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Jueves 12 de enero de 2006
Danilo Vega
Jorge Baradit es un diseñador grafico de 36 años que está todo el tiempo encerrado en un salón blancuzco, más parecido a un sanatorio que a una empresa de diseño. Las paredes blancas hacen rebotar los destellos de las pantallas Mac en las que se tipea todo el tiempo. Ojeras en eterna construcción cuyo fruto se convirtió en fetiche para los profesores de literatura norteamericanos que interrogaban a Alberto Fuguet por su "compatriota". "Era tal la excitación que provocaba la aparición de esta novela, un cruce, según una profesora, de 'los mitos del Chile profundo vistos con la mirada de la cultura trash', que fotocopias a color circulaban del nuevo descubrimiento de Ediciones B", escribe el cineasta en su blog.
El autor de esta novela acusa influencias cinéfilas porno-exóticas y murmullos místicos venidos de libros alucinados como los de Antonin Artaud o del nórdico Swedenborg. En "Ygdrasil" hay hordas de fanáticos religiosos dirigidos por un imbunche chilote, mexicanos corruptos hablando desde las entrañas, selknams destinados a corregir desequilibrios cósmicos, computadores injertados en la mente de un dios, fantasmas de la Segunda Guerra Mundial atrapados en un espacio inconsciente y ella, Mariana, la costra del sexo, la dulce drogadicta amenazada con convertirse en la heroína de esta historia. "Cuando la presenté a la editorial, pensé que era demasiado rara, políticamente incorrecta y distinta al mainstream (a lo usual). Cuando Andrea Palet la aceptó, me dio justo esas razones como las adecuadas para publicar".
OCÉANO MENTAL
-¿Cómo se crea "Ygdrasil"?
-Esta novela es una especie de tumor que tenía en el cerebro. Siempre he tenido la impresión que mi cabeza es un mar, un océano. Tengo tiburones adentro y el mar arrecia contra las paredes del cráneo. "Ygdrasil" se desarrolló como un animal absolutamente independiente a mí. Es como si todo lo que yo leía, todo lo que veía, todas las experiencias a las que me sometía se hubieran acumulado, como se van acumulando las semillas en el apéndice, y de repente esto generó un tumor que sí o sí tenia que eliminarlo. Curiosamente la novela se escribió en un lapso de nueve meses, así que este feto que flotaba en mi cráneo era más que una metáfora.
-En el libro hay mitologías budistas, hinduistas y chilenas ¿A qué se debe esa mixtura?
-Lo que ocurre es que América del Sur o América roja, es una cazuela que se está cocinando. Imagínate que nuestro país va a cumplir recién doscientos años, la estatua más charcha en una plaza romana tiene diez veces eso. Lo que refleja mi novela es la horrorosa cantidad de influencia a la que un país con poca identidad se ve sometido. En Chile, a diferencia de otros países latinoamericanos que tienen un acervo cultural más sólido, los indígenas estaban reservados a lo rural y las ciudades son unas construcciones nuevas permeables a la influencia.