
Martes 18 de octubre de 2005
Dado que tras el golpe militar todos los diarios y periódicos opositores fueron cerrados, lo que se escribiera en los que quedaban sería "la" versión oficial de los hechos. Fue por eso que si bien el golpe de gracia de la Operación Colombo se registró a fines de julio de 1975, la sociedad chilena venía desde hace semanas conociendo "noticias" que permitían dar como aceptable el relato de una matanza masiva de "extremistas" de su propia mano.
Así, un primer antecedente de este operativo -montado con una sagacidad que aún asombra y que contó con la coordinación de las dictaduras del cono sur en el marco de la Operación Cóndor- se remonta a abril, cuando en Argentina se encuentra un cadáver descuartizado y sin manos que correspondería al militante socialista David Silberman, "dado de baja" por un comando del MIR, de acuerdo con los antecedentes de la DINA. La verdad era que tras ser recluido en el centro clandestino de José Domingo Cañas, pasaría a engrosar las listas de detenidos desaparecidos.
Pero como el operativo perseguía un destino más global, la dictadura involucró a sus diarios afines. De este modo, cuando el 11 de julio aparecieron cerca de Buenos Aires otros dos cuerpos que serían de chilenos acribillados e igualmente "dados de baja por el MIR", según se dio a conocer en nuestro país, la campaña comunicacional ya estaba desatada. Incluyó la divulgación de un ejercito guerrillero que se estaría conformando al otro lado de los Andes, pero a la vez también aseguraba "sangrienta vendetta interna", según un titular de la época, en el MIR.
Aquí la historia adquiere su tono más aterrador. Es el 15 de julio y en Argentina aparece un primer -y único- número de la revista "Lea", la que en su interior reseñaba: "Alrededor de 60 extremistas chilenos han sido eliminados en los últimos tres meses por sus propios compañeros de lucha en un vasto e implacable programa de venganza y depuración política". Lo singular es que la noticia, surgida de un cable proveniente de México, explicaba que los muertos estaban "a lo largo de las tres Américas y Europa", para terminar publicada en Argentina. A la semana, los diarios chilenos se hacían cargo del lista, como reseñaría "El Mercurio" (23/07/73) titulando "Identificados 60 miristas asesinados".
Pero la apoteosis de este plan fue la información que ese 24 de julio entregó "La Segunda". Sin duda que convirtiéndose en el más revelador del clima que las autoridades buscaban generar, se utilizó el siguiente titular sobre la noticia de portada que daba a conocer otra lista con 59 nuevos muertos: "Exterminan como ratas a miristas", decía el vespertino en un enunciado histórico del periodismo nacional.
El círculo estaba completo y la Operación Colombo se había concretado, pero esta vez con la reproducción de un listado proveniente del diario brasileño "O'Día", editado, al igual que "Lea", sólo para dar a conocer un informe que circunscribió los asesinatos a la transandina provincia de Salta.
119 chilenos y chilenas pasaron a convertirse así en detenidos desaparecidos de la dictadura. En general, eran muy jóvenes: 101 de ellos tenían menos de 30 años y de los restantes sólo había dos de la tercera edad, con 60 y 63 años.
El texto es parte del artículo "Todos tus muertos" publicado en este diario en junio de este año.