
Jueves 17 de noviembre de 2005
Primero lo dice en chino para lucir su avance. Después traduce: "Hola, me llamo Laura". Tras poco más de un año de clases de chino mandarín, esta alumna del Liceo Valentín Letelier ya es capaz de expresarse a un nivel básico: maneja alrededor de 300 palabras con su respectiva pronunciación y carácter.
Ella es sólo un ejemplo de los cientos de chilenos -y especialmente chilenas- que en los últimos dos años se han volcado a los más diez centros de enseñanza privada que existen en el país para aprender un idioma que a pesar de ser el más hablado en el mundo -300 millones de chinos y cerca de cien millones de extranjeros lo utilizan- se presenta como sumamente complicado a ojos y oídos de un occidental.
Tal como explica Ien Chen Lan, conocida como Mónica entre sus alumnos del Instituto Chileno Chino de Cultura, "a los chilenos les cuesta sacarse la traba de que el chino es difícil, por eso mi primera misión es convencerlos de que es diferente, pero no difícil y para eso tenemos un método".
La práctica se inicia con la enseñanza de la pronunciación fonética, denominada Pinyin. Luego vienen las fórmulas para combinar los sonidos y articular aquellas palabras y frases que seducen por su cadencia suave y musical.
Paciencia de chino
"La mayoría de los sonidos son conocidos para los occidentales. Sin embargo, hay un grupo que no existe en español. Además los chinos estructuramos nuestra lengua sobre la base de cuatro tonos: el plano, el ascendente, uno que baja y sube, y el normal. Todo eso se aprende sólo con práctica", explica la profesora.
Paciencia de chino. Éste es el elemento que junto al estudio determinan, según los alumnos de Mónica Lan, el avance en el aprendizaje del idioma.
De hecho, Alejandro Loman revela que una misma palabra puede tener diferentes significados según el tono que se le dé. Por ejemplo, la palabra ma en el primer tono significa madre, en el segundo cáñamo, en el tercero caballo y en el cuarto maldecir. "Por eso tenemos que practicar mucho para no equivocarnos", señala entre risas.
El proceso continúa con la enseñanza de los rudimentos para leer y escribir. Esto se transmite mediante esquemas, ya que existen oraciones simples, con sujeto y predicado, y otras que rompen con la estructuración habitual del castellano.
"No hay abecedario sino imágenes hechas de trazos y radicales que se asocian a conceptos que debemos memorizar y ordenar. Ejercicios que con el tiempo se vuelven adictivos", confiesa Max Grass, y a renglón seguido añade que este proceso íntimamente ligado al "dibujo" de los caracteres no es tan simple, pues implica aprender una lógica nueva.
Su compañero Alex Molina añade que "hay palabras, como excelente, que no existen en chino y como contrapartida ellos tienen otros conceptos que nosotros no conocemos".
Pero, ¿qué impulsa a un chileno a embarcarse en semejante tarea? A pesar de que la mayoría de los alumnos coinciden en señalar que decidieron estudiar el idioma impulsados por el deseo de expandir sus horizontes laborales, a los ingenieros, traductores, ejecutivos o microempresarios con el ojo puesto en la firma de un Tratado de Libre Comercio entre ambas naciones (ver recuadro), se une otro grupo con impulsos diferentes.
"Me gustan todos los idiomas, así que decidí empezar por aprender el más difícil. Además estoy segura de que tengo un antepasado chino", asegura con convicción, Laura Silva, quien no por nada tiene una apariencia que de inmediato remite a las imágenes de las adolescentes chinas que las películas y dibujos animados han fabricado por décadas.
Analía Jara y Sandro Enríquez manifiestan en tanto que su interés surgió de la pura curiosidad y de las ganas de ampliar su bagaje cultural, con conocimiento que no todos manejan.
Para la profesora Lan, la idea de conocer de cerca la idiosincrasia de un país tan lejano seduce a los occidentales. De ahí que ella entregue en cada clase información sobre las costumbres, fiestas y rituales de su país. Con esto Lan de paso logra acabar con estereotipos arraigados entre los chilenos y que en su opinión son del todo erróneos.
"Los alumnos me preguntan una y otra vez si nos sacamos los zapatos antes de entrar a la casa, si siempre comemos con palitos, si nos vestimos todos iguales o si vamos a los restaurantes chinos. Entonces les digo, una y otra vez que no, que nuestra cultura se ha modernizado y que somos un país rico, diverso y abierto a que lo conozcan", resume Mónica.