Ministro Claudio Pavez los notificará hoy de la resolución
La decisión del magistrado se basó en los antecedentes, contradicciones, y al menos 30 presunciones judiciales, que apuntan a que los oficiales (R) colaboraron de diferentes maneras y en distintos momentos de 1992, para ocultar el homicidio de Huber.
Jorge Molina Sanhueza
El ministro en visita Claudio Pavez a cargo de la investigación por el homicidio del coronel Gerardo Huber, someterá hoy a proceso a cinco altos oficiales en retiro del Ejército, en calidad de autores del delito de asociación ilícita para ocultar el asesinato.
Se trata del ex jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) en 1992, general (R) Eugenio Covarrubias; el ex subdirector de la DINE, general (R) Víctor Lizárraga Arias; el ex jefe de la Dirección de Logística, general (R) Carlos Krumm, el ex jefe del Batallón de Inteligencia del Ejército, Manuel Provis Carrasco y el coronel (R) y amigo de Huber, Julio Muñoz.
La decisión del magistrado se basó en la serie de antecedentes, contradicciones de los involucrados y, en al menos 30 presunciones judiciales, de que los oficiales (R) ayudaron en 1992 de diferentes maneras para ocultar el homicidio de Huber. Algunos de ellos encubriendo y otros desviando la atención de los hechos, toda vez que el cuerpo del coronel no presentaba lesiones atribuibles a suicido, sino que a la acción de terceros. Las sospechas del magistrado son que el autor material del crimen es uno de los cinco encausados o bien otra persona cuya identidad se niegan a revelar.
En diciembre de 1991 Gerardo Huber se vio involucrado en el tráfico ilegal de armas a Croacia, pertrechos militares que fueron descubiertos en Budapest, Hungría, y que determinaron en Chile la apertura de un sumario a cargo del entonces ministro Hernán Correa de la Cerda.
Cuenta regresiva
En enero de 1991, Huber fue interrogado y posteriormente arraigado por Correa de la Cerda, antes que viajara a Israel. Para evitar que declarar cuando el caso estaba en su momento más álgido -enero de 1992- Huber presentó un certificado médico aduciendo mareos a raíz de un supuesto estrés y depresión. Pese a estar autorizado para viajar a Puerto Varas, Huber se fue a la casa de su compadre, Elwin Tapia en el Cajón del Maipo.
El 29 de enero el coronel salió en la noche en el Nissan plomo de Tapia, luego que su familia saliera, horas antes, a buscar a su hijo José Ignacio.
A eso de las 23 horas, cuando Elwin Tapia aún se encontraba en casa de su prima, notaron que Huber no llegaba. Se preocuparon y regresaron a la casa de Tapia a ver qué sucedía y hallaron las luces prendidas, la puerta abierta, pero no estaba ni Huber ni el auto. Se contactaron con Carabineros y a las 3 de la madrugada hallaron el automóvil en el puente El Toyo.
Transcurrieron tres semanas hasta que el 20 de febrero de 1992 el cuerpo de Huber apareció en el lecho del Río Maipo con el cráneo destrozado. La causa estuvo caratulada durante 13 años como suicidio hasta que el ministro Claudio Pavez la cambió a homicidio calificado pocas semanas después asumir el caso en septiembre pasado.
Suma de hechos
La lógica usada por Pavez fue enhebrar todos los hechos desde que Huber salió de la casa de Elwin Tapia aquel 29 de enero de 1991. Una de las presunciones que fundaron su análisis fue que en el puente El Toyo no hubo huellas ni rastros de forcejeo. Por tanto estimó que algunos militares podrían haber llegado esa noche a buscarlo para evitar que entregara detalles del tráfico de armas a Croacia. Posteriormente podría haber sido llevado a una unidad militar. La más cercana y secreta que tenían a manos sus captores era la Escuela de Inteligencia del Ejército (EIE), ubicada en la localidad de Nos, cercana San Bernardo. Distante a sólo poco más de media hora, si se considera que por las noches el tráfico de vehículos es casi nulo en ese sector.
Ahora bien, Pavez realizó una inspección a la EIE y acreditó que en ese recinto se encontraban las dependencias del otrora Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército, que en 1992 dependía del director de la DINE, general Eugenio Covarrubias. El recinto contaba con una entrada especial donde oficiales y miembros de la EIE tenían prohibido ingresar.
Pavez, entonces sospecha que Huber bien pudo haber estado secuestrado en ese lugar, mientras el general Lizárraga y el brigadier Provis viajaron –el 15 de febrero- a Linares, donde estaba el hijo menor de Huber junto a su tía Clina Polloni con el objetivo de traerlo a Santiago. El niño fue el último en compartir un largo paseo junto a su padre, pocas horas antes que desapareciera.
Lo concreto es que el cuerpo de Huber apareció el 24 de febrero de 1992 sin las huellas aparentes de un suicidio ni las que dejan el arrastre de un cuerpo por el río durante tres semanas. Para acreditar esto Pavez interrogó al menos a cuatro peritos criminalistas quienes declararon que el cuerpo de Huber presentaba lesiones atribuibles a la acción de terceros.
Los cinco oficiales debieran ser notificados hoy por el magistrado y quedarán detenidos en una unidad militar a la espera de que el tribunal de alzada de Santiago analice las apelaciones que seguramente presentarán. LN