
Domingo 30 de octubre de 2005
Su mamá me abre la puerta y me hace pasar por un caminito de rosas hasta llegar a la casa de El Arrayán. Nueva York, su ciudad de residencia, parece una ironía frente a su casa santiaguina, que suma gallinas y ocho perros. Y el sol. Pienso que hace un par de minutos no quería hacer la entrevista por mi prejuicio sobre las modelos chilenas que, en su mayoría, tramitan tanto y el contenido es una lata.
¿Por qué Parsons sería distinta? Objetivamente, es la única modelo chilena de exportación. La única top. Es millonaria. Su novio, dueño de los restaurantes Cipriani, también es millonario y guapo. Su metro 75, sumado a 55 kilos, le permiten hacer su trabajo. Parece maquillada, pero no tiene ni una gota de químico embellecedor. Me río para mi adentros porque es como estar con Julia Roberts en Nothing Hill.
Nos instalamos. Ella se sienta con las piernas cruzadas. Su vestido se acomoda en sus huesos eternos. Mira a través de Gucci. Su Palm se pierde entre el vestido. Una de sus nanas le trae la bandeja con los tecitos. Ella los prepara, respira, me sirve. Le digo:
-Carola, cualquier cosa que yo diga de ti en esta entrevista dará un poco lo mismo, porque no afectará en nada en tu carrera profesional. Entonces, ¿por qué la condición de tener que leerla antes de publicarla?
-Mi carrera internacional no se verá afectada, pero sí una imagen. ¿Me entiendes? Me importa que no se desmerezca ni acá ni en Estados Unidos ni en Europa ni en ningún lado. ¿Azúcar o sacarina?.
-Azúcar.
-¿Sabes que la sacarina deja ciego? Eso me contó un oftalmólogo.
-¿Es cierto que cuando chica eras tan flacucha que le pedías a Dios que te diera un poco más de curvas?
-¿Y dónde dije eso? -se ríe y cambia de posición, se recuesta-. Cuando niña, por el hecho de ser tan flaca, me ponía dos pares de buzos, ¡imagínate el calor que podía llegar a tener! Por años, todas mis camisetas tapaban mis huesos. Los diseñadores ahora los encuentran maravillosos.
-¡Pucha, yo también rezaba, pero a ti Dios parece que te escuchó!. ¿Crees en Dios, entonces?
-Sí, creo en Dios y en la Iglesia.
-Pero, ¿eres como estos católicos modernos?
-Tengo que decir que sí, que soy como los católicos modernos que en momentos de necesidad van a la iglesia. Ahora que el padre Hurtado fue canonizado, me hubiera encantado estar allá. Es más, pensé seriamente en viajar a Roma.
-Tu mundo se ve muy frívolo.
-La moda es un trabajo como cualquier otro, las personas lo asumen como frívolo porque no se vende algo de utilidad como un computador. También la arquitectura de edificios de lujo es una cosa frívola. ¿Quién necesita esos edificios? ¿Quién necesita a Valentino?
-¿Te pagan y muy bien?
-Mi carrera de modelo es mucho más corta que las otras opciones, por lo cual debo aprovechar las oportunidades; es por este motivo que me autoexijo en mi carrera. Cuando empiezas a ganar sumas tremendas, piensas que es como absurdo porque nunca estudié nada. Salí con un cierto look y trabajo y gano eso. Pero, sabes, el trabajo del modelaje no es como la arquitectura, la ingeniería o tu trabajo.
-Claramente no.
-Porque tú puedes trabajar hasta los 70 años; es más, a los 90 puedes ser una escritora increíble o ganar un Premio Nobel. A mis 90 años, nadie se va a acordar de mi paso como modelo.
-¿Y qué vas a hacer después?
-Voy a trabajar hasta los 80 años en lo que sea, yo soy así.
-¿Hasta qué edad tienes pensado trabajar en esto?
-No lo sé, es que el modelaje sin un nombre detrás dura seis meses.
-¿Tan poquito?
-Mira todas las niñas que estaban hace 10 años en los desfiles y mira las de hoy. Naomi o Claudia Schiffer, cuando estaban en la cumbre de sus carreras se las peleaban para pagarles 60 mil dólares. Hoy en día, nadie gana más de 10 mil dólares por ese tipo de desfiles. Por evento, sí. Si quieres tener en un evento a alguien como Kate Moss son 200 mil dólares.
-Hablas de Kate Moss. ¿La conoces?
-La conozco, no es amiga mía.
-¿Y has carreteado con ella?
-No, nunca he carreteado con ella.
-¿Qué opinas de lo que le pasó?
-Yo creo que lo de ella es un caso personal, como puede ser en el mundo de la política, del deporte; obviamente, también en este mundo. No es por culpa del modelaje que hizo eso.
-¿Y a ti nunca te pasó eso?
-No.
-Se te escucha bien.
-Es que la paso súper bien, disfruto de los buenos momentos y de los malos aprendo de ellos y continúo el camino.
-¡Qué entretenida tu vida!
-A mí me encanta. Disfruto el sistema. Yo no soy para quedarme en mi casa durmiendo a las nueve de la noche, aunque me haya levantado a las cinco para trabajar. No entiendo a los que descansan durmiendo, si puedes descansar cenando.
-¿Es verdad que coleccionas cuchillos?
-Es verdad, tengo hartos; no los colecciono, pero me fascinan.
-¿Por qué te gustan?
-Básicamente por su tradición que recorre la historia, me gusta la forma, son elegantes. Si hubiese tenido que elegir participar en una guerra, de lo cual estoy completamente en contra, hubiese participado con una espada.
-¿Qué es lo que más te gusta de Manhattan?
-La vida que produce, la energía, está llena de gente. Parece un zoológico.
-Estás convertida en antropóloga.
-Claro. Vas a una fiesta, a una cena y son todos diferentes. Nueva York es como una pinza que va por el mundo y saca, yo quiero esto, esto... y todos llegan allá. No es una ciudad de familia. Es un lugar donde quieres llegar a comenzar tu vida, donde tienes ganas de que tu libro se publique, de que tu idea salga a la luz, que te descubran. Como soy una persona frenética, llena de ganas, llego y me da energía. Me encanta. Hay gente que en Nueva York se desgasta, porque es una ciudad agotadora. A mí me agotan las ciudades calmadas, me cansa donde todo el mundo anda arrastrando los pies y hay que explicarlo todo 10 veces.
- ¿Y eso te pasa en Santiago?
- Yo creo que en Santiago, tengo que decirlo, me relajo bastante. Pero voy a poner el ejemplo: estuve recién en Punta del Este, la gente de Uruguay es maravillosa, pero hubo un problema con la aerolínea y un viaje de dos horas se transformó en 12. Cuando llegué a Chile fue un respiro, llegamos a la modernidad, las cosas aquí funcionan, gente que le puedes hablar y te entienden. No puedo pretender que funcionen como Nueva York, pero tiene un nivel increíble. No habría podido decir lo mismo hace cinco años.
-Hasta las micros son nuevas.
-Oh, sí, parece Suiza, impresionante. La gente me dice a mí: "¿Eres de Chile?". Sí, digo yo. Chile es como la Suiza de Sudamérica; a mí me da como vergüenza que me digan como la Suiza de Sudamérica.
-¿Y te preguntan de política?
-En una conversación, si me preguntan sobre la política que hubo en Chile y lo que pasó con Pinochet, me gusta darles a conocer el punto de vista chileno, aunque yo soy una persona súper apolítica. No tengo una posición como para decir yo estoy con esta persona pase lo que pase; políticamente hablando, puedo estar con uno, y si después no me gusta cambio de opinión.
-¿Te sientes diva?
-¿Diva? Mira, soy súper afortunada, y me encanta estar con todos estos personajes que son creadores impresionantes. Por ejemplo, estaba en un bar del segundo hombre más rico del mundo. Yo estaba con un vestido negro estilo Armani, con unas piezas de gasa, y cada vez que alguien me pisaba se salía una pieza. Yo venía llegando de Chile, les estaba contado de la fiesta del 18 de septiembre, del baile de la cueca, y tomo uno de estos pañitos que se me había caído y hago el movimiento: de esto se trata la cueca. Y viene Armani, igual que un huaso de rodillas, y me lo da. ¡Un gentleman! No son personas que se crean el cuento, son personas de trabajo, dueños de un imperio, saben lo que hacen y se fijan en todos los detalles.
-Insisto: ¿nunca te has sentido diva?
-Hace dos años estaba en Punta del Este con todas las niñas top argentinas en mi casa en Punta del Este, súper amorosas, y a mí me daba como un poco de vergüenza, porque me preguntaban: "¿Dónde vives?". En Nueva York. "¿Modelas?". Sí. ¿Y dónde han trabajado?, les pregunto, pensando que me iban a dar un nombre, por lo menos una ciudad como Madrid, Hamburgo... Y me dicen: "Estuvimos dos meses en México". Entonces, ¿qué les puedes responder a eso? Le digo: ¡Ah!, México, yo he estado 20 veces en México haciendo fotos. No he ido a instalarme al mundo del modelaje en México, ¿qué mundo? No hay mundo de modelaje en México. Entonces, en ese momento tú dices: ¡pucha que he tenido suerte! Para mí, haber hecho el desfile de Giordano fue una cosa divertida que hice una tarde mientras estaba de vacaciones. Para ellas son eventos en sus carreras. En ese momento no me siento diva, pero sí súper agradecida.
-Cuéntame lo último de tu agencia.
-Se llama Parsons Fashion Management, es una agencia que asesora a las empresas en la creación de conceptos de moda y, por otra parte, administra el futuro en el modelaje de mujeres jóvenes con potencial. La idea es juntar mi experiencia como modelo y la que tiene mi hermana, quien se maneja muy bien en todo lo que es administración, para darles una mano a las niñas en Chile y que puedan hacer una carrera como la hice yo. De hecho, Rosita organizó el lanzamiento oficial de la revista "Para Ti Chile" y fue un exitazo en todo los aspectos. También estamos organizando el carolinaparsons.com/scouting.
-¿Tu agencia es una fábrica de niñitas modelos top?
-No, no es una agencia de modelos, es un manejo de talentos y de eventos. Si hay una niña que tenga un talento grande, la queremos inmediatamente poner en una agencia y, bueno, si sacamos a una próxima Carolina Parsons sería increíble. LND
Agradecimientos a Parsons Fashion Management
Fotos: Head Booker. Mauricio Arriagada.