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"Nunca fui la niña perfecta"

Esta periodista empezó su camino televisivo como practicante de TVN para luego incorporarse a Chilevisión. La pueden ver todas las noches junto a Fernando Paulsen en Última Mirada. La miramos y en ella encontramos a una chica de 29 años, más guapa fuera de la pantalla que dentro, hija única, de papás separados, que creció en el barrio de Independencia junto a su mamá.

Domingo 19 de febrero de 2006 + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

De chica estudió en colegio de monjas, ¿qué le queda del hábito blanco? La oración. En su muñeca izquierda se agita una medalla de San Benito. Camina y la piropean. Y ella va despacio, como preparada desde pequeña para aparecer en televisión. Aclara, por si acaso, que no le gustaría conducir El Termómetro porque lo de ella es reportear en la calle. Hablamos de periodismo, porque es la profesión que la acuesta todos los días a las tres de la mañana. Sin ojeras, ¿cómo lo hace? Vaya uno a saber. "De nada más puedo hablar que no sea de periodismo, porque trabajo en prensa, presento las noticias a la gente y el tema de la credibilidad que hay detrás es muy fuerte".

-¿Cómo entraste al canal?

-El año 2001 hice la práctica en el 7 y por ahí me tocó hacer un móvil, me vio una productora de Chilevisión. Fue como una cadena de suerte, terminé mi práctica y a los dos meses me llamó para un reemplazo. Después de esos tres meses me dejaron otro rato sacando cuñas, para luego hacer entrevistas, notas, después reportajes, luego los móviles y cuando llevaba un año en El Termómetro me llamaron de prensa, estuve medio año y después me pasaron a la noche con Fernando Paulsen. Con él ya llevo tres años.

-¿Y cómo es trabajar con Paulsen?

-Súper grato, porque no es una persona que está pendiente de las cosas editoriales al punto que te moleste. Él pregunta durante el día lo que hay y punto, a mí jamás me ha revisado una nota. Uno de repente puede pensar que es un personaje mañoso, pero es bastante generoso, a mí me ha dado mi espacio, de hecho he tenido la posibilidad de reemplazarlo varias veces cuando él no está. Me sorprende de él que si un día tú estás conversando y dices la palabra física cuántica, te puede dar cátedra de cinco horas porque es experto en física cuántica, y tú no tienes cómo pillarlo, hacemos round de información, y siempre me gana. Es un tipo que sabe de todo.

-¿Cómo es tu día laboral?

-Llego a las cuatro, salgo a reportear, edito notas para el día, preparo mis notas para Última Mirada y a veces me quedo escribiendo los reportajes del central hasta las cuatro de la mañana.

-Trabajas mucho, eres un rostro bien especial.

-Yo no me considero rostro, en ningún caso.

-¿Por qué no?

-Porque siento que soy más periodista que rostro.

-Los que leen noticias sólo ponen la cara.

-Es como tú dices. Un rostro es una persona que llega, se sienta, pone la cara, lee noticias y se va y eso a mí no me pasa.

-¿A qué hora termina tu día?

-Última Mirada generalmente termina como a la una y media, nosotros nos quedamos a una breve reunión de pauta y nos vamos cerca de las dos de la mañana.

-Y el pololo, ¿a qué hora?

-No, no estoy pololeado.

-Te cuesta desconectarte.

- Sí, llego a mi casa de madrugada, prendo el computador, leo las noticias de otros lados donde ya amaneció y cuando me despierto tengo el computador enchufado, lo primero que hago antes de estirarme es revisar el notebook. No me desconecto nunca, estudio mucho, a veces estoy en la mañana cocinando, me llaman y me dicen que Lucía Pinochet está detenida y tú sabes que a las tres de la tarde tienes que hacer un extra de dos horas, entonces no puedes decir sigo viendo el canal Gourmet. Además todo lo que tú informas depende de ti, a mí jamás un editor me ha dicho "oye Mónica, di esto". Cuando estuve de vacaciones en República Dominicana me enteré que detuvieron a Paul Schäefer y me pegaba cabezazos.

-¿Qué te gusta hacer aparte de esto?

-Me gusta harto cantar en karaoke, me fascina y soy súper ochentera, no me ubico mucho con la música moderna. Soy súper de ir a ver a mi familia, mi mamá, su marido, mi perro, me gusta la onda de casa, tomar un pisco sour, no soy de carrete.

-¿Qué opinión tienes de los periodistas que hacen publicidad de multitiendas, como Macarena Pizarro y Soledad Onetto?

-Mira, yo no estoy en contra de nada, cada caso es súper personal.

-¿Aceptarías si te lo ofrecen?

-No.

-¿Ni por muchísima plata?

-Sé que es mucha plata y de verdad te tienta, pero también siento que uno es periodista y reporteando puedo encontrar un problema o una investigación que involucre a esa multitienda y con qué cara voy a decirle yo a la gente en la casa que pasó tal cosa si a mí la empresa me paga 30 o 40 millones de pesos por promocionarla. Hay cosas en esta pega que uno no puede aceptar.

-Es contradictorio esto porque te esfuerzas en mantener un bajo perfil cuando existen muchas periodistas que sólo aspiran a ser rostro.

-Es que, ¿sabes qué?, puede parecer súper cliché pero no lo es, el trabajo de un periodista es anónimo y la gente que piense lo contrario está equivocada. Yo nunca voy a ser la protagonista de una historia, trato en mis reportajes de nunca poner un insert mío y sé que mucha gente hace todo lo contrario. El rol del periodista es contar algo, informar a la gente y no probarte a ti mismo que eres capaz de hacerlo.

-¿Siempre fuiste tan matea?

-En el colegio nunca fui matea.

-¿Cómo eras?

-Me peleé mucho con mi mamá por el colegio donde estudié, era de monjas, muy estructurado, donde tu parte creativa no era lo que más te desarrollaba. Me enseñaban a bordar, tenía ramos de economía doméstica, siempre luché porque me cambiaran a un colegio mixto, no entendía por qué una mujer tenía que estar separada de un hombre y mi mamá nunca lo entendió y nunca me sacó del colegio. En sexto o séptimo básico me vino la rebelación, no quería entrar a clases, pasaba condicional, me portaba muy mal, una vez puse témpera roja en una jeringa y se lo tiré a la monja con hábito blanco y después por enseñarle a mis compañeras a bailar rap me mandaron a la oficina. Nunca fui la niña perfecta.

-Siempre queda algo de monja luego de haber estado tanto tiempo con ellas.

-Síiii. Rezo mucho, me quedó el hábito de que hay un ser superior y de que la oración te ayuda mucho. De liberal tengo súper poco. En las relaciones de pareja no soy la tipa liberal, pero tampoco la Elvira sometida, me considero clásica.

-¿Te gusta viajar?

-Soy muy mala para viajar, pero soy de las que no puede llevar una mochila, armo una maleta con toda la ropa del ponte tú y el por si acaso. Voy por una semana y me llevo toda mi casa, más secador, plancha del pelo. Todo. Soy bien fifí.

-¿Cómo administras las arrugas?

-Uso mucha crema de caracol. Ojo, que no es la que venden en el "Llame ya". Compro una que hace una amiga en su parcela con sus caracoles.

-Es ingrata la tele en la forma de como trata a los periodistas.

-Tengo claro que si hubiese estado en otro canal más grande ni siquiera me habrían probado. Por otro lado, veo desde afuera que a los periodistas que se sacan la mugre en la calle les cuesta mucho llegar a sentarse a leer.

-¿Te hubiese gustado conducir El Termómetro?

-No. Siento que para estar en un programa como ése hay que tener harto camino recorrido y en ese sentido soy súper realista y humilde. Yo no lo tengo.

-¿Qué pasa con las envidias?,¿te sientes envidiada?

-Dicen que sí, pero creo que se da en todas partes, en grupos de mujeres también. Tengo grandes amigas en este canal y me imagino que debe haber gente que no me pasa, como en todos lados, pero yo vengo, hago mi pega y me voy.

-Chascarros.

-Lógico, me pasó una vez que estaba en el Parque Forestal haciendo un móvil, pasó un tipo en bicicleta y me agarró el trasero, estaba en vivo y me levantó, quedé así como ¡oh!

-¿Alguna mujer periodista que te provoque?

-Yo destaco a la Maca Pizarro porque es súper profesional, o sea en el nivel que ella está, es súper soldado. Ahora que está preparando su matrimonio, ella viene, lee las noticias, se prepara, me gusta esa capacidad de enrolarse en la pega. De otros canales me gusta mucho Sole Onetto, es atípica porque recibe a los invitados como si estuviese en el living de su casa, es rompehielos.

-¿Y Consuelo Saavedra?

-Ella sabe mucho, pero no tiene la calidez de la Sole, es dura en leer, entrevistar, me quedo con lo cálido, no siento la necesidad de que un entrevistado se sienta que está en el pelotón y que tú le vas a disparar.

-¿Fumas?

-Una cajetilla diaria.

-¿Alguna auocrítica?

-Mucha, por ejemplo he tenido que trabajar mucho la fonoaudiología, un amigo me decía que leía muy rápido y yo decía "mentira". He tenido no sé si la fortuna o el error de grabar la mayoría de las cosas que yo hago. Soy patética, me reviso.

-¿Y la ropa?

-Una gran inversión, gasto mucha plata en ropa

-Te pagan bien.

-Es tan difícil que te responda eso, porque no sé cuánto gana el resto. Junto a Claudio Salinas y Karina Álvarez estamos en la calidad de rostro emergente, no tenemos canje.

-¿Te molesta cumplir 30 años?

-No, le tengo más miedo a la crisis de los cuarenta. Porque es una etapa que uno se pregunta ¿he hecho lo que he querido hacer? ¿Me caso? ¿Tengo hijos? Es como trágico. A los treinta se mira hacia delante. Además es ingrato que cumples cuarenta y aunque te quieran te sacan, hace poco tiempo estuvo Bárbara Walters, una mina que tiene más de setenta años, que es líder en su país, aquí después de los cuarenta no te queda otra que esconderte en las relaciones públicas.

-Fue el caso de Susana Horno.

-Con ella me tomé la leche con plátano en las mañanas por muchos años.

-O Cecilia Serrano.

-A mí me da rabia porque eso no sólo pasa con los periodistas rostros sino que también con los periodistas que salen a reportear a la calle, dime tú cuántos colegas vemos nosotros en La Moneda de cuarenta años, y lo ves y dices pobrecito, anda reporteando.

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