
Inicio » Cultura y Entretención
Jueves 29 de septiembre de 2005
Juan Carlos Ramírez
Un pequeño río atraviesa la muralla que separa dos salas de clases. Como los que se forman en la calle tras una noche de lluvia. Pero no es agua precisamente lo que contiene. Es la orina -perfecta mezcla de miedo y placer- de dos colegiales, estancándose entre sus uniformes y el piso. Francisco Dussourd (24 años, escultor) y Alejandro Soto (23 años, diseñador gráfico) interrumpen la escena y explican que esto no es lo importante. Lo básico en "Excelencia Académica, Disciplina y Elegancia"- exposición que se inaugurará este viernes en el Centro Cultural de España (Providencia 927)- es demostrar cómo el alma de las instituciones se comunica principalmente en el orden y lujo del uniforme. Y cómo la identidad de quienes los usan es despojada y luego se desborda a través del terror y el éxtasis, provocado por la presencia del profesor y materializado en este fluido. "Son los niños entrenados para ser estrellas, donde los valores se imponen a través del castigo y los detalles en la ropa. Nosotros exageramos la idea usando el brocato y satín", explica Soto.
¿The Wall hecho en Chile? Podría ser, aunque ellos manejan un idioma distinto al de las guitarras de Rogers Waters. "Usamos el concepto de hipersemantización de las entidades educaciones. Es decir, cómo los colegios demuestran lo que son a través de los detalles del vestir. Todos los valores que dicen representar están contenidos en la perfección del uniforme", sostiene Dussourd. El acuerdo tácito de dejar de ser personas para volvernos átomos al servicio del estandarte del colegio.
Así, en la primera sala encontraremos el maniquí de una niña de 5 años, con la insignia -que recuerda el águila nazi- tatuada en su calzón y orinada. A su lado hay una regla, que asociamos inmediatamente al castigo. Separada por un muro, en la otra, el líquido rodea un televisor que exhibe a un adolescente presionado por su profesora de violín. Soto se detiene en la perversidad de la relación maestro-pupilo, porque si bien infunden disciplina también se genera un vínculo afectivo, en plena etapa del despertar sexual. "El castigo haría que toda esta represión sea contenida, que nunca estalle. Y otra cosa, no solamente puede ser pichí, también es el semen, la saliva y los fluidos vaginales".
QUITÉMONOS LAS CORBATAS
Aclaremos: esto no es una crítica al sistema educacional. Es otra vuelta de tuerca al eterno problema de las vidas atomizadas. Cuando nos volvemos autómatas al servicio de reglas que seguimos solamente porque están en el guión de la vida: estudiar, trabajar, casarse, buscar un cementerio parque. Ellos están de acuerdo en que la ropa uniformada simboliza todo eso. Y que el colegio, es el principio de todo. Es el imaginario del escolar que están representando, y nosotros vemos, el momento exacto en que la represión, de la que se hablaba anteriormente, estalla en el suelo.
"Si caminas por la calle, verás que la muestra más evidente de como las instituciones despersonalizan a las personas, son los uniformes de colegio: están en todos partes", dice Dussourd. Esta inquietud los persiguió durante algunos meses, hasta que la pareja de artistas pudo concretar la instalación. Y son el castigo, la represión, la contención y la elegancia al vestir las claves por las que transita la obra. Cómo los símbolos con que los colegios se diferencian entre sí, son más importantes que la identidad del alumno. Y como son una barrera que tarde o temprano se rompe, porque la humanidad se cansa de las ordenes y reglas.
ESTO Sí QUE ES ARTE
"Excelencia Académica", que también integra fotografía, escultura y video, fue premiada con un Fondart este año, aunque por el momento sólo piensan mantenerla en la sala de Providencia. "Más que exhibir al escolar como víctima, lo que hacemos es mostrar la forma en que el uniforme escolar intenta instaurarse como traba de las identidad del que lo usa, pero al final, ocurre que el ser humano, por naturaleza, desborda estas barreras", señala Soto.
Después de todo, somos humanos y por más corbatas, jumpers, vestones, zapatos lustrados e insignias que nos obliguen a usar; uno siempre termina rebelándose ante eso. No es tan importante la forma sino el sentido de este desahogo.
Inspirados en la última frase de una canción de la banda española Nosoträsh ("esto sí que es arte"), la pareja de artistas subió a la red un sitio donde se complementan sus ideas en torno a esta instalación: http://www.estosiqueesarte.cl. Allí podemos encontrar el modelo de la insignia, los colegiales que se orinan, el infaltable blog y el marco teórico de la muestra.
Ajenos a todo esto, la niña de 5 años sigue sentada al lado de la regla, esperando su castigo. Y el adolescente sigue obsesionado por aprender a tocar el instrumento y la mirada de la profesora. The Wall en pleno Providencia.