Fuguet es un gran observador, es un bibliómano, un cinéfilo y un melómano. Entran dudas de si es un (buen) director; por lo menos, a su primera película, “Se arrienda”, le falta oficio. Vea cartelara de cine
Fuguet tiene dos buenos libros: “Primera parte y “Las películas de mi vida”. Ambos una recopilación de ese género corto y expresivo que es la columna de opinión, que si se sabe escribir y si se sabe leer puede ser tan exquisito como un vaso de agua en el desierto.
En ese estilo, Fuguet sabe cómo decir las cosas. Su talento radica en una pluma ágil que no deja respiro para una coma, fijarse en esos detalles marginales y reivindicar ciertas fijaciones cinéfilas pernas de culto. No en la reflexión intelectual o en el pensamiento imbricado. Es decir, un gran amigo de aquellos que saben mucho de algo o se estremecen encontrando la última película de un director desconocido, placeres culpables, pero placeres al fin y al cabo. Una forma de escribir y de leer que es tan rápida, asesina y reivindicadora como una buena metáfora.
Fuguet es un gran observador, es un bibliómano, un cinéfilo y un melómano. Entran dudas de si es un (buen) director; por lo menos, a su primera película, “Se arrienda”, le falta oficio. Es, sin embargo, a todas luces una ópera prima de alguien a quien le gusta mucho el cine, pero la técnica y el ritmo no se aprende viendo muchas películas, sino haciéndolas. En el film está el Fuguet que hemos leído, el que tiene temas que contar, el que relata su historia íntima y la de una generación como quien te habla por teléfono, despreocupado y potente.
Pero ésta es una película y no una nueva novela; a pesar de que en ella es reconocible la literatura Fuguet, es casi imposible observar una cinematografía propia. Porque lo que funciona para el papel no funciona necesariamente para el celuloide. Y ese es uno de los principales escollos de “Se arrienda”: diálogos largos, escenas innecesarias y otras inverosímiles, un tono grandilocuente como frase final. Problemas que no serían tal si se escribieran, porque la narrativa permite una explicación, un redondeo, un punto suspensivo.
Sin embargo, hace un tiempo, en la revista “El Sábado”, Fuguet escribía “El futuro tiene la gracia de no tener pasado”. “Se arrienda” tiene cara de querer comenzar otra forma de contar historias. Ambas, literatura y cine, son fundamentalmente eso, sólo que, tal como decía en esa revista, escribir es un trabajo de estar sentado y dirigir es estar de pie. Fuguet se paró, primer paso, el resto es un oficio que se ensaya. Si muchos críticos no han entrado al cine por la puerta angosta es porque el análisis es una forma de parálisis si se cae en sus lógicas. “Se arrienda” es en parte esa necesidad de regurgitar todo lo visto, leído y escuchado, el material está, y la práctica hace al maestro.