Son momentos confusos para el mundo bursátil. El medio financiero y muchos accionistas están espantados. Schwager, la ex carbonífera de Coronel y el diario “Estrategia” están siendo investigados por la Superintendencia de Valores porque tras el anuncio público de diversos planes de negocios ambientales de la empresa, el precio de sus acciones en la Bolsa de Valores se disparó por las nubes.
En sólo un año, la tradicional carbonífera, ahora denominada empresa de innovación tecnológica, pasó de mil 800 millones de pesos a valer 36 mil millones, sólo por las expectativas de negocios que generó en el medio bursátil.
Sus acciones que se cotizaban por años entre 0,7 y 1,2 pesos llegaron este año a un “peak” de 25,5 pesos: un 2.500%. La mayor alza vista desde que aparecieron las primeras empresas de celulares. Comparable al fenómeno de las empresas de Internet cuando a fines de los noventa se produjo el boom de las puntocom. Algunos llegaron a hablar de Schwager como la “Google chilena”.
La Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) en varias ocasiones intentó detener la fiebre alcista requiriendo aclaraciones a Schwager sobre sus proyectos y decretando suspensiones preventivas. Pero una y otra vez las alzas especulativas llevaron a masivas compras y ventas de acciones en la Bolsa, y a nuevas olas de rumores.
En octubre, el caso pareció haber tocado techo. El pánico cundió en los accionistas y los valores cayeron en picada, dejando a muchos heridos, sobre todo a pequeños y medianos accionistas que apostaron su dinero basándose en las noticias de la prensa financiera y en los rumores. Quedaron en la ruina.
Hasta el momento, las pérdidas sumadas de muchos accionistas podrían llegar hasta los 64 millones de dólares.
En una medida muy poco usual, la Superintendencia suspendió el 10 de noviembre, por tercera vez y en forma indefinida, las transacciones de Schwager hasta que se aclare el panorama en torno a sus negocios. Probablemente las sobrevaluadas acciones caerán a su valor anterior, en torno al peso o menos.
RUEDA DE LA FORTUNA
Podría pensarse que en los tiempos que corren los negocios en la Bolsa de Valores se hacen de una manera más sofisticada, por no decir científica. Pero cuando un montón de papel sube como la espuma, los datos vuelan como un pingo en el hipódromo. Poco importan los retailers, las fusiones, la bolsa electrónica. En la rueda -aquella balaustrada verde donde se compran y venden las acciones a gritos- los corredores de bolsa se convierten en jinetes, las acciones en apuestas, y las empresas en briosos puro sangres.
“La pecera estaba agitada”, dice un corredor refiriéndose al grupo de accionistas que más se movió en torno a Schwager. Son llamados así porque “son peces chicos”. Profesionales retirados, rentistas, medianos empresarios, que mueven parte de su dinero en acciones. Capitales de dos, cuatro o hasta 80 millones de pesos. Se dejan arrastrar por sus ejecutivos de cuenta, que a su vez se guían por los movimientos generales de la Bolsa y por la prensa especializada.
Más de un centenar de ellos perdió todo su patrimonio en esta movida.
Mientras tanto, cuando el valor subía, algunas grandes corredoras se vendieron y traspasaron acciones entre sí, generando mayor expectativa en los accionistas pequeños. Cuando las acciones cayeron, las corredoras se preocuparon de sus grandes clientes y los minoritarios quedaron a merced del temporal, dice un ejecutivo de la plaza. Y agrega: “Cuando quedó la escoba, los chicos pagaron el pato. Mucha gente del sistema financiero sabía que se estaba metiendo en algo extraño”.
De los 64 millones de dólares, estiman en una corredora, 60% correspondería sólo a las pérdidas de los minoritarios.
Es tanta la decepción, que incluso en foros abiertos especialmente para seguir los vaivenes de las acciones de Schwager se anunció que, al menos los clientes de la corredora Euroamérica, se reunirán para iniciar un juicio indemnizatorio para recuperar al menos una parte del dinero mal invertido.
“La pecera” acusó el golpe del caso Schwager recién esta semana. Coincidentemente según la propia Bolsa de Valores, se notó un masivo desplazamiento de capital hacia los depósitos a plazo e instrumentos menos volátiles. Esta semana, también cayó el Índice de Confianza Empresarial que elabora la Universidad del Desarrollo.
CóMO SE LLEGÓ A ESTO
¿Pero cómo se generó una expectativa tan grande?
Cualquiera, en su sano juicio, podría haberse preguntado: ¿Y no era que Schwager había cerrado? Desde que en 1997 se clausuraron sus piques de carbón sólo han vendido uno que otro terreno en el sur. El valor de sus acciones se mantuvo estancado. A veces subía. A veces bajaba. Pero rondaba el peso. En la carbonífera sólo se veía el movimiento de las bombas que sacan agua de los túneles inundados. ¿Qué futuro podría tener?
Todo partió con un artículo en el diario “Estrategia”, el viernes 1 de octubre de 2004. En él, Carlos Flores Azzalini, gerente general de Schwager, preveía que el precio de sus acciones subiría hasta los 100 pesos por unidad gracias al nuevo negocio de bonos de carbono que la empresa tenía entre manos.
La noticia hizo saltar de sus asientos a los corredores de bolsa, poco acostumbrados a que una acción de baja rotación se dispare al cielo.
La razón que daba Flores era que iban a hacer entrar en el negocio de la venta de bonos de carbono. En marzo entraría en vigencia el Protocolo de Kyoto, una serie de oportunidades de negocios establecidos en dicha instancia internacional para evitar el aumento desmedido de los gases de efecto invernadero en el mundo. Los países que emiten gases contaminantes pueden, por este Protocolo, bajar su cuota comprando aire limpio en otros lugares del planeta. Cuando Chile suscribió el acuerdo tenía a su favor una fuerte cuota de bonos de carbono que vender a países desarrollados que por sus altas tasas de contaminación ambiental el planeta está al borde del colapso climático. La cifra exacta: 70 millones de toneladas de CO2.
El gerente de Schwager, ahora rebautizada como Schwager-Energy, ofrecía varios negocios en el tema ambiental. Rellenar los profundos y abandonados piques de la mina de Carbón para guardar ad-aeternum tambores con residuos tóxicos (tres mil tambores con borra asfáltica de la refinería de Con Con); plantar 100 mil hectáreas de Aloe Vera y Pawlonia Elongata en el desierto de la IV Región para absorber CO2; y fabricar junto a ENAP un aditivo, el CHISS, que supuestamente disminuye hasta en 90% las emisiones de material particulado fino de los motores diesel, producto que la empresa colocaría en los nuevos buses del nuevo Transantiago.
Aparentemente, en la cabeza de los agentes bursátiles de la calle Nueva York sólo sonó la cifra de los 100 pesos por acción. El mismo día de la entrevista al gerente general de Schwager la acción subió 100%. Como medida precautoria, la Bolsa de Valores suspendió las transacciones de Schwager, para bajar la presión.
El gerente se desdijo. Envió una carta-desmentido a “Estrategia” diciendo que él nunca afirmó que la acción llegaría a 100 pesos. “Contrario a lo que dice dicho artículo, en la entrevista que le sirvió de base, el gerente general no hizo mención o referencia alguna al valor a que podría llegar la acción de la empresa”, aclaró.
“Estrategia” publicó el desmentido. Sin embargo, justo un día antes de que se levantara la suspensión de la Bolsa, el mismo periódico de negocios tituló: “Bonos de Carbono: El rentable negocio de la descontaminación. Hasta 75 millones de dólares podrían ingresar al país”. En el texto, sin firma, el diario volvía a informar sobre los dos proyectos estrella de la empresa sin entrar en mayores detalles. El reportaje cerraba explicando que Schwager Energy estudiaba realizar un negocio de tratamiento de residuos líquidos de empresas pesqueras con una inversión de 11 millones de dólares.
Entretanto, Carlos Flores fue despedido y reemplazado por un nuevo gerente, Jacobo Kravetz. Francisco Zegers, el nuevo presidente ejecutivo de la compañía, inició sus tareas respondiendo a las preocupaciones de la Superintendencia de Valores por las primeras dudas surgidas, las que llevaron a la primera suspensión de compraventa de acciones de Schwager, ordenada por la autoridad en enero de este año: “La Superintendencia interpreta esto como vaguedad, pero yo no, pues en toda innovación de tecnologías, se generan muchas interrogantes porque involucran trabajos por etapas. Estos proyectos acarrean muchas incógnitas”, explicó el ejecutivo a la revista “Capital” en noviembre.
LOS PROYECTOS FUTURISTAS
El primer proyecto que presentó Schwager tenía todos los ingredientes para ser un gran negocio. Sin embargo, la idea de usar los hondos piques abandonados de la vieja mina de carbón como botadero de deshechos tóxicos fue detenida por la Corema de la VIII Región, cuando ya habían descargado 3 mil tambores de la refinería de Con Con, su primer cliente. Pretendían deshacerse de la borra asfáltica, un desecho de la refinación del petróleo. Los tambores quedaron apilados en el patio de camiones de Schwager tras una denuncia del diputado Alejandro Navarro.
Otros dos proyectos futuristas de la empresa que podían calificar para el Protocolo de Kyoto eran: plantar 100 mil hectáreas de un árbol identificado como uno de los que más absorbe CO2 de la atmósfera, el Pawlonia Elongata; y cultivar tunas y Aloe Vera para demostrar al Banco Mundial que podían calificar como especies del Protocolo puesto que emiten metano, un gas que combate al CO2 en la atmósfera.
Sin embargo, los proyectos estrella, como los calificó la prensa, eran dos relacionados con la contaminación atmosférica. El primero consistía en el desarrollo de un nuevo filtro para buses y barcos; y el segundo, un aditivo formulado en México, denominado CHISS, investigado y desarrollado por Jacobo Kravetz, uno de los hombres de Schwager, que disminuiría hasta 90% las emisiones de material particulado fino de los buses.
La sola firma de un “Memorando de Acuerdo” con Enap, para estudiar el CHISS, el 29 de junio de este año, hizo subir las acciones.
Sin embargo, luego de cuatro meses, el 26 de agosto, la petrolera desechó el aditivo. La SVS vino a enterarse formalmente del desahucio del acuerdo recién el 8 de noviembre, a través de Enap. Dos días después, el superintendente de Valores, Alejandro Ferreiro, congeló por tercera vez la compraventa de acciones de Schwager y emitió un lapidario oficio.El problema era que muchos de los proyectos de Schwager andaban en similares vaivenes. La Municipalidad de Vallenar, organismo que según la compañía había ofrecido 5 mil hectáreas para las plantaciones de “Pawlonia elongata”, se negó a hacerlo debido a que las tierras se hallaban embargadas por un intricado juicio en su contra.
A su vez, se hicieron públicos los resultados del estudio realizado por la planta de Certificación y Control Vehicular (3CV del Ministerio de Transportes) sobre el CHISS. La prueba de los filtros produjo problemas operacionales. En buen castellano, las tres rondas de pruebas del aditivo CHISS, con buses de Redbus, demostraron que éste en vez de disminuir las emisiones (“hasta en un 90%”, como decía la empresa”), las aumentó en todos los casos.
UNA VISITA CASUAL
En junio de este año, Paula Konka y Mónica González, dos funcionarias de ProChile dedicadas a la divulgación del tema de los bonos de carbono se interesaron por conocer los proyectos de Schwager, sin ninguna intención comercial, sólo para ayudar su promoción en el extranjero. Ellas son las encargadas de difundir las oportunidades de negocios que ofrece el Protocolo de Kyoto entre los empresarios del país. Se dedican a abrirle los ojos a potenciales interesados y ayudan a contactarlos con mercados de bonos de carbono en Japón y Europa.
González no recuerda cómo surgió la reunión, pero sí que al llegar a las oficinas de Schwager lo primero que les dijeron fue: “Perdonen el desorden, pero es que nos estamos mudando”.
“No había proyectos de inversión”, cuenta a LND Mónica González. “A lo mucho nos mostraron una hoja de cuaderno con unos cálculos. No tenían PIN (un Plan de Inversiones). Ni menos un PDD (un Plan de Diseño de Desarrollo) de alguno de los proyectos en cuestión. Íbamos a tomar nota, pero no había qué anotar”.
El proyecto que más interesó a las funcionarias de ProChile fue el de la forestación en Vallenar. Parecía también el más avanzado. Las plantas de Aloe Vera liberan gas metano y pueden ser transadas como bonos de carbono. A su vez los ejecutivos de Schwager mencionaron la especie Pawlonia Elongata que sería uno de los árboles que más absorbe CO2 de la atmósfera. Pensaban plantar 100 mil hectáreas de ambos cultivos. Tenían muestras y experimentos ya realizados. Se trataba del proyecto piloto para la plantación fallida de los terrenos del Municipio de Vallenar.
Al Gobierno de Chile no le conviene que los bonos de carbono se conviertan en motivo de especulación, pero las autoridades están conscientes de que todo nuevo negocio crea expectativas desmesuradas.
LA INVESTIGACIÓN
Pese al optimismo de los ejecutivos de Schwager, en la Superintendencia de Valores se mantienen las dudas acerca de las operaciones. Para dilucidarlas, la SVS abrió una investigación mediante un oficio secreto que busca establecer si hay vínculos entre Schwager y el diario “Estrategia”.El diario de negocios, como también otros altos directivos de Schwager y algunas corredoras, son pesquisados para verificar si hubo infracción del artículo 61 de la normativa legal sobre el mercado de valores. Este dice: “las personas que con el objeto de inducir a error en el mercado difundieran noticias falsas o tendenciosas, aún cuando no persiguieren con ello obtener ventajas o beneficios para sí o terceros, sufrirán las penas de presidio menor en sus grados mínimo y medio”.
Varios periodistas han sido llamados a declarar en la investigación de la SVS. La cinta de la famosa entrevista supuestamente se perdió y la nota del lunes siguiente habría sido publicada por un editor que se quedó haciendo horas extras, dijeron en “Estrategia”. Otra fuente del diario dice que nada de esto es anormal y que en otros medios, como “El Mercurio” y “Diario Financiero”, también publicaron sendos artículos sobre los espectaculares proyectos de Schwager y los bonos de carbono.
En la SVS no quieren hablar del tema hasta que el caso esté cerrado y remiten todo a que Schwager debe responder la próxima semana sobre sus proyectos ambientales. Sin embargo, el oficio enviado por la entidad a Schwager y dado a conocer el miércoles, es durísimo. En él la Superintendencia pide precisiones respecto de todos los negocios y proyectos medioambientales de Schwager. Le exige que aporte documentos, contratos y registros de propiedad que demuestren en los hechos aquello que sus ejecutivos vienen diciendo de sus ambiciosos proyectos desde el año pasado.
A más de un año de la aparición de la entrevista a Carlos Flores en “Estrategia”, aparentemente la compañía no ha conseguido cerrar ninguno de sus negocios de manera satisfactoria y el caso está en boca de todos.