesgos y humillaciones que tiene por objetivo poner a disposición de los intereses militares de Estados Unidos en Irak mano de obra latinoamericana barata.

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