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Sin desodorante

El actor que padece de "locura creativa", hizo que Aline Kuppenheim y 49 actores más pasaran frente a la cámara que instaló en un baño. "Desde el punto de vista dramático es muy interesante saber lo que otro hace ahí", asegura. Ahora, ultima "Adán y Eva", un filme en el que 40 músicos tocan en el entierro de Dios.

Miércoles 2 de noviembre de 2005

Media tarde en Santiago. El actor y director de cine Gregory Cohen (52) se toma un cortado en un café de Providencia. Alto y delgado, mueve constantemente sus pies bajo la mesa. Sus ojos reflejan "locura creativa" y en su mente desfilan miles de ideas para futuros proyectos.

Apenas comienza a hablar de "El baño", su próximo estreno cinematográfico, se demuestra "incomprendido", pues aborda temas que la mayoría de sus colegas no hacen, en este caso, un espionaje a la intimidad. El filme, que se estrenará el 17 de noviembre en los cines de la capital, es una locura más. "Me excita mostrar las cosas desde otra mirada, que inquiete y comunique", dice.

Y para inquietar eligió el santuario mundano del baño. El largometraje se inicia en 1968, en un excusado, obviamente, el único escenario donde los eventos suceden siempre bajo el ojo vigilante de una cámara colocada en un rincón de este lugar. Ahí circularán todo tipo de personajes como maestros chasquillas, hippies, grupos subversivos, adolescentes, delincuentes, torturadores y ejecutivos.

Los motivos que estimularon a Cohen a realizar "El baño" tienen que ver con la rutina diaria. "Pertenezco a una generación que le tocó vivir una parte bastante efervescente y movida socialmente en este país. Tiene la década de los años '60, todos los '70 y los '80, donde uno no se aburría mucho. Pasaban una serie de cosas muy contradictorias, por lo tanto tenía muchas ganas de expresarlas".

Confesionario sin cura

La idea de utilizar el sector más reservado de la casa como epicentro del filme surgió porque "es un lugar muy especial. Lo que ahí hacemos no lo andamos comentando por todos lados. Es muy íntimo. Compartimos en ese espacio físico los secretos más auténticos, nuestros olores y pudores. Es una especie de confesionario, pero unipersonal, sin cura, ni siquiatra. Desde el punto de vista dramático y cinematográfico es muy interesante, desafiante e inquietante saber lo que otro hace en el baño. Además, me parecía muy metafórico porque a este país todavía le cuesta mirarse, reconocer sus heridas, su autoestima, sus cambios y si estos fueron para bien o para mal, todavía es una pregunta sin respuesta. El baño es excelente espacio simbólico para un país que todavía está tratando de enfrentarse a sí mismo".

Cincuenta actores, entre ellos Aline Kuppenheim, Pablo Macaya y Alex Zisis, pasaron por la mirada fija de la cámara, quienes lo hicieron sin intereses económicos, ya que Cohen no poseía presupuesto para cubrir los gastos. La inversión de la cinta, que promete un humor blanco, gris, negro, dulce y ácido fue alrededor de 100 millones de pesos, pero "si contamos el pago de los actores, técnicos y locaciones estaríamos hablando de 200 millones", calcula.

El origen de la locura

Con 52 años de edad, el ganador del Premio Altazor 2005 por su interpretación del "Forito" en "Geografía del deseo", siente que desde muy niño ya iba contra la corriente. "En esa época ya me gustaba el teatro, lo que era muy extraño".

Ya en la adolescencia su entorno giraba en los barrios aledaños al paradero 18 de Gran Avenida, donde se nutría de películas en el desaparecido cine Moderno (ahora convertido en un templo evangélico). "Mi locura viene de ahí, ya que era un país que respiraba una diversidad de forma natural. No era necesario hacer spots publicitarios para hablar de tolerancia y variedad". En la cuadra donde vivía desde el pelusa hasta nosotros, que éramos hijos de un abogado de clase media, compartíamos y jugábamos", relata Cohen.

El director de "El baño" dice que el pudor no es algo que esté siempre presente en él, porque depende de los momentos o situaciones. "Soy pudoroso si me doy cuenta que no me he cortado las uñas de los pies y ando sin calcetines y sandalias. Y en otro momento puedo salir con pijama y no me interesa. Hay que ser muy cara de raja para decir que no somos pudorosos", espeta.

Los que rodean a este artista por naturaleza saben que se puede esperar cualquier cosa de él, en el buen sentido de la palabra, claro. Y Cohen lo refleja al contar situaciones cotidianas. "De repente, cuando se me olvida ponerme desodorante, lo primero que les digo a mis alumnos es: 'Hoy no me puse desodorante, estoy hediondo. Lo asumo'. Uno tiene cierto pudor, pero lo importante es hablar y reflexionar. Eso es sano".

El funeral de Dios

Curiosamente, este año Gregory Cohen pasaba por una crisis de creación, en el sentido que tenía muchas ideas dando vuelta en su cabeza, pero éstas no salían por falta de apoyo financiero. En un arranque de locura le bajó el delirio y sin pensarlo dos veces se consiguió equipos cinematográficos, se encalilló e hizo "Adán y Eva", en cuatro días.

"Es un largo corto que dura 70 minutos. Lo hice en mi casa y la actué yo mismo", adelanta el realizador. Agrega que la historia de su nuevo trabajo consiste en dos profesores de música jubilados que los visitan los fantasmas. "Tiene mucho evento musical, las apariciones son con cueca, música étnica, etc. Sólo falta un plano que va hacer apoteósico, porque habrán unos cuarenta músicos en escena en el entierro de Dios".

Por si fuera poco, el 1 de diciembre Cine Hoyts exhibirá "Sueño y misterio subterráneo", el primer documental corporativo de ficción hecho en Chile por Cohen. "Hice este documental corporativo para el Metro y luego se convirtió en un documental de ficción, eso es algo inédito en el país". Otra de sus locuras. ¿Hasta cuándo, Gregory? LN

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