
Domingo 11 de diciembre de 2005
"Reventó la burbuja", suelen decir en la Bolsa de Valores cuando una empresa, cuyo valor parece artificial, se desinfla estrepitosamente.
En el escándalo financiero del año, la Superintendencia de Valores levantó cargos contra siete directores y gerentes de Schwager y multó en 270 millones de pesos (lo máximo que permite la ley) al director del diario "Estrategia", Víctor Manuel Ojeda, por difundir noticias "falsas o tendenciosas" al mercado y obtener ganancias de ello. Entre todos, según la Super, habrían inflado una burbuja para hacer caer a accionistas incautos. En especial, con un aditivo para el diesel denominado Chilean Super Staff.
835 personas y sociedades desde fines de 2004 hasta ahora compraron y vendieron acciones de esta empresa creyendo en sus bullados proyectos ambientales. Sin embargo, vieron sus capitales (que llegaron a movilizar más de 36 mil millones de pesos) convertirse lentamente en papel sin valor.
Muchos de los accionistas minoritarios, guiados por la prensa económica y los rumores, compraron millones de pesos en acciones de Schwager en valores de 20, 25 y hasta 40 pesos, siendo que su valor real histórico era de menos de un peso.
Se suponía que la oxidada empresa carbonífera ingresaba de lleno al complejo negocio de la transa de bonos de carbono, reverdecería el desierto con pujantes árboles, rellenaría los abandonados piques mineros con desechos tóxicos y fabricaría un mágico aditivo que disminuiría hasta en un 80% las emisiones de los motores diesel.
Pero nada de eso se concretó. 36 mil millones de pesos llegó a mover Schwager en un año.
EL SOCIO
El ex senador UDI Beltrán Urenda, su hermano e hijos compraron en los años '80 la Carbonífera Schwager de Coronel a precio de remate, pensando en hacer en esos terrenos un gran proyecto portuario. De hecho, el gran negocio del clan Urenda es y han sido los puertos: a través de las sociedades Invernar y Agunsa son concesionarios de la mitad de los puertos chilenos.
Pero erraron el cálculo. Los permisos fueron negados y le salió competencia al camino. Los miles de millones de pesos que invirtieron en Schwager quedaron estancados. Vendieron unos cuantos terrenos forestales, pero nada más. Los galpones se caían de óxido y los piques se inundaban. El negocio se estancó y las acciones cayeron a un precio histórico de entre 0,7 y 1,2 pesos.
Pasó el tiempo y todos los propietarios buscaban recuperar sus pérdidas. Quizás buscando una inspiración, a comienzos de 2002 un accionista de Schwager asistió a un encuentro en la Nueva Acrópolis, un centro de filosofía, orientalismo, ufología y todo tipo de materias pseudo científicas. La charla transcurrió sin novedad hasta que en el café de cierre conoció a un hombre clave: Jacobo Kravetz, sesentón, de pelo largo, chalas, camisa hindú y piel tostada por el sol de Horcón. Había pasado por Enersis y otras gerencias.
Eran el ying y el yang. Desde hacía ocho años, venía poniendo dinero en un aditivo anticontaminante, que dos químicos habían inventado y que era su tesoro. Necesitaba capital para desarrollarlo y respaldo de una empresa grande para negociar. A su vez, el otro tenía sólo el nombre de la empresa, pero no proyectos. Así que Kravetz entró a Schwager a través de KSA y refundaron la carbonífera con el nombre de Schwager Energy.
EL CHISS
Hombre de ideas chispeantes, lo primero que propuso Kravetz fue rellenar los piques abandonados con desechos industriales. Consiguió que la refinería Concón le despachara tres mil tambores con borra asfáltica, el último desecho de la refinación del petróleo, para sepultarlos a tres kilómetros bajo el mar.
Sin embargo, alertado por ambientalistas, el diputado por la zona, Alejandro Navarro, levantó la alarma y la Corema detuvo el negocio.
Kravetz no se amilanó. Como su socio de Nueva Acrópolis le dibujó en un papel de cuaderno, los piques se internan varios kilómetros bajo el golfo de Arauco, y tuvo otra idea rutilante: usarlos para evacuar mar adentro las contaminadas aguas de las pesqueras de la VIII Región. Brillante.
Otro as que tenía bajo la manga eran los bonos de carbono, el negocio abierto con la firma del Protocolo de Kioto que permite a países en desarrollo vender activos ambientales a países emisores de gases de efecto invernadero.
Según Kravetz, había dos especies vegetales que podían transarse en el mercado de bonos por su particular poder de emisión de metano y absorción de CO2: la planta de tunas aloe vera y el árbol "Pawlonia elongata". Convenció al directorio de plantar 100 mil hectáreas de tunas y árboles y negociarlos como bonos de carbono en el mercado internacional. Conseguirían los terrenos semidesérticos gratis, en concesión. Sencillamente genial.
A cambio, Kravetz quería apoyo para su proyecto estrella, el aditivo Chiss (Chilean Super Staff), que supuestamente enlazaba las moléculas de carbono en el proceso de la combustión y reducía las emisiones de los motores diesel hasta en un 80%. El directorio aprobó 144 millones de pesos, dos galpones de Coronel para fabricar el Chiss, dos motores diesel en desuso y un torno.
EL DIARIO DE NEGOCIOS
El primero de octubre de 2004, el periodista Rodrigo Pacheco del diario "Estrategia" publicó la famosa entrevista al gerente de la carbonífera bajo el título "Schwager prevé que la acción llegará a 100 pesos por negocio de bonos de carbono", puesto por el editor Ítalo Cornejo.
El gerente de entonces, Carlos Flores, desmintió que haya aseverado eso, y en sus declaraciones a la SVS admitió que poco y nada sabía de los proyectos mencionados en el texto, pues él es ingeniero en maderas y venía del área forestal de Schwager.
El artículo, sin embargo, surtió efecto inmediato. Esa misma tarde, la acción de Schwager subió a las estrellas y se produjo una venta inusitada de más de 100 millones de acciones en compra y venta.
En Schwager no se quedaron tranquilos. Despidieron al gerente y el nuevo contratado fue el publicista Francisco Zegers, de DDB, conocido en el ámbito de la publicidad como el "Duque", por sus elegantes modales.
El flamante presidente ejecutivo de Schwager anunció desde ese día en "Estrategia" y también en otros medios el boom de los bonos de carbono; nuevos contratos para el aditivo Chiss, con ENAP, con España. Anunció, por ejemplo, que vendió 30 mil litros del aditivo a una planta en Argentina (KMS) en 480 mil dólares.
La gente que leyó estas noticias nunca supo que la Municipalidad de Vallenar no cedió los terrenos para los cultivos, que la Corema rechazó los ductos y que el aditivo Chiss fracasó en las pruebas de laboratorio, salvo en una prueba en la Universidad de Chile, pagada por la propia empresa. También la ENAP se rehusó a fabricarlo y el comprador argentino quiso devolver el aditivo porque arruinó los motores, pero cuando llamaba a la empresa chilena le colgaban el teléfono.
LA CAJA CHICA
De acuerdo con la acusación de la Superintendencia de Valores, el 6 de septiembre, el dueño y director del diario "Estrategia", Víctor Manuel Ojeda, compró 58 millones de pesos en acciones de Schwager a tres pesos, a través de una sociedad. Después de la entrevista en "Estrategia" vendió sus acciones en 12 pesos. Ganó 183 millones de pesos.
La cinta clave de la entrevista se perdió y nadie sabe a ciencia cierta qué dijo o no dijo el gerente.
Muchos se hicieron ricos en esta "pasada", como se dice en la Bolsa. Un periodista de "El Mercurio" cuenta que un ejecutivo pidió 60 millones de pesos a un banco. Compró acciones a menos de 10 pesos y las vendió, casi antes de un mes, a 22 pesos. Pagó el préstamo y se compró una casa al contado. Él sabía.
En cambio, un empresario retirado del negocio de buses interprovinciales, que poseía un capital de 80 millones en distintas acciones, el primero de octubre de 2004 centró todo su dinero en papeles de Schwager, guiado por las ejecutivas de una corredora. Compró las acciones a 40 pesos, porque venían subiendo y podían llegar rápidamente a 100 en los días siguientes, tal como había anunciado "Estrategia". Ahora sus 80 millones sólo valen dos, y ¡bajando!
VOLVER A TRABAJAR
De las 835 sociedades y personas que perdieron parte o todo su dinero en Schwager, unos pocos anunciaron juicios indemnizatorios contra corredoras, la empresa y el diario "Estrategia". El caso de su dueño y director será visto por el Comité de Ética del Consejo Nacional de la Prensa (que no tiene poder resolutivo contra los medios).
En tanto, Ojeda tiene un plazo de 10 días, a partir de la notificación de la multa, para presentar un recurso de reclamación ante un juzgado de letras. De todas maneras, se prevé que el caso termine judicializándose y quizás lo más novedoso de todo esto es que los cargos de la Superintendencia de Valores contra los directivos y contra el director de "Estrategia" pueden terminar enviados al Ministerio Público. Con ello se iniciaría el primer gran juicio económico bajo la reforma procesal penal. LND