ANDY WARHOL LLEGA A CHILE
Se avergonzaba de su infancia pobre. Decía que su grabadora portátil era su esposa. Pintaba sobre la orina diabética de un ayudante y grababa la cara de éxtasis durante una felación para pasarla en pantalla grande. Uno de los instigadores de la revolución de los sesenta y padre del Pop-Art llega esta semana al país con más de 200 obras. Acá, la vida del hombre que terminó con la modernidad.
“Si quiere saber todo sobre Andy Warhol, sólo mire la superficie de mis pinturas, mis películas y a mí, y ahí estoy. No hay nada detrás de eso”. Andy Warhol.
Como decía el escritor J.G Ballard, para entender quien fue Andy Warhol, hay que imaginarse a Walt Disney bajo el efecto de las anfetaminas. Sus mayores virtudes pasaron por sus exitosas apologías al consumo masivo y la reproducción en serie de la cultura de masas que nacía en la década del cuarenta, junto a las aspiradoras, la televisión y la hiper publicidad.
Muerto hace ya 18 años, los quince minutos de fama de los que tanto hablaba, siguen aún estirándose como un pegajoso y rosado chicle. Tanto así que este jueves 13 de octubre llega a Chile una exposición que incluye 200 trabajos, entre los que se encuentran seriografías, fotografías, documentos y películas, entre los que se podrán ver las latas de sopa Campbell y los retratos intervenidos de Marilyn Monroe, Mick Jagger, Elizabeth Taylor o sus diseños de carátulas de discos para Rolling Stones y The Velvet Underground. Además se exhibirán sus disparatados trabajos cinematográficos que incluyen grabaciones de seis horas a un hombre durmiendo, 45 minutos de un hombre comiendo (“Eat”), una felación grabada o un poeta comiéndose un hongo. Películas que sólo entendía él pero que fueron seguidas con devoción por sus súbditos que, mientras eran exhibidas, salían a comprar hamburguesas.
POBREZA BAJO LA ALFOMBRA
Hombre lleno de contradicciones, el mentor del llamado Pop-Art nació en 1928 -justo antes de la Gran Depresión- bajo el nombre de Andrew Warhola. Hijo de un cargador y de una madre que se dedicaba a la limpieza -ambos eslovacos que viajaron a Estados Unidos en busca de fortuna-, el tímido Andy vivió sus primeros años en Pittsburg, la ciudad donde nació el concepto “Smog”.
Entre muñecas y las flores artificiales que fabricaba su madre, Warhol tempranamente había decidido borrar su nada de glamorosa infancia dedicándose al arte. A los seis años ya se había convertido en un caza autógrafos, transformándose en el raro del lugar que ansiaba proyectarse fuera de ese gris paisaje. Entre la decadencia y la vergüenza de la pobreza apareció en su mente esa idea (“sólo los raros pueden ser alguien”) que reventó en los sesenta, mientras la tropa de freaks y homosexuales -de la que se transformó en Tótem-, le rendía culto en su centro de operaciones The Factory. “Warhol anhelaba la fama con una ávida y calculada desesperación, como si fuera la autentica metáfora de la vida misma”, escribio Sthepen Koch en “Andy Warhol Superstar”, de Anagrama.
RAROS PEINADOS NUEVOS
El tan buscado reconocimiento vendría con su llegada a la Gran Manzana, a fines de los cuarenta, cuando comenzó a despuntar como uno de los mejores ilustradores publicitarios para revistas de moda como “Vogue” y “Harper’s Bazaar”. No por nada el connotado teórico Arthur Danto situó el fin de la modernidad luego de ver una exposición de Warhol en 1964.
En medio del vendaval creativo que ayudó a consumar, con pelucas y modos sui generis se dedicó a fotografiar e intervenir a su trouppe, a colorear fotos con la orina diabética de uno de sus ayudantes y a otras excentricidades tan dispares como ser un coleccionista obsesivo de joyas de famosos o alfombras hechas por indígenas americanos. Inventó la revista “Interwiew”, reformuló el arte de la entrevista; presentando a su grabadora Sony como su esposa. Además, y de pasada, seguía ganando fama y dinero. Y no se arrugaba en decir que ser bueno para los negocios era el arte más fascinante. “Hoy en día, si eres un truhán, aún puedes estar bien considerado. Puedes escribir libros, salir en la tele, conceder entrevistas: eres una gran celebridad y nadie te desprecia por ser un ladrón. Esto se debe a que lo que más quiere la gente son estrellas”, escribió en “Mi Filosofía de A y B y de B a A”.
Corría 1968. En Suecia una feminista despechada intentó asesinarlo. Andy se salvó, pero se vistió de alma en pena. Se acercaba Woodstock, con todo el paroxismo de la revolución que él, de algún modo, inauguró. Pero Warhol se sentía perseguido. Se aleja de su desquiciado séquito y hasta su muerte, en 1987, cambió la drogada vanguardia neoyorkina por los rimbombantes salones de los personajes más ricos del planeta, a quienes retrataba sin dejar de sentirse sólo un juguete de sus caprichos LCD