Por Pablo Chacón (Mar del Plata) y Carmen Villarroel (Buenos Aires)
Y era de esperar: de la inmensa jornada de celebración y protesta el viernes en Mar del Plata, y en toda Argentina, las cámaras del mundo se quedaron pegadas en los cuatro gatos que, abandonados por todos, se dedicaron a quebrar vidrieras y tratar de saquear negocios.
Los encapuchados marcaron un claro contraste con el mundo de sonrisas que era el “Tren del Alba” en que llegaron de Buenos Aires a Mar del Plata, precisamente al alba, Diego Armando Maradona, el cantautor cubano Silvio Rodríguez, el cineasta y músico bosnio (¿yugoslavo?) Emir Kusturica y el cantautor uruguayo Daniel Viglietti, entre muchas otras luminarias que generalmente llenan teatros y estadios por sí solas. Y junto a ellos, reveladoramente, dirigentes políticos cercanos a Néstor Kirchner. No estaba, en cambio, Fito Páez, quien le hizo al pibe la canción más linda, la que titula esta crónica.
Maradona estaba contento, aunque habló enojado. “George Bush nos desprecia. Es una basura humana. Estoy acá para defender la dignidad argentina. Que sepa que no lo necesitamos, que no le damos la bienvenida, que no lo queremos”, dijo.
“Maradona es mucho, tanto que parece demasiado”, escribe en el tren la corresponsal de “Página 12”, Sandra Russo.
LA CUMBRE
Así, la IV Cumbre de las Américas finalizó ayer marcada por la jornada opositora. Debe haber sido duro estar allí para George y Laura Bush, justo en el día de su aniversario de bodas. A Bush, los cerca de tres mil agentes de su servicio secreto, el FBI, la CIA, más unos 12 mil soldados y policías argentinos, lograron separarlo de aquella masa que jamás intentó alcanzarlo, pero no así del rechazo a la Cumbre del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el motivo original de este encuentro, y al que, según el canciller brasileño, Celso Amorim, “no hay para qué enterrar ni resucitar”.
“Un acuerdo de libre comercio no puede ser un camino de prosperidad de una sola vía. Hay que tener en cuenta las asimetrías, los distintos niveles de desarrollo de los países del hemisferio”, dijo el Presidente argentino, Néstor Kirchner, en su discurso inaugural.
Concordó el chileno Ricardo Lagos, considerado hasta ahora aliado incondicional del proyecto: “Puede ser una forma realista también dar cuenta de las distintas realidades de cada país”, dijo, y propuso que se fijara un marco conducente al ALCA a través de los diferentes bloques regionales.
Tales coincidencias no hacen más que resaltar aún más los 180 grados que separan las expectativas que originaron esta reunión –nada menos que el lanzamiento oficial del ALCA– y su resultado, una declaración final parida anoche con fórceps, que se limita a mencionar las dos posiciones.
Por mucho que se aislara, es imposible que Bush no se haya enterado de que a pocas cuadras de su blindada residencia se encontraban repudiándolo unas 40 mil personas, encabezadas por Maradona, (in)sospechado héroe del episodio, en el cual participó también el Presidente venezolano, Hugo Chávez.
El Presidente mexicano, Vicente Fox, hizo esfuerzos denodados para imponer una mención positiva al ALCA en una declaración final que nunca apareció, incluso acusando a Kirchner de haberlo dejado plantado para una reunión bilateral. Fox amenazó también con lanzar el ALCA con los que quisieran, o sea sin Mercosur y sin Venezuela, para terminar el encuentro anunciando que México pediría la incorporación al Mercosur, porque es “un bloque comercial exitoso”.
Fox declaró, campechano, que no hay contradicción alguna entre las dos posturas. A lo charro, dijo tener “dos amores”. Pero la realidad es que sin Argentina, Brasil y Venezuela no puede haber ALCA, porque entre los tres alcanzan casi tres cuartas partes del producto bruto de la región latinoamericana.
Alejado del estadio Mundialista, donde se cerraba la contracumbre, pero probablemente con el corazón dentro, se encontraba el Presidente Kirchner, quien al inaugurar la cumbre, como anfitrión, dijo: “Nuestros pobres, nuestros excluidos, no soportan más que hablemos en voz baja, por eso es hora de levantar la voz”. Tanto en el discurso como en su encuentro de 50 minutos con Bush, los adjetivos del Presidente se concentraron en el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ha hecho de todo para obligar a su país a someterse a sus designios.
“Tuvimos una reunión muy clara, sincera, cruda. No fue una reunión donde se buscó la placidez, sino que se buscó la verdad”, diría Kirchner luego del encuentro bilateral, en que, según trascendidos, nuevamente pidió a Bush (sin éxito) que intercediera ante el FMI, en vista de su posición “hegemónica”, para que modifique su política de línea dura con Argentina.
Como Bush se irritó ante aquello de la hegemonía, Kirchner se lo confirmó: “Sí, la hegemonía de Estados Unidos es muy fuerte. Yo le digo las cosas como las pienso, no soy un Presidente alcahuete”.
Hasta la víspera de la clausura oficial, la delegación norteamericana ejerció presiones para que el ALCA no quedara como el convidado de piedra de la cita de los 32 presidentes y dos vicepresidentes de la región (sin Cuba), convocada formalmente por la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo secretario general, el chileno José Miguel Insulza, poco se notó entre tanta estrella.
Mientras la llamada prensa internacional intentaba convertir el desacuerdo sobre el ALCA en un asunto personal entre Chávez, respaldaldo por una masa de resentidos, y Bush, desde el inicio se hizo patente que la oposición más sólida al acuerdo proviene del Mercosur. El Presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en una rueda de prensa que sería inútil discutir el ALCA antes de saber qué pasará en la próxima cita ministerial de la Organización Mundial de Comercio, que se realizará en Hong-Kong en diciembre. Allí se discutirá nuevamente el tema de los subsidios, la punta de tranca no sólo del ALCA, sino de todo el sistema de comercio mundial.
LA CONTRACUMBRE
Lula tampoco asistió a la clausura de la llamada “anticumbre”, la III Cumbre de los Pueblos, en el estadio Mundialista de Mar del Plata. Dijo que no estaba enterado, marcando así tanto distancia con su colega venezolano como con el movimiento social del que se define siempre como integrante natural. Posiblemente, Lula hubiese tenido en ese estadio una mezcla de aplausos y abucheos, y de ahí, quizás, la razón de su inasistencia.
Quien hubiese tenido ovaciones, pero no las fue a recoger al estadio, sino a una manifestación de 300 trabajadores marítimos, en una plaza frente al mar, fue otro icono de la antiglobalización, el cantautor cubano-francés Manu Chao, quien no soporta al Presidente venezolano (“corderos disfrazados, populistas que esconden al león fascista”).
Sea león fascista o nuevo icono revolucionario, después de Maradona las ovaciones fueron para Chávez, quien en ese estadio frío y lluvioso –Maradona no tuvo más remedio que ponerse su chaqueta y ocultar la camiseta que decía “Bush war criminal”– anunció el entierro oficial del ALCA.
“Al ALCA lo derrotamos los pueblos de este continente, y al ALCA le tocó su entierro hoy, en Mar del Plata. Al próximo que vamos a enterrar es al capitalismo,” dijo Chávez.
El Mandatario venezolano recordó que a principios de los años 60, el Presidente de Estados Unidos, John Kennedy, propuso la Alianza para el Progreso, que incluía reformas económicas y sociales para reducir la pobreza y que contaría con un fondo de 20 mil millones de dólares.
“Por qué los Estados Unidos en vez de venir aquí a darle oxígeno a un muerto, por qué no revisamos la propuesta de la Alianza de Libre Comercio y proponemos algo parecido, una alianza contra el hambre, y voy a tomar la propuesta de Kennedy y Venezuela se compromete a aportar la misma cantidad de dólares que Estados Unidos proponía hace 44 años”, agregó.
Y en su estilo arengaba, muerto de la risa: “Alca, Alca, Alca, al carajo”.
Maradona y Chávez se sentaron juntos debajo de un gigantesco lienzo del Che Guevara. Detrás se advertía la figura del candidato presidencial de la coalición Juntos Podemos, Tomás Hirsch, quien comienza a tener un perfil internacional a raíz del matiz triunfador que va tomado su campaña. Cerca estaba Evo Morales, líder de los campesinos cocaleros de Bolivia y también candidato presidencial, él sí con serias posibilidades de victoria en las elecciones de diciembre.
Aparte de la manifestación, la anticumbre sostuvo previamente tres días de debates, en forma de conferencias, seminarios y talleres, en que también quedaron de manifiesto las enormes discrepancias entre los grupos que conforman el movimiento social acerca del futuro de la región.
En su declaración final, la III Cumbre de los Pueblos se congratula por la derrota del ALCA, exige la cancelación total de la deuda externa de los países del sur, acoge parcialmente la propuesta venezolana de una Alternativa Bolivariana de las Américas (Alba), y declara al continente “acreedor” de los países ricos en materias ambientales, sociales y económicas.
Notoriamente ausentes de la resolución están las tradicionales expresiones de apoyo a los gobiernos de izquierda o progresistas de la región, y “amigos” del movimiento social: Argentina, Brasil, Cuba, Uruguay y Venezuela.
CONTRA LA CONTRACUMBRE
En la página web del colectivo comunicacional Indymedia aparece una foto pisoteada de Kirchner y Chávez, con una leyenda que los identifica como dos “populistas capitalistas”.
Las páginas web agrupadas en Indymedia dan este fin de semana amplia cuenta de las manifestaciones, y sobre todo de la represión policial desatada después que la gran mayoría de los participantes de la contracumbre se habían dispersado. Fue el momento en que grupos de jóvenes opuestos a todo lo que se había hecho allí, incluida la contracumbre, intentaron acercarse a la conferencia oficial.
Había salido el sol después de la lluvia de la mañana. Los habitantes del balneario, que tiene casi 30% de desocupados y 60% de jubilados, se mostraron desde el inicio reacios a acoger la cumbre. Como nunca antes, la paranoia trabajó como las epidemias: por contagio. Vidrieras tapadas, negocios cerrados, shoppings a media máquina, escuelas, bancos, galerías y restaurantes cerrados, y se decretó asueto administrativo. La Perla del Atlántico se convirtió en una ciudad fantasma.
Los “ultras”, siempre dispuestos a justificar la paranoia, pasaron entonces a la acción. Las cámaras de CNN, también. Pero las imágenes, aunque fueran tomas cerradas, no pudieron mostrar una masa de fieras agresivas, sino apenas algunos flacos muchachos encapuchados pateando vidrieras en calles vacías.
Los 81 detenidos que anunciaron las autoridades, entre ellos dos periodistas de Indymedia, en la tarde de ayer habían sido ya liberados, con sólo tres de ellos, por ahora, acusados de “hurto calamitoso” en el Banco de Galicia. Los tres dijeron que no pertenecían a ninguna de las organizaciones que convocaron a la protesta. LND