A Romina, perdón por la tristeza.
A Kanatrán, por convertirme al sabinismo.
A Pingeles, por el sexo pixelado.
A culito de oro, por las despedidas.
Fue un sábado gris como los pensamientos de un suicida cuando el editor de cultura del periódico electrónico “Primera Línea” llegó con un minicomponente Sony a la redacción. Luego del almuerzo con risa y sueños rotos compartidos, Julio César Rodríguez se instaló en su cubículo y puso un disco. En segundos el espacio se llenó de la voz aguardentosa de Joaquín Sabina (56 años). En silencio escuché “Contigo”. Paré de escribir y me puse al lado de Julio, que en ese entonces, sólo era Julio y no JC, ni opinólogo. Me miró desde la profundidad de su abrigo negro y me dijo: “Ojo, que Sabina es un grande”.
“Y morirme contigo si te matas. / Y matarme contigo si te mueres...”, punzó la herida crónica que llevamos en el corazón los devotos del flaco de Úbeda. Rápidamente conseguí el disco “Diecinueve días y quinientas noches” y me convertí al sabinismo, una hermandad de borrachos, putas corazón de oro, náufragos de bar, solitarios y enamorados sin esperanzas.
Ahora lo tengo al teléfono. Ríe, putea y se amarga. Asegura que viene a Chile a pagar “la deuda” con sus fieles chilenos.
Esta conversación debería ser en un bar, whisky y canutitos mediante, coin-cidimos con el flaco. Pese a que ya no vive entre la cirrosis y la sobredosis desde aquel agosto de 2001, cuando un infarto cerebral le dio el susto de su vida. Ahora, luego de un silencio de tres años desde su disco anterior, “Dímelo en la calle” (2002), vuelve con otro de 13 canciones que cuentan lo jodido que estuvo durante tres años de depresión. Con la febril honestidad de un condenado a muerte que le escribe a su amada, aunque afuera la amada sea follada por un pez. Con ustedes, la euforia del cantautor más triste y lúcido del idioma castellano.
-Vuelves al ruedo con “Alivio de luto”, saliste a flote luego del infarto y de la depresión y en el video promocional vuelves a reír...
-Estoy muy bien. Para el nuevo disco entregué 27 canciones y han salido 13. Esto es una lástima porque dentro de las que quedaron fuera hay un homenaje a Violeta Parra, que se llama “Violetas para Violeta”; imagino que saldrá el año que viene.
-¿Cuál es tu vínculo con la cantautora?
-La admiro porque era una trovadora popular que usaba modos de rima clásicos, como la décima. La admiro por su vida, por su trayectoria, por su locura, por su disparatada existencia, por su humildad sonora y porque le hicieron muy poco caso…
-“Estoy dispuesto a dejar de escribir en el preciso instante en que encuentre a alguien a quien abrazar”, dijiste hace años. Supongo que no has encontrado, pues sigues tecleando...
-He estado tres años con una depresión que iba y venía, sin ninguna gana de hacer discos ni subir al escenario. Y los he aprovechado para escribir. Escribí 100 sonetos pensando mucho en Violeta; también escribo en una revista todas las semanas una sección que se llama “Coplas satíricas”. Pero de pronto empecé a escribir canciones y a sacar cosas del cajón y vi que la depresión -algo tan injusto y arbitrario, que viene cuando ella quiere y se va cuando ella quiere- ya no estaba. La puta se fue hace nueve meses y ahora estoy eufórico por volver a subir las escaleras de un escenario.
-El disco abre con “Pájaros de Portugal”, una historia de dos adolescentes que se van a conocer el mar sin avisar a nadie. Pero cuando la policía los encuentra, ellos dicen que el mar era mejor en la tele...
-La historia de estos chicos la leí en los periódicos. Cuando les preguntaron que les había parecido el mar, respondieron que era mejor en la tele. Eso me pareció una metáfora atroz de lo que está sucediendo. La televisión es la peor educadora de la juventud. Les proponen unos modelos sociales que son impresentables. Me parece un cáncer. Estamos viviendo momentos muy peligrosos porque la manipulación contra la inteligencia a favor del analfabetismo, de la nada y de la frivolidad más imbécil es muy grave. Hay una guerra feroz contra la inteligencia. Hay que leer la primera página de los periódicos o ver dos minutos de tele al día para ver la tremenda y sangrienta estafa a la que estamos sometidos.
DOSIS VENENOSA
Hace años, Joaquín se tatuó en las membranas del corazón una frase del escritor Francis Fitzgerald, que dice: “Hablo con la autoridad que me da el fracaso”. Y como es un lector compulsivo, en su dieta literaria no faltan César Vallejo ni lo mejor de Neruda. En cuanto a sus libros, todo está bajo control. “Tengo en las puertas de la imprenta un libro que llevo haciendo hace años. Se trata de un epistolario en verso donde le escribo a mis corresponsales (Silvio Rodríguez, Ángel González, el subcomandante Marcos), en eso me he ido divirtiendo. También está en talleres un libro de conversaciones con el autor de una biografía mía, Javier Menéndez Flores. Con él nos fuimos al campo a charlar por cuatro días…
-En una entrevista a la revista “Rolling Stone” del año 2000 decías “una copita, un canutito y una rayita te ponen en un estado mucho mejor”. ¿Cuál es tu relación actual con los paraísos artificiales?
-Sigo con la copita y el canutito. La nariz sólo me sirve para respirar.
-A propósito de la isquemia que te tuvo con una pierna en el cajón, Chabela Vargas dice “que cuando ves los ojos de la pelona, follar es lo que debería hacerse”. El chileno Roberto Bolaño también decía “follar es lo único que quieren los condenados a muerte y los enfermos...”.
-Tienen razón. Ahora me cuido sin fundamentalismos. Me cuido sólo hasta el punto en que la vida siga mereciendo la pena. No me voy a pasar al lado de la salud ni del deporte, ni del condón…
TUS CADERAS, NO TU CORAZÓN
Casi todas las canciones de Sabina remiten a las deliciosas y traicioneras hembras. El flaco sabe de sobra que “hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia”, mujeres que se han ido antes de llegar.
-Has escrito “Me trajeron hasta aquí tus caderas, no tu corazón”. El escritor Francisco Umbral decía que las mujeres son un sacerdocio, ¿cómo te va hoy con las hembras?
-Para mí, la mujer es un culto. Me quedo estupefacto siempre y ya no sé si llamarlas mujeres. Para mí, son lo diferente, lo otro, el misterio. Ni siquiera son un complemento porque no me complementan para nada, al contrario. Son el enemigo, un enemigo hermosísimo y completamente desconocido. Ojalá hubiera más géneros, pero sólo hay dos…bueno dicen que hay más (risas).
-El mundo está lleno de hombres sufriendo en bares por amores imposibles. ¿Tienes algún consejo contra la desesperación?
-Sólo uno: que en vez de gastar dinero en siquiatras escribas… Por lo demás, no puedo darte mayores esperanzas.
-¿Sigue siendo tu utopía vivir en un barquito con todas las novias de tu vida?
-Sí, completamente. Por eso procuro llevarme bien con todas. ¿Cómo uno va arrancar de cuajo un pedazo de su alma? Hasta ahora me va saliendo más o menos bien, con alguna excepción. Uno lo que quisiera es irse en ese barco no sólo con las mujeres, sino con los amigos queridos, con unas botellas de whisky, unos canutitos, cuatro o cinco discos y cien libros.
-Joan Manuel Serrat, a quien has llamado faro, ha salido victorioso de una lucha contra un cáncer y viene a Chile a fin de año. ¿Cómo viviste su enfermedad?
-A mí me pasó algo no demasiado grave con la isquemia. Estuve tres años sin subirme al escenario y tuve que apacentar una depresión. Sin embargo, a mi primo el Nano, el maestro Serrat, le ha pasado algo muchísimo más grave y nos ha vuelto a dar a los amigos y al público una lección increíble. A la semana de una operación feroz ya estaba de nuevo sobre el escenario. Te aseguro que siempre que nos vemos nos cagamos de risa. Es imposible tener piedad. Lo único que tienes que hacer es mirarlo y aprender de su ejemplo.
“UN BAR NO PUEDE LLEVAR MI NOMBRE”
-La última vez que viniste a Chile ocurrían los atentados de Atocha. ¿Cuál es tu relación con este país?
-Tengo una relación muy literaria y sentimental que pasa por “España en el corazón”, de Neruda, con la experiencia de la Unidad Popular, con los exiliados chilenos que conocí en mi exilio en Londres. (N. de la R.: En 1970, un revolucionario Sabina puso junto a unos amigos un cóctel molotov en un banco. La policía averiguó su identidad y los militares, que querían enlistarlo, lo obligaron a huir a Gran Bretaña). Pero mi relación personal no es la que yo he querido. He estado dos o tres veces en programas de TV, o cantando, pero nunca dando un concierto de los que a mí me gustan. Ahora voy a intentar en serio eliminar esa distancia.
-Hace poco, en un bar llamado El Papalote instauraron las noches de Sabina. Los días martes, distintos trovadores hacían tus canciones. Fue un éxito total y ampliaron las noches de martes a sábado.
-Ja... al menos me dejan el domingo.
-Y ahora el lugar se llama El Bar de Sabina.
-No me digas, coño… con lo que me gustan los bares, pero uno no puede ir a un bar que lleve su nombre.
-Aquí hay un culto importante al sabinismo…
-Un culto laico, ¿no?
-Laico y pagano.
-Ahhh, entonces está muy bien. Bueno, me emociona mucho porque nunca he tenido una presencia real en los escenarios chilenos.
En pocos días, Joaquín viaja a Buenos Aires a participar en el programa de Diego Armando Maradona. “De ahí nos pasamos a Chile a presentar el disco. A cantar tenemos serios planes de ir en enero o febrero del 2006”, confiesa.
El tiempo se acaba. El hombre del sello que propició la entrevista me hace gestos para que corte. Sabina se despide eufórico. Mientras llega, envenenémonos con los besos que vamos dando y escuchemos sus canciones, que, pese a la tristeza, nos recuerdan que hay 100 motivos para no cortarse las venas de un tajo. Elija el lector de LCD la que le plazca. Yo me quedo con estás líneas: “Vamos, nena, quédate. No sé cuánto durará esto, pero ten por seguro que al otro lado de esa puerta tan sólo encontrarás confusión y frío”.