
Viernes 3 de marzo de 2006
Antonio Valencia
Había que actuar rápido. Apenas se enteraron del nombre y la ubicación exacta del buque que trasladará hasta Uruguay -vía estrecho de Magallanes- la carga que durante 19 días fue imposible ingresar por tierra debido al bloqueo de fronterizos puentes y la expresa prohibición de Argentina, en Greenpeace Chile organizaron la operación coordinados perfectamente con su homónimo trasandino.
Una fuente interna de Botnia, la empresa finlandesa que construye una de las plantas de celulosa más grande del Cono Sur, pasó el dato a Greenpeace-Argentina: en secreto, todos los camiones chilenos que no pudieron trasladar hasta Fray Bentos los materiales destinados a las obras, se devolvieron a Chile y se fueron a Talcahuano para depositar la carga en un barco aún no identificado. "Hicimos un seguimiento y anoche (miércoles) dimos con la nave. A primera hora de hoy (ayer) partió nuestra acción", cuentan en las oficinas ecologistas.
Dos zodiac y siete activistas armados con rodillos de largo alcance, pintura, lienzos y cuerdas salieron desde las playas de Penco, Octava Región. "Tardamos unos cuarenta minutos en llegar hasta el buque. Empezamos a pintar 'No + papeleras', subimos a la parte baja del barco y extendimos lienzos que decían 'Botnia = contaminación'. Todo duró cinco horas hasta que la Armada no pidió que nos retiráramos", cuenta Rita, una de las activistas chilenas. "No, yo, no, fue Cony la que se encadenó al ancla", advierte.
Constanza Jana estudia arquitectura de la Universidad Andrés Bello. Tiene 24 años y hace años que "milita" en Greenpeace-Chile. "Estuve como una hora colgando. Me amarré al ancla y extendí un lienzo. Nunca había hecho algo así. Igual fue más o menos fácil", cuenta. Al igual que sus compañeros, exige la producción limpia de celulosa. Saben bien lo que ocurrió con Celco, respaldan la causa ambientalista argentina y batallan contra los argumentos del gobierno uruguayo.
El lío desatado sobre la zona cruzada por el río Uruguay -frontera natural entre las dos naciones- sumó ayer otro capítulo diplomático. El Presidente de Argentina, Néstor Kirchner invitó a su par de Uruguay, Tabaré Vázquez, a "encontrar una solución inmediata" al diferendo), solicitando la suspensión de las obras durante 90 días. Desde la República Oriental ya se escuchó el "no, no podemos". (Más antecedentes en página 13).
Rita y Cony se enfurecen. "Tenemos el derecho de vivir libres de contaminación. No queremos más contaminación en el Cono Sur. El problema de la celulosa ya es un tema regional. Ahora el barco sigue rumbo hacia el Atlántico y es necesario que la prohibición terrestre que emitió Argentina para el ingreso de estos materiales para las plantas se extienda hasta su territorio marítimo", apuntan. Esto no va a parar, advierten. "La campaña continúa".