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"Tony Blair es el Primer Ministro menos malo que hemos tenido"

Desde que sacudió las letras inglesas en los '70 con historias neogóticas de incestos, pornografía y felicidades castigadas, Ian McEwan es uno de los escritores fundamentales del mundo anglosajón. Sus libros hablan de un delicado y polémico creador, que hoy por hoy, defiende a Tony Blair, retruca a la izquierda y cuestiona la integración cultural después de los atentados en Londres. Una muestra: su última obra "Saturday", relato de un médico que se niega a marchar contra la guerra en Irak, porque la protesta no repara en los crímenes de Sadam Hussein.

Miércoles 2 de noviembre de 2005

LINA MARÍA AGUIRRE

La mañana del pasado 7 de julio, Ian McEwan estaba a unos dos kilómetros de Tavistock Square, donde explotó el autobús del ataque terrorista en Londres. Había recogido su visado en la Embajada de Estados Unidos y atravesaba la ciudad sin saber lo que pasaba, aunque intuyó que algo iba mal por el alto volumen de sirenas y los helicópteros sobrevolando la zona. Más tarde se enteró de los hechos. Se puso furioso.

Ese sentimiento ha persistido. "Nos preguntamos qué puede pasar ahora. Mi opinión es que hay que ser realistas, actuar. Queremos una sociedad tolerante que da la bienvenida a los extranjeros, pero hay que replantear la situación. Cuestionar ideas, como la del multiculturalismo, tal y como se ha entendido hasta ahora en Gran Bretaña", se explaya.

Su voz suena imperiosa; el tono, urgente; la intención, pro debate, resuelta. "Ha sido un insulto. Yo creo que hay que tener valores y nociones: reconocemos las quejas de la gente, en Irak, en el conflicto entre Israel y Palestina, pero bombardear civiles en el metro no es la respuesta. Al Qaeda declaró que el ataque en Londres era en represalia a la masacre en Irak, pero son ellos mismos los que están matando muchos musulmanes allí. Son temas fundamentales que necesitamos confrontar. ¿Cómo? Endureciendo las leyes. Los extremistas deben ser deportados", esgrime el escritor, para quien Tony Blair no fue suficientemente previsor antes de los atentados. "Es asombroso cómo, incluso después del 11 de septiembre en Nueva York, el Gobierno británico continuó permitiendo los sermones en las mezquitas que incitan a los fieles a asesinar no creyentes".

Y si el viernes 8 de julio, en el diario "The Guardian", McEwan preguntaba: "¿Cómo pudimos olvidar que esto iba a pasar?", contrastando el despertar del trágico jueves con la relativa calma anterior; en "Saturday" agudiza su visión crítica respecto del conflicto bélico que generó la respuesta terrorista de Al Qaeda, con un relato meticulosamente tenso y elegante de un sábado fuera de lo común para un neurocirujano cuya vida doméstica y profesional casi perfecta se ve amenazada (aterradoramente al estilo del autor) el 15 de febrero de 2003. Ese fue el día de la multitudinaria protesta en Londres en contra de la guerra en Irak, pero el protagonista no marcha, porque entre otras razones, un paciente iraquí le ha documentado suficientemente del terror bajo Sadam Hussein.

Un libro en que los hechos desnudan a un hombre confiado de sus seguridades y aunque le dan momentáneamente un insospechado respiro poético, le dejan en suspensión, presintiendo como otros londinenses, la falibilidad de sus refugios ante las bombas que algún día caerán. Sentimientos ambiguos que el mismo escritor alberga hacia el movimiento antiguerra: "No encontré allí un reconocimiento de Irak como un Estado opresor de 27 millones de personas. Creo que deberían haberse opuesto a la guerra, pero también a Sadam", declaró para la revista "Spiegel".

La autoculpa imperial

-¿Cuál es el papel de la izquierda británica en el debate sobre la guerra?

- Algunos representantes en la academia, el periodismo y la política aúnan su postura antiestadounidense con cierto proislamismo que pasa tangencialmente la mirada por las normas tradicionalistas del islam sobre las mujeres, los homosexuales o el librepensamiento. Hay una pequeña fracción de la izquierda que todavía añora el estalinismo. Ha habido casos de cierta repugnante alianza con el fascismo. Algunas personas limitan su análisis por su odio ciego al Gobierno de Washington. Hay una noción sentimental de que todo es nuestra culpa, de que lo tenemos merecido.

- ¿Es acaso el rezago del complejo de culpa poscolonial e imperial?

- Nos gusta autoculparnos y yo disiento vigorosamente de esa visión. Pienso que hay que tener principios y tolerancia con las distintas opiniones, pero no admitir que el radicalismo cambie nuestra nación.

El autor enfatiza que la izquierda de su país debe pensar seriamente en lugar de simplemente mascullar conceptos. "Hay mucha condescendencia y en parte es racismo: alguien tiene un origen étnico distinto o es pobre y entonces no debe ser juzgado según criterios generales o sus ideas discutidas apropiadamente".

Entre la comunidad artística, McEwan diverge a menudo, en particular sobre Tony Blair. Según el autor de "Jardín de cemento", "es el Primer Ministro menos malo que hemos tenido. Es cierto que a veces su instinto no es acertado y que es algo autoritario, pero no creo que sea la encarnación del mal".

Sus palabras tienen que ver con el rechazo hacia algunos intelectuales de izquierda anclados en su pasado revolucionario. "Están constantemente intentando revivir su juventud y rebeldía; a la semana de elegido un gobernante de izquierda claman que no es lo suficientemente radical. Es nuestro deporte, ya no tenemos caza del zorro, tenemos caza del primer ministro".

Consecuentemente, McEwan no se une al coro de la nostalgia del pasado laborista, que en sus propias afirmaciones "tienen una visión rosa de los hechos y deberían recordar que no estuvieron mucho tiempo en el poder y cuando lo consiguieron, hubo desempleo, inflación, sumisión al FMI y caos".

- ¿El futuro es Gordon Brown?

- Ha sido un ministro de Finanzas excelente, pero no será mimado por la izquierda. En economía es más atlantista que europeísta y carece de las habilidades políticas de Blair; podremos vernos envueltos en una crisis u otra.

Londres post bombas

McEwan ha estado leyendo mucha historia recientemente y acompañó su verano con "Postwar: A History of Europe since 1945", del profesor Tony Judt. Novecientas sesenta páginas sobre cómo Europa se levantó de los escombros después de la Segunda Guerra Mundial. La historia confirma los ciclos sombríos y resplandecientes que penetran las atmósferas de las ciudades. ¿Cómo reconocer hoy a Londres? El autor recomienda recorrer el centro, las calles Greek y Old Compton en el Soho, un área que se ha reinventado placenteramente a sí misma. "Me encanta Hyde Park, lo más cercano que tenemos al campo en medio de la ciudad. También suelo caminar hacia Primrose Hill, detrás de Regent´s Park, es ideal la vista al atardecer".

Al seguir el curso este del Támesis, el camino que sugiere es hacia Somerset House, uno de los edificios administrativos públicos más antiguos del mundo, con una fina colección de arte y un buen café. Escenario para reincorporar la imagen de Londres hoy, con sus contrastantes esplendores y sus debates pendientes, los mismos que urge el autor, sin lo que él llama "delicioso pesimismo", ni tampoco con la "absurda corrección política".

© La Vanguardia

(The New York Times Syndicate)

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