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Martes 7 de marzo de 2006

Según los especialistas, una depresión provoca la ausencia de neurotransmisores que hacen que las plaquetas se adhieran y formen coágulos en la sangre, muy perjudiciales para la salud, especialmente en edades avanzadas.

Estudio indica que pena por enviudar puede llevar a la muerte
Morir de amor

La depresión posviudez en la tercera edad puede resultar fatal. Así lo afirma una investigación que establece que los varones son los más propensos al deterioro físico tras la muerte de su pareja. Y es que la tristeza produce mayor secreción de sustancias que suben la presión, potencial causa de infartos. Morir de pena es más habitual de lo que se cree.



La Nación

Diego Corvera

Después de décadas de convivencia una pareja puede lograr forjarse en conjunto y dejar de lado las individualidades. Pero para lograr tal estado de comunión se necesita pasar prácticamente una vida juntos. Es entonces cuando la viudez en el adulto mayor puede ser una verdadera bomba para quién repentinamente queda solo. Dependiendo de cómo se estructuró la relación en los años, las consecuencias de la pérdida puede desembocar en la propia muerte.

Así lo revela un estudio publicado en “The New England Journal of Medicine”, realizado durante nueve años sobre 518.240 parejas mayores de 65 años en Gran Bretaña. La investigación señala al hombre como el más expuesto al deterioro, con un 21% de mayor riesgo de muerte, frente a un 17% de la mujer.

“Es muy difícil ver que la persona que se ama está enferma. Cuidarla es arduo y afecta nuestra salud”, comentó Nicholas Christakis, de la Facultad de Medicina de Harvard y uno de los autores del amplio estudio.

Para este experto el viejo dicho “se murió de pena” es más cierto de lo que imaginamos. La pena produce mayor secreción de cortisol, de adrenalina y otras sustancias que elevan la tensión arterial, dañan las arterias y pueden producir infartos de miocardio o accidentes cerebrovasculares.

Vacío y soledad

Hasta el momento se sabía que la enfermedad de un cónyuge afectaba la salud del otro, pero no se había logrado medir el riesgo de muerte, algo que entre gerontólogos se conversa habitualmente.

El vicepresidente de Sociedad de Geriatría y Gerontología y profesional del Meds y la Universidad de Chile, Juan Carlos Molina confirma el deterioro a la salud que puede generar una viudez: “Una pareja establecida que lleva varios años conviviendo logra crear recuerdo, crear vida y se autoproyecta. Cuando falta uno de ellos se compone una instancia de vacío y soledad. Lo que puede generar una depresión”.

Explica que esta enfermedad es la culpable del deterioro de la salud en un viudo y la califica como la gran causa de discapacidad para 2010.

“La depresión tiene repercusiones sistémicas en todo el organismo. Cuando no existe enfermedad la sangre fluye libremente, en cambio, la llegada de este mal provoca la ausencia de neurotransmisores que hacen que las plaquetas se adhieran y formen coágulos perjudiciales para la salud”.

Así también una depresión desanima y quita el entusiasmo por el control periódico de las enfermedades. “Es común que un paciente con depresión deje de controlarse en padecimientos típicos como la diabetes”, dice.

Debilidad masculina

La siquiatra y directora del Departamento Norte de la Universidad de Chile, Graciela Rojas, sin conocer el estudio, acentúa la mayor debilidad masculina en este sentido. “Los hombres son mucho más propensos a los síntomas ansiosos y depresivos en el momento que enviudan”.

Sin embargo, precisa que “hay que desmitificar la vulnerabilidad del adulto mayor en la viudez. A cierta edad la muerte del ser querido está más asumida. Así lo compruebo en mis pacientes, quiénes a los 40 años son mucho más propensos a una depresión. Una persona de 70, en cambio, se logra refugiar en sus hijos y nietos”.

Molina enfatiza en la relación de lo sicológico y lo físico en la integridad del ser humano: “Los músculos activan la vida. Estos te permiten pasear, ir al cine, realizar deporte, hacer el amor y disfrutar de todo. Mientras no exista energía para activar los músculos, ésta comienza a escaparse. Por eso el alma está directamente relacionada con el cuerpo. Y la depresión no deja mover ni el cuerpo ni el alma”.

Por eso para él tiene mucho de verdad el dicho “se murió de pena”. Sin embargo aclara que “si una persona en el marco de una relación de años se ha sentido ahogado (a), o no lo (la) han dejado ser, entonces la pérdida de su acompañante puede llegar a ser un alivio”. En ese sentido hace un llamado a vivir la vida, viajar, hacer lo que se desee y a no sentirse traicionero (a) o infiel por seguir sus sentimientos.













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