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Martes 11 de octubre de 2005
Lo primero que se viene a la cabeza al ver los registros que el fotógrafo Juan Meza-Lopehandía captó en el Alto Bío-Bío durante 14 años, es la imagen de las postales que sirven para difundir el turismo de nuestro país; esas que muestran los moais de Rapa Nui o las Torres del Paine con la inscripción "Chile" en el ángulo superior izquierdo. Contra cualquier sofisticación estética, la intención de Meza-Lopehandía es que la exposición represente justamente eso: un lugar que pudo haber sido aprovechado como un punto turístico importante, como el mismo dice, "ideal para el turismo-aventura".
Las imágenes reflejan -con árboles a medio tronco saliendo del agua estancada- todo el proceso de inundación de los terrenos que hoy son las represas Pangue y Ralco, es decir, desde el estado primigenio de la zona, hasta el impacto de la modernización sobre el paisaje y la comunidad pehuenche. Por eso el título en clave de correo electrónico: "@" es el signo de la modernidad; "Dios" simboliza la fuerza creadora; y ".es" por Endesa España. "Representa la experiencia depredadora del progreso como lo entendemos en Occidente", resume Meza-Lopehandía, quien constituye una suerte de memorial a la pérdida y una reflexión medio-ambientalista respecto al futuro de nuestros recursos naturales: "La comunidad nunca conoció el Alto Biobío, no sabían lo que estábamos enterrando. Es hacer un memorial de eso que se enterró y así llorarlo, pero también reflexionar acerca de lo que significó y tomar actitudes hacia adelante".
APAGUEN LAS LUCES
Meza-Lopehandía ancló en la zona el invierno de 1991. Allí supo que iban a construir las represas (son 7 en total) y que nadie se resistía a un proyecto que se inició con estudios en 1952. Luego de tres veranos en que fotografió la zona, "la cosa se puso muy pesada con los activistas protestando por la construcción de Pangue, así que decidí dejarlo hasta que la Fundación Andes me becó para ir una semana al mes durante un año y después he ido tres veces al año hasta hoy", recuerda.
En todo ese tiempo prefirió "no contaminarse" con el conflicto étnico y medioambiental que tuvo por esos años los encuentros más álgidos entre ecologistas y pehuenches, y el Gobierno. "Soy un artista político y responsable, que trata de traer los temas ocultos de la agenda a la conciencia pública", retruca Meza-Lopehandía, para quien Endesa España "no tiene la culpa, fue el presidente el que decidió sacrificar esto que no conozco, que no importa y donde viven cuatro pehuenches que no les voy a pedir la opinión".
En ese sentido, el fotógrafo cree que su obra invita a una reflexión sobre los costos de la modernización, pero sobre todo acerca del papel de los ciudadanos en este libreto. "Nadie puede prender un computador con una vela, pero hay que tener una actitud responsable respecto al uso de energía. La gente debe plantearse dónde está desperdiciando la energía y sí lo hicieran no necesitaríamos más centrales", concluye. LN