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Lunes 17 de abril de 2006
Juan Carlos Ramírez
ANTES DEL MSN, la banda ancha y los blogs, Internet se había vendido como la plataforma perfecta para ejercer la libertad de prensa. Un mundo sin censura ni presión de auspiciadores. Camilo Salas (23, Coyhaique) y Alejandro Jofré (21, Valparaíso) -quinceañeros entonces- compraron el concepto totalmente. Ambos crecieron con la generación Rock and Pop, la Zona de Contacto y los fanzines; llegaron a Santiago a estudiar periodismo (Andrés Bello y Diego Portales, respectivamente) y crearon dos páginas web que constituyen el autorretrato -sin buscarlo- de una generación de adolescentes: Disorder (www.disorder.cl) y Paniko (www.paniko.cl). Y aunque la red nunca logró garantizar independencia ni veraci-dad y donde la prensa es más que nada un escaneo de los diarios y revistas en papel, ellos instalaron bajo el lema punk "hazlo tú mismo" dos verdaderas trincheras digitales.
Por ejemplo, con el mínimo de recursos, Disorder logró una extensa entrevista a Enrique Symns ("Cuando ya nadie lo quería y estaba a punto de volverse a Argentina, me la aceptó gustoso, porque yo le pagaba las cervezas", dice Camilo), teorizó sobre los neonazis, los cuicos o el estado del cine nacional, presentó a bandas nuevas como Alamedas y conversó con el poeta Diego Maquiera. Paniko trajo a Chile a Robert Rosen, el polémico biógrafo de John Lennon. Luis Miranda Valderrama publicó un cuento inédito y mostró antes que nadie los Geo-Desnudos del fotógrafo Rodrigo Nuñez. "Ambos nos hemos adelantado a la prensa establecida, sin que sea nuestro objetivo básico hacerlo, como cuando publicamos la verdadera razón de la disolución de Los Tetas", cuenta Jofré.
Contacto directo
"La clave de todo es el feedback directo" dice Jofré, "que los lectores te posteen y discutan entre ellos los artículos o te manden mails proponiéndote temas, sin ningún tipo de censura, va creando otro sistema de pauta, tal vez más urgente y directa".
Por eso, la estructura de ambos sitios se basa en unas siete u ocho notas sobre rock, cine, libros y actualidad, con la posibilidad de opinar abajo. Cualquiera puede mandar su colaboración con lo que ellos creen "que está pasando", porque el único requisito es que esté bien hecha. Y el éxito de ambos sitios no solamente se testea con los contadores de visitas, sino también con los links que aparecen en los fotologs y blogs de sus lectores, lo que equivale al boca-en-boca de los viejos fanzines universitarios. "Aunque yo encuentre mala una película y esté en contra de los argumentos de una nota, si está bien escrita y es inteligente, la publico igual", asegura Salas.
Otra parte notable son las columnas de los lectores. Historias mínimas de esa película que es ser joven en el Chile post-transición. A veces son vómitos, otras pura sangre. Como la historia de un chico que cuenta cómo visitó completamente drogado la ciudad de Ámsterdam en Disorder o de una niña que odia el colegio en Paniko.
Por amor al arte
Aunque ambos no ganan nada ("pero vamos a fiestas, nos regalan discos y hacemos contactos", dice Salas) siguen adelante con sus proyectos. Disorder a fines de mayo lanzará un nuevo número ("están las notas listas, pero el diseñador se cambió de casa y no tiene internet, así que habrá que esperar"), aunque por ahora está en la red su estupendo último número centrado en las fotos enviadas por los lectores. Paniko estaría actualizando esta semana. Para ellos, el periodismo por Internet sigue complementándose al papel, de hecho tiene la ventaja de poder archivarse en un disco, enterrarlo y en uno siglos más, algún maestro de la construcción se encontrará por casualidad con lo que pasaba por las cabezas de los adolescentes chilenos el 2006. Además para los dos estudiantes de periodismo, lo más importante es contar una historia que los demás no sepan y saber oler lo que está en el aire. Sin caer en los extremos de creer que "Chile empieza en el Mercado Central o en el Alto Las Condes". Y, aunque algo de dinero no estaría mal, eso no compra las ganas de escribir ni la forma de leer y entender tu realidad. Esa que está a un "clic" de distancia. LN