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El anunciado adiós del Papa negro

El general de los jesuitas, el holandés Peter-Hans Kolvenbach, dimite voluntariamente por primera vez. La presión vaticana obligó a renunciar al anterior, Pedro Arrupe, de visión más postconciliar.

Miércoles 8 de febrero de 2006

María-Paz López

El general de los jesuitas, congregación fundada en 1534 por San Ignacio de Loyola, goza de un sobrenombre significativo: le llaman el Papa negro, porque su cargo es vitalicio, como el del Pontífice, y porque viste la sotana oscura de la Compañía de Jesús. La semana pasada se produjo un hecho insólito en los casi cinco siglos de historia de esta orden religiosa: su general, Peter-Hans Kolvenbach, obtuvo del Papa el permiso para convocar a principios de 2008 la asamblea que elegirá a su sucesor. En la práctica, se trata de una dimisión voluntaria, algo nunca visto en las filas de la congregación, que cuenta con casi 20 mil religiosos en todo el mundo.

En una carta fechada el 2 de febrero, el padre Kolvenbach dice a los jesuitas que "después de haber obtenido el consentimiento de Su Santidad Benedicto XVI, he escuchado los pareceres de los asistentes y provinciales de toda la Compañía (...) El parecer unánime de todos ellos indica que debe reunirse una Congregación General para poder proveer al gobierno supremo de la Compañía". Kolvenbach convocó para el 5 de enero de 2008, en Roma, a la 35ª Congregación General, organismo supremo de gobierno de la Compañía que, a diferencia de otras órdenes religiosas, no se reúne periódicamente, sino sólo a la muerte del prepósito general (o si está totalmente incapacitado) o para asuntos de altísima importancia. Kolvenbach, que en 2008 cumplirá 80 años, ya había solicitado en 1995 a Juan Pablo II que le dejara ir pero sin resultado. Benedicto XVI le ha dado finalmente el visto bueno.

La Compañía de Jesús ya había conocido la dimisión de un general, pero no como la de Kolvenbach, ligada a la edad y a la salud. En 1981, el entonces carismático prepósito, el español Pedro Arrupe, se sintió obligado a renunciar consciente de que no agradaba en la Santa Sede el modo cómo la Compañía comulgaba con la lucha política de los pobres en Latinoamérica, donde muchos jesuitas postconciliares simpatizaban con la Teología de la Liberación. Arrupe, en el puesto desde 1965, había sufrido una embolia, lo cual ayudó a la decisión de promover un relevo. Juan Pablo II nombró a dos jesuitas italianos, Paolo Dezza y Giuseppe Pittau, delegados en la orden hasta que en 1983 se celebró la Congregación General, que eligió a Peter-Hans Kolvenbach.

Holandés, cultísimo, políglota y experto en el Medio Oriente, Kolvenbach ilustra bien el carisma de esta orden, exigentísima en la selección de candidatos, abocada al rigor intelectual, empeñada en conjugar con armonía fe y razón, y muy implicada en la misión evangelizadora. Motor de la Contrarreforma en el siglo XVI, la Compañía presenta una especial característica: además de los votos de pobreza, castidad y obediencia, los jesuitas realizan un voto especial de obediencia al Papa, que puede enviarles a cualquier lugar del mundo y con cualquier misión que considere útil para la Iglesia católica. Este carácter genera paradojas, analizadas por el escritor italiano Alberto Melloni: "Por un lado, está la obediencia al Papa, practicada con un rigor que enorgullece justamente a los jesuitas; y por otro, esta misma entrega absoluta a la causa del Papa convierte a la Compañía en incubadora de tensiones, pulsiones y visiones que llegan al resto de la Iglesia años después".

Ejemplo de tensiones, relacionadas en aquella ocasión con el poder e influencia política de los jesuitas en Francia, España y Portugal, cuyos monarcas acabarían expulsándoles de sus dominios: en 1773, el Papa Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús, que fue restaurada en 1814 por Pío VII. Más recientemente, las tensiones entre Curia romana y jesuitas ensombrecieron el pontificado de Juan Pablo II y el generalato de Kolvenbach ha tenido también sinsabores. En 1997, el jesuita francés Jacques Dupuis, que había sido misionero en India, sugirió en su libro "Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso" que Dios trabaja también mediante otras religiones además de la cristiana, lo que no agradó al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y actual Papa, Joseph Ratzinger. Dupuis, fallecido en diciembre de 2004, fue apartado de la docencia.

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