GRUPO MULTINACIONAL DE ASTRÓNOMOS, LIDERADO POR PROFESOR DE LA PUC
La desconocida causa de esta aceleración sería la denominada “energía oscura”, de la que nada se sabe, excepto que existe y que correspondería a cerca del 70% de todos los componentes energéticos del universo. La misión ahora es conocer cómo trabaja esta importante fuerza cósmica y de qué está formada.
En el siglo XVI se pensaba que el Sistema Solar era el universo. Tuvieron que pasar 300 años para que se comprendiera que éste además está en regiones periféricas de una galaxia, como la Vía Láctea; y unas cuantas décadas más para entender que esta última tampoco es “el” universo, ya que el cosmos está conformado por miles de millones de galaxias.
Hoy se sabe que nuestro cosmos se expande o crece aceleradamente desde que nació a partir de una explosión formidable, el llamado Big-Bang y que eso ocurrió hace unos catorce mil millones de años.
Sin embargo, hasta fines de 1990 se pensaba una cosa muy distinta. Se creía que estábamos en un universo, cuyo impulso inicial –el Big-Bang- había evolucionado frenándose por la autogravedad de su propia materia.
Los astrónomos se empeñaban –por entonces- en responder cuál era el grado en que el cosmos estaba desacelerando su crecimiento. ¿Por qué? Porque con ello se podía predecir su evolución futura. En particular, responder a la gran pregunta de si estábamos en un cosmos que iba a seguir creciendo para siempre o en uno que iba a detener ese crecimiento y revertirlo, hecho que significaría el temido colapso cósmico generalizado.
Pero a fines del año 1998, dos grupos de astrónomos -trabajando de manera independiente- demostraron a través del estudio de las distancias de supernovas, que el universo no sólo se está expandiendo, sino que además dicha expansión se está acelerando. Es decir, el universo jamás podrá contraerse de nuevo, sino que seguirá creciendo en tamaño y disminuyendo en densidad.
Uno de estos grupos -el Equipo de Búsqueda de Supernovas Distantes- tenía entre sus filas al astrónomo argentino, Alejandro Clocchiatti, docente de Facultad de Física de la Universidad Católica de Chile, quien ayer anunció en conferencia de prensa que nuevas investigaciones vuelven a confirmar su trabajo inicial, un hecho que abre una serie de incógnitas sobre nuestro cosmos, pero a la vez permiten predecir su destino final.
Para poder llegar a tal conclusión los expertos trazaron un mapa para medir cuál era el grado de expansión del universo en distintas épocas del pasado. Y para ello las supernovas son fundamentales. “Estudiamos la luz que viene desde épocas muy remotas. Tratamos de medir a qué distancia está ese punto del universo y el grado de expansión desde que esa luz fue emitida, hasta ahora. En ese sentido, las supernovas son herramientas ideales, porque muchas de ellas tienen una luminosidad muy uniforme”, explica Clocchiatti.
La energía oscura
Ahora el gran desafío de los científicos es dilucidar en qué consiste la fuerza que produce esa aceleración. “Como decía Newton, la fuerza es igual a la masa por la aceleración. Entonces donde hay una aceleración tiene que haber una fuerza y ese es el misterio. No sabemos cual es la naturaleza de esa fuerza, no sabemos qué es. De hecho es una fuerza que no está contemplada dentro de los ingredientes de las fuerzas fundamentales de la naturaleza que los físicos manejábamos hasta este momento”, explica a La Nación.
Clocchiatti agrega que la expansión acelerada del universo implica varias cosas importantes. Primero, que no habrá un colapso cósmico. Que la aceleración hará que los objetos muy distantes, que se alejan de nosotros con una velocidad proporcional a la distancia, finalmente lleguen a tener una velocidad respecto de nosotros mayor que la de la luz. En este momento esos objetos dejarán de ser visibles.
“Como el universo se sigue acelerando, esto sucederá con objetos cada vez más cercanos, hasta que nuestro universo visible se restrinja solamente a los objetos que están gravitacionalmente ligados a la Vía Láctea, es decir, a nuestra propia vecindad cósmica”, dice.
Las millones de galaxias anónimas que hoy día tapizan el fondo de las imágenes astronómicas profundas habrán desaparecido, junto con la posibilidad de seguir estudiando las miles de supernovas que explotan diariamente entre nosotros y los confines del universo.
Conocemos sólo un 5%
Otro tema que se puede interpretar con este hallazgo es el balance de la energía en el universo.
“Midiendo la expansión cósmica e interpretándola como la interpretamos definimos los ingredientes del universo en términos de energía. Del total del universo la energía que consideramos normal (conformada por átomos) sería de un 5%, un 25% sería de materia que no vemos y que los astrónomos denominamos la materia oscura. El 70% restante es la energía oscura y ésta es la que está causando la expansión. Si lo vemos desde el punto de vista de nuestra ignorancia somos capaces de dar cuenta del 5% del universo en términos de energía. Del otro 95% tenemos apenas nombres para ponerles”, dice el científico.