
La magia de estos rincones no se queda sólo entre los árboles y cerros de las islas. También se diluye en las aguas del Océano Pacífico, se mezcla con las fases del sol, y presenta en cada minuto del día un paisaje distinto... a veces similar a una obra expresionista, y otras lleno de la tristeza típica del anochecer en un lugar recóndito como lo es Chiloé.