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El niño-genio que podría emular a Iván Morovic

A su corta edad ya ostenta numerosos triunfos y se para de igual a igual con chicos que lo superan en edad. Para quienes lo conocen, llegará a ser el rey de los tableros en nuestro país.

Lunes 3 de octubre de 2005

El pequeño Cristóbal Henríquez (9 años), disputa la tercera ronda de un campeonato de ajedrez en la estación del metro Puente Cal y Canto. Lo acompañan sus hermanos, Óscar (16) y Patricia (12).

Mientras el actual campeón de Chile en su categoría disputa una partida ante Luis Rojas (15), representante del Liceo José Victorino Lastarria y campeón de la comuna de Pedro Aguirre Cerda, me pregunto dónde están los papás de Cristóbal.

Al cabo de unos minutos, una mujer se acerca a un costado del tablero gigante y le consulto si es la madre del menudo niño que mueve las piezas, pero me aclara con su rostro compungido, que no. ¿Y dónde están?, le digo; Amelia, responde: "No tiene mamá. Murió hace dos años de cáncer y su papá está trabajando", aclara.

Cristóbal es una criatura frágil, cándida, de mirada atenta e inocente. Mientras toma las piezas del tablero gigante en el subterráneo del metro, el niño-genio es admirado por casi un centenar de curiosos que no entienden del todo lo que ahí sucede. Muchos, incluso, se preguntan por qué es tanta la diferencia entre él y su contendor. También dejan escapar un dejo de lástima por el niño, que a duras penas mueve peones, alfiles, caballos, reina y rey, piezas que miden casi un metro y pesan alrededor de un kilo y medio.

Quien supervisa el evento deportivo es Cristóbal Torres, 18 años de edad, Maestro Internacional de Ajedrez, campeón Panamericano en Bogotá, Colombia, el 2003, e incansable promotor de este deporte.

Respecto a la nueva modalidad de juego, Torres señala que "es primera vez que se hace en Chile. Se juega en un tablero gigante y con piezas más grandes de lo habitual, el resto es igual a como se conoce. Queremos borrar ese mito que dice que el ajedrez debe jugarse entre cuatro paredes y en absoluto silencio. Acá está la prueba que se puede variar", apunta.

A medida que pasan los minutos, el pequeño Cristóbal sigue jugando su partida; piensa con manos en los bolsillos, luego se cruza de brazos y de vez en cuando se mira con el Maestro Torres, nada parece importarle, menos lo que ocurre a su alrededor.

Amelia, que hace un rato se identifica como tía del pequeño, me cuenta que Cristóbal es un niño normal. Corre, juega, y hace maldades igual que el resto. En tanto que Óscar, hermano, enfatiza que "pese a los problemas que hemos tenido por el fallecimiento de nuestra madre, Cristóbal ha sido súper maduro y por suerte no se ha visto tan afectado como pensábamos. Ha tenido que pararse y seguir adelante con el dolor que significa perder a un familiar", apunta.

Ha pasado más de media hora y por los parlantes se anuncia el término del partido. El ganador, quien hizo jaque mate, no fue otro que el pequeño Cristóbal Henríquez. El público presente se muestra asombrado por la diferencia de edad que hay entre los deportistas y no dudan en brindarle un fuerte aplauso al campeón chileno de ajedrez. Un "genio" de 9 años de edad que, según muchos de los que conocen su potencial, podría llegar a emular al mismísimo Iván Morovic. LN

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