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Lunes 23 de enero de 2006
Bruno Lesprit
Desde su muerte, causa de complicaciones con su diabetes ocurridas el 12 de septiembre de 2003 en Nashville (Tennessee), la gloria de Johnny Cash no ha hecho más que crecer. Es el único artista del género country que ha conquistado a un público joven (más bien inclinado al rock alternativo) con sus últimos discos, realizados en complicidad con el productor Rick Rubin.
Pero la leyenda va por más. "Walk the line" (2005), el filme biográfico sobre su ascenso artístico a mediados del siglo pasado, donde es interpretado por el taquillero actor Joaquín Phoenix (Gladiador), ha sido un éxito en las boleterías de su patria y está en buen pie para obtener un Óscar. Sin embargo, y a pesar de la inmensidad de la popularidad que goza su figura en EEUU, Cash -que vestía de negro, según sus palabras "por los pobres y los vencidos, los de la calle, los del hambre y de la desesperación"- sigue siendo un desconocido para el resto del mundo.
Por ejemplo ¿será atractivo para el espectador francés su romance con su segunda mujer, June Carter (encarnada por Reese Witherspoon), heredera de la más prestigiosa dinastía de la música country, que ocupa la segunda parte del filme? Mejor preguntarle a la hija del rockstar, nacida del primer matrimonio, Rosanne Cash: "Por definición", explica, "la historia de amor entre mi padre y June Carter es también la de la destrucción del matrimonio de mis padres. Vivian, mi madre, era una estricta católica formada en un medio conservador que no comprendía nada del mundo de mi padre. Cuando se hizo célebre se puso a consumir drogas, lo que la aterrorizó. Pero para mí es surrealista ver a una niñita de 4 años representándome en pantalla con una visión tan hollywoodense del sufrimiento. Es un filme unidimensional, que no puede abarcar en dos horas a un hombre tan complejo".
Un genio contradictorio
Felizmente, "Walk the line" ("En la cuerda floja") viene acompañada por una avalancha de producciones fotográficas y bibliográficas del personaje. Entre ellas, "Cash", una autobiografía publicada en 1997 que anula y reemplaza al megalómano "Man in Black" de 1975. Al revés de su amigo Bob Dylan, Cash no se disimula tras cortinas de humo. Su tono fue franco y directo, sin embargo, nunca dejó de cultivar todas las paradojas, encarnando los aspectos más seductores y detestables de Norteamérica.
"Se opuso a la guerra de Vietnam, pero cantó para las tropas", recuerda Rosanne, como la introducción hacia la complejidad de un hombre que se mostraba pacifista en sus discursos, mientras coleccionaba armas de fuego y que defendía la causa indígena, pero le fascinaban los cowboys.
El libro "Cash" permite descubrir un hombre nómade en gira y propietario inmobiliario en Jamaica, un personaje al estilo de Hemingway, pescador y cazador de cocodrilos. El libro comienza con una exposición genealógica. De hecho, en su nuevo álbum, Rosanne Cash dedicó una canción a "The Good Intent", nombre del barco del primer norteamericano de la familia, William Cash, que trasportaba a los puritanos a través del Atlántico. La saga familiar se convierte luego en una historia sudista en los campos de algodón de Arkansas, con Cash relatando en detalle el duro trabajo de la cosecha.
Tras el éxodo rural, la leyenda se pone en marcha: servicio militar en Alemania, instalación en Memphis y encuentro con Sam Phillips, jefe de "Sun Record" y descubridor de Elvis Presley.
La autobiografía revisa sus inicios con los "Tennessee Two", inventores del "Boom-chicka-boom". Muy distinto a lo que fueron sus últimos acordes con preciosismos de guitarras, piano, órgano y armónica, concebidos por un joven productor de rap y metal, Rick Rubin. Éste describe a Cash, con ocasión de su encuentro en 1993: "Era el último hippie, calvo en la parte de arriba del cráneo, pero con cabellos que le llegaban hasta los hombros, una barba que parecía no haber visto jamás una peineta (lo cual era efectivo) y más desaliñado que un mendigo".
El rock de la cárcel
En ocho años, el patriarca y el vagabundo grabaron cuatro discos que trastornaron a toda la audiencia. Básicamente versiones de Sting; Depeche Mode; U2 y Nine Inch Nails con el simbólico tema "Hurt", editado antes de su muerte (video clip incluido). "El olvidado de Nashville se había convertido en un ícono de moda", se divertía diciendo Cash, con plena conciencia de que ese era su segundo gran retorno.
El primero se produjo en 1968-1969 cuando Cash, en contra de la opinión de su sello discográfico, Columbia, grabó en las prisiones de Folsom y San Quentin, álbumes que se convertirían en súper ventas. "Siempre me ha parecido irónico que aquellos conciertos, con los presos y yo entendiéndonos como hermanos en la rebelión, hayan amplificado mi potencial comercial, al punto que la ABC me juzgó digno de tener mi propio programa semanal de TV", recordaba. El rebelde con inclinaciones autodestructivas y de reputación sulfurosa fue punk antes de tiempo y escribía en sus Folsom Prison Blues: "Maté a un hombre en Reno, sólo por verlo morir...". Tragaba miles de píldoras y destruía habitaciones de hotel a golpes de hacha.
En las disquerías, las obras de Johnny Cash se encuentran en la sección country, lo que es un error según Rosanne Cash: "Recorrió todos los géneros, folk y gospel, rockabilly y pop. Es el único cantante que está presente, a la vez, en el Rock'n'Roll Hall of Fame, en el Country Music Hall of Fame y en el Songwriters Hall of Fame". Más que ningún otro, Johnny Cash encarna la canción norteamericana.
Le Monde
(The New York Times Syndicate)