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Entre la fuga de Pablo Larraín y la cárcel de Mackenna

Entre la fuga de Pablo Larraín y la cárcel de Mackenna

... y hablando de loquillos el otro Pablo (hablo de Mackenna) me dio una pena: el lanzamiento de su ópera prima fue harto más humilde, un atentado frente a lo que pasó en La Florida. Definitivamente no es lo mismo ser Larraín que Mackenna.

Domingo 2 de abril de 2006

¡Uy! Definitivamente el año cultural se inauguró en Santiago, porque estos dos modelitos: Pablo Larraín y Pablo Mackenna, se presentaron como los nuevos intelectuales del país. Pablo I, hijo del senador Hernán Larraín, no se fue con humildades con su "Fuga": juntó a la plana mayor de la UDI, contrató a Extend para que le manejara las comunicaciones, hizo tres galas, se gastó millones de pesos en su primera película, eligió al rostro nacional más vendedor de la tele, invitó a 1.300 personas al estreno capitalino y llegaron como 100 más. Este evento fue una sobredosis completa del tener, del poder, de todo. ¡Oh! "Me gasto lo que quiero... y qué, y qué", pareciera ser su lema. Qué fuerte esto de tener recursos o conseguírselos, da lo mismo. Pero alguien dijo por ahí que la plata se consigue con inteligencia. Vaya una a saber.

Recuerdo a Pablo I cuando hacía de las suyas en "Animal country", un programa que de seguro no vio nadie pero que era buenísimo, hacía un paralelo entre los animales y el poder; él sabe de animales y lo hizo muy bien. Recuerdo que mostraba a Hernán Somerville atorado comiendo ostras en el Club Hípico, era una pachotada tal que había que tener estómago para aguantar el capítulo completo. Me reí demasiado con ese intento audiovisual de evidenciar a estos caballeros. Pero pasaron esos años de leve rebeldía. Ahora su fuga tiene que ver con el cine, no con irreverencias. Y la socialité lo acompañó. Estaban todos y, por supuesto, encontraron caballa la película, y los que llegaron a opinar distinto se quedaron bien calladitos porque ya saben: en la UDI no están permitidas las críticas. Digo la UDI porque estaban en pleno. Creo que por más que Pablo se fugue de ellos se le aparecen como fantasmas. Qué horror.

Pablo Longueira me explicó que él se fugaba de su señora y que a los locos se les trata mal en Chile. Carlos Massad reconoció que no extrañaba el Banco Central porque hizo el servicio militar varias veces y no quiere volver a hacerlo. De quién se fuga él: de nadie.

Álvaro Saieh, que por lo demás puso sus lucas en "Fuga", me invita a una champaña con quesos y cosas. Tampoco, según él, se fuga de nadie. Hay que decirlo, el hombre está más sociable que nunca. Yo no sé si por los cambios de "El Mercurio" o porque está más delgado. Él me dice que no habla de otros diarios. "Pasémoslo bien", me reitera. "Pero si tengo que trabajar", le digo. "Tome champaña", me ordena. "¿Y de qué tenemos que brindar?". Se ríe el hombre de Copesa y de pasada me enfatiza que él le dice a sus periodistas que lo pasen bien. Claro, es fácil decirlo para quien es su propio jefe.

Hernán Larraín babea de chocho con su pequeño que hace películas tan lindas. Ya, pero conversemos algo interesante: "¿Va a ser el próximo presidente de la UDI?" Y me responde: "Sólo si Dios quiere, niña". Juan Antonio Coloma no me habla, sólo me mira de lejos y se va. Poduje, Ruiz, Chadwick, un cura, Zalaquett, la farándula y Pilar Matte… aquí me detengo. Esta cabra es un eslabón muy raro de los Matte, cada vez que le pregunto algo me sale con una pachotada del porte de la papelera. "No sé nada de arte, nada de la película", espero que en unos años más verbalice algo por favor. Una ternura ella. Otras tiernas son Carola Urrejola y Antonia Zegers que disfrutan el cóctel con cara de haber visto varias veces la película. Mitch.

La esquizofrenia es un tema que Larraín desarrolla en plenitud... y hablando de loquillos el otro Pablo (hablo de Mackenna) me dio una pena: el lanzamiento de su ópera prima fue harto más humilde, un atentado frente a lo que pasó en La Florida. Definitivamente no es lo mismo ser Larraín que Mackenna. ¿Ven? Si hasta en la aristocracia no son todos iguales. Una cosa es tener plata y otra poder. Y cuando se tienen ambas cosas puedes hacer proyectos con harta gente importante.

En el lanzamiento de su libro "Cuarenta días" Pablo II reunió a su parentela y a sus amiguitas, que no sumaban, ni de lejos, las mil y tantas personas de Pablo I; eso sí, hubo juguito y vinito. Todo esto pasó en un Centro Mori que era un asco, el piso asqueroso (qué costaba pasarle un pañito, digo yo). En una galería atroz instaló a los asistentes. Todo oscuro, con escaso oxígeno y poco amable. No sé, pero su mamá, que estaba con cara de perdonarlo todo, se veía incómoda. Pobre señora. ¿Cómo alguien no le dijo a Pablo II que salió de la cárcel hace rato y que su onda de pobre niño rico no se la cree nadie? ¿Quiénes estaban? Nina Mackenna, con cara de "atacá", se hizo a un lado de Pamela Jiles porque ella con su tonito explicaba que se había comprado dos ejemplares porque era un libro de doble sentido. Toda razón que Nina ni siquiera respondiera a los periodistas. Otto, el tío siquiatra de Pablo diagnosticó que esta es la veta definitiva de su sobrino: la escritura. Por lo menos, me quedó clarísimo que existen salidas para los locos nacionales: o te unes a la música o a la literatura? LND.

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