
Martes 28 de febrero de 2006
Estimado David:
Hay dos razones por las que debemos abandonar el petróleo y, a primera vista, se contradicen. La primera: se acaba. Segunda: no podemos costear su uso. ¿Cuándo se acabará? Mucho depende de cuándo ocurra el punto tope, o sea, el punto más alto de producción. El Departamento de Energía de Estados Unidos, así como la mayoría de las empresas petroleras, dicen que todavía falta mucho para que llegue ese momento. Creen que quedan entre dos y 2,7 millones de millones de barriles de crudo convencional en depósitos conocidos y descubrimientos previsibles. En el otro extremo, están los que creen en un tope temprano, como la Asociación para el estudio del punto alto del crudo y gas, que calcula que esa cifra equivale a un millón de millón de barriles. En las sociedades que dependen de un creciente flujo de crudo barato, la diferencia es mayor.
Si quedan entre 2 y 2,7 millones de millones de barriles, el punto de tope se alcanzará entre 2020 y 2040, por lo que habrá tiempo para prepararse. Si queda un millón de millón de barriles, el punto de tope está cercano a 2008, con un margen de error de unos dos años, más o menos, y no habrá suficiente tiempo para hacer la transición a una energía alternativa sin un trauma económico. Esta manera de ver el crudo presume que podemos seguir quemándolo mientras lo encontremos y extraigamos, y muchos geólogos, la mayoría de los economistas y todos los analistas financieros lo suponen. Están equivocados. No será por al calentamiento global. El calentamiento absoluto puede hundirnos en una nueva depresión, para qué hablar de sus efectos en los ecosistemas. La pregunta clave es: ¿seremos capaces de sustituir el crudo y otros combustibles fósiles al ritmo adecuado para evitar la calamidad económica resultado de una crisis de crudo, una crisis climática, o ambas?
Ejemplos a pequeña escala muestran lo que se podría haber hecho para desplazar el uso de los combustibles fósiles desde los '90. La Municipalidad de Woking ha recortado las emisiones de CO2 en 77% desde 1990, usando una estrategia híbrida: generación local de electricidad, energía solar y eficiencia energética. La visión del Gobierno es que con este enfoque "podríamos conseguir un sistema energético que virtualmente no utilice carbono a largo plazo... es tecnológica y económicamente factible". De hecho, hay un miembro de la familia de las energías renovables capaz de aportar de manera importante: "La energía solar sola podría satisfacer la demanda mundial por energía usando menos de 1% de la tierra actualmente bajo cultivo y usada para tierra de pasto".
Basándose en ejemplos de este tipo, los optimistas en las industrias de las energías renovables creen que nuestras tecnologías, en conjunto con la energía eficiente, podrían abastecer de energía al mundo entero dentro de 10 a 20 años si se le otorga la importancia política que se dirige a la lucha contra el terrorismo. (¿Por qué no? Tal como lo ha expresado David King, científico jefe del Gobierno británico, la amenaza que presenta el calentamiento global es mayor que aquella que presenta el terrorismo). Pero no podremos llenar la brecha en cuatro años. Si los que predicen un punto alto temprano tienen razón, la diferencia entre las expectativas y la disponibilidad del abastecimiento del crudo será tal que ninguna combinación de gas, renovables, carbón o energía nuclear podrá cerrar la brecha a tiempo como para frenar la dislocación económica. Tendremos problemas importantes, independiente del calentamiento global.
Entre las ruinas de la antigua infraestructura energética, el tema del agotamiento del crudo y del calentamiento global confluirán a medida que muchos países intentarán buscar la solución en las vastas reservas globales de carbón. La energía renovable, en conjunto con una mayor eficiencia, empezará a sustituir el petróleo y el gas y crecerá en forma dramática, independiente de lo que ocurra. El que este crecimiento se registre en lugar del crecimiento del carbón, y no en conjunto con el carbón, determinará la capacidad de supervivencia de economías y ecosistemas ante el calentamiento global. Si los que predicen un tope temprano tienen razón, veremos que pronto llegará el momento de aminorar los daños. Yo creo que tienen razón.
Atte., Jeremy
Estimado Jeremy:
Claro está que existe una gran variedad de opiniones en torno al tema relacionado con cuándo, precisamente, los depósitos globales de petróleo llegarán a su punto más alto. Se debe a la incertidumbre involucrada en calcular la cantidad de petróleo que podrá ser extraído de depósitos conocidos. Un cálculo tentativo señala que el mundo ha consumido un millón de millones de barriles y que queda otro millón de millones más. Si eventualmente se producen 1 ó 3 millones de millones depende en parte de la tecnología. Lo más importante es el asunto de "recuperación adicional": la mayoría de los depósitos son abandonados cuando aún les queda más de la mitad del crudo debido a que no es económico extraerlo, pero las nuevas tecnologías podrían hacer más económica la extracción de un 60 ó 70%. También podrían facilitar la extracción de petróleo pesado y alquitrán y mejorar los métodos de exploración en todas las futuras cuencas del mundo.
Pero las naciones productoras necesitarán voluntad política para implementar estas tecnologías. Suponiendo que ocurra esto, los analistas sugieren que la fecha del punto más alto de producción, basado en las actuales tasas de consumo, se ubica entre 2020 y 2040. La capacidad de producción, o sea el nivel diario de extracción de los pozos existentes, es algo distinto. La demanda global actual es de unos 80 millones de barriles al día, mientras que la capacidad es de unos 81 a 82 millones. Este "amortiguador" global de sólo 1 a 2 millones de barriles contribuye al nerviosismo del mercado y los actuales precios altos. Refleja el reciente y rápido crecimiento de la demanda, particularmente de China, y la ausencia de inversión en nueva capacidad en el Medio Oriente. No obstante, si se llevan a cabo a tiempo los planes de desarrollo, es posible que esta década el amortiguador suba a 5 millones de barriles, cifra con la cual el mercado se siente cómodo. Pero hasta esa fecha, los precios probablemente permanecerán altos.
Durante al menos los próximos diez años, cualquier restricción en el suministro tendrá menos que ver con la geología o la ingeniería que con la economía o la política. Aumentar en forma repentina su capacidad no necesariamente sea un beneficio para los países como Arabia Saudita, que actualmente produce casi 11 millones de barriles al día. Sin embargo, está claro que a largo plazo, simplemente no existe suficiente petróleo para que eventualmente países como China e India consuman tanto como lo hacen Estados Unidos y Europa en la actualidad. En los próximos 30 años, un ajuste importante en los combustibles para transporte y eficiencias será necesario.
Una vez que el depósito de petróleo global alcance su punto más alto, el impacto en el mercado será progresivo, no súbito. La demanda se reducirá como consecuencia de los precios en alza, tal como ocurrió a fines de los '70. La producción alcanzará un nivel fijo por unos años y los consumidores se concentrarán en mejorar la eficacia, un ámbito que ofrece muchas posibilidades de éxito sobre todo en materia de transporte -el primer usuario de petróleo- y los proveedores responderán con más extracciones y una producción eficaz. La industria también producirá más petróleo de gas natural y posiblemente de carbón. Éste ofrece una ruta hacia el hidrógeno sin emisiones por medio de la nueva generación de centrales eléctricas de gasificación integrada con ciclo combinado (IGCC). El carbón es una ruta al transporte libre de emisiones mediante la conversión al hidrógeno; y aún queda mucho carbón.
La gran capacidad para moderar nuestro derrochador consumo nos otorga la oportunidad de crear un "suave aterrizaje" en un mundo que paulatinamente reduce su producción de petróleo. Cada vez que la industria señala la gran cantidad de combustibles fósiles que aún quedan, sobre todo de carbón, a menudo se pronuncian oscuras predicciones de calentamiento global. Esta preocupación es desacertada. No existe un problema técnico al separar el CO2 en el proceso de combustión y al "devolver el carbono" en forma de CO2 líquido a profundas formaciones subterráneas, un proceso conocido como secuestro. Las formaciones geológicas debajo del Mar del Norte central ofrecen a Europa una enorme cuenca que debería ser capaz de almacenar CO2 líquido a largo plazo. Si los consumidores están dispuestos a pagar los costos adicionales, los que actualmente equivalen alrededor de 0,2 dólares/KwH, y existe un marco legislativo claro para las empresas, entonces la energía libre de emisiones proveniente de combustibles fósiles fácilmente se podría convertir en una realidad dentro de cinco a diez años. La energía renovable no es la única ruta disponible. Los combustibles nucleares y fósiles con captura y almacenamiento de carbono son igualmente válidos.
Si lo que deseamos es un medioambiente con energías de bajas emisiones, debemos brindar a los usuarios alicientes adecuados. Eso significa no penalizar el consumo. Los consumidores deberían tener la opción de elegir. Existe una tendencia a proscribir los medios en lugar de describir el objetivo y permitir que el mercado determine cómo llegar ahí. En cuanto a la energía doméstica, el Gobierno británico podría, por ejemplo, pagar a los proveedores para que ofrezcan una devolución de 20% por una reducción de 20% en el consumo. Esto atraería la atención del consumidor. Pero si los consumidores desean mantener sus actuales tasas de consumo, debería permitírseles esta opción y se les debería cobrar el costo extra de energía libre de emisiones. Existen varias formas de lograr el futuro de bajo carbono, establecido en el libro blanco de energía del Gobierno publicado en 2003. Es probable que ninguna de estas se pueda lograr sin un aumento en los precios de la energía y altos niveles de inversiones. La tortuosa naturaleza del proceso de toma de decisiones y ejecución de proyectos, particularmente en lo relativo a la aprobación de planes, significa que somos capaces de crear una escasez nosotros mismos. No obstante, salvo en el caso de una importante disrupción política, no hay razón para preocuparse excesivamente acerca del abastecimiento futuro de la energía.
Atentamente, David Jenkins.
La segunda parte del artículo será publicada mañana miércoles.