
Viernes 10 de febrero de 2006
ALFRED REXACH
El sol de la popularidad y la aceptación social vuelve a brillar para el Presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, después del escándalo de corrupción que afectó al Partido de los Trabajadores (PT), que le da sustento. En una encuesta publicada por el influyente diario "Folha" de Sao Paulo, Lula recibe una aprobación general a su Gobierno, gracias a que un 36% de los entrevistados consideran que su gestión está siendo óptima o buena, frente a un 23% que califica la califica de mala o pésima.
La encuesta, realizada por la firma Datafolha entre los días 1 y 2 de febrero, recogió las opiniones de 2.590 personas, con un margen de error de 2 puntos porcentuales. En la anterior muestra, un 29% de los encuestados rechazaba la gestión del Ejecutivo presidido por Lula da Silva y sólo un 28% le daba su aprobación. Antes de la crisis, desatada en junio del 2005, el índice de aceptación del Mandatario era también del 36%.
De nuevo son las clases populares y aún los más desfavorecidos los que prestan mayor apoyo a Lula da Silva. El anuncio de un incremento del salario mínimo, de 300 a 350 reales (de 93 a 180 dólares), la inauguración y las visitas a varias obras de interés social y una oportuna y bien cuidada entrevista en el programa "Fantástico", de la cadena TV Globo, al parecer han contribuido a la recuperación de la imagen positiva del gobernante brasileño.
FUTURO INCIERTO
Sin embargo, la intención de voto futuro no resulta tan halagüeña para Lula. Sus dos posibles rivales para la elección presidencial en el 2006, el alcalde de Sao Paulo, José Serra, del Partido Socialista Democrático de Brasil (PSDB), y el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckim, se mantienen peligrosamente cerca y en una hipotética segunda vuelta Serra resultaría vencedor según las encuestas.
Lula y Serra quedarían en situación de empate técnico (33% frente a 34%) en la primera ronda, pero en la segunda vuelta, el alcalde paulista toma una ventaja clara de 8 puntos, 49% frente a 41%. Los votantes del PSDB han mostrado también sus preferencias por Serra frente a Alckim.
Tras una sucesión de escándalos, con denuncias de corrupción probada, que afectó al Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva se vio obligado, en agosto, a comparecer ante el país pronunciando un dramático discurso, en el que pidió perdón asegurando que desconocía las prácticas ilegales descubiertas en una severa investigación policial y parlamentaria. Un sondeo realizado horas antes de su aparición televisada, revelaba que la popularidad de Lula había caído en picada y que no sería capaz de renovar su cargo en una nueva cita electoral.
"No me avergüenza reconocer al pueblo brasileño que hemos de presentarle nuestras disculpas, que el Gobierno y el PT han de disculparse", dijo Lula. "Yo me siento traicionado por prácticas inaceptables, de las que yo no tenía conocimiento", aseguró el Presidente en referencia a las revelaciones en cascada contra el PT.
PROFUNDA HERIDA
Lula llegó a la Presidencia de Brasil en el 2002, gracias a sus promesas de que el PT aportaría honradez a la política brasileña. "El PT fue creado precisamente para reforzar la ética en la política y para estar al lado de los pobres y de las clases medias de nuestro país", dijo Lula, un metalúrgico ex sindicalista, que fundó el PT 25 años atrás.
La crisis se inició a partir de los sobornos de hasta 8.000 dólares mensuales, entregados a diputados de otros partidos, para que respaldaran con sus votos las decisiones gubernamentales, de pagos bajo la mesa efectuados por empresas para conseguir contratos y de un mercado negro de cargos en empresas estatales para quienes ayudaban al PT.
Así, el ex diputado Valdemar Costa, presidente del Partido Liberal, afirmó que esa fuerza política apoyó a Lula en las elecciones del 2002 por dinero y que éste lo sabía. Costa, que en agosto renunció al mandato de diputado federal a causa del escándalo, declaró a la revista "Época" que el PT pagó diez millones de reales (2,5 millones de dólares) al Partido Liberal por su apoyo, atribuyendo la acción a José Dirceu, mano derecha del Presidente con el que fundó el PT.
La dimisión en junio de Dirceu, jefe del Gabinete de Lula, fue el inicio de la gran crisis, que, entre otros, acabó con el presidente del PT, José Genoino, y con el tesorero, Delubio Soares. El cerco sobre el Mandatario brasileño se agravó cuando Duda Mendonca, la publicista encargada de la campaña presidencial de Lula y del PT en las generales del 2002, reconoció que el partido le había pagado sus servicios a través de una cuenta corriente en las Bahamas, un paraíso fiscal.
Compungido ante las cámaras de televisión, Lula se mostró enérgico al desmentir cualquier implicación personal, aunque admitió ser "consciente de la gravedad de la crisis política, que ha herido a todo el sistema de partidos brasileños".
Ahora Lula parece recomponer su imagen, pero roto su idilio con el pueblo, persisten las dudas de si conseguirá renovar el cargo para un segundo mandato.
© La Vanguardia
(The New York Times Syndicate)