
Lunes 17 de abril de 2006
Dalia Rojas
"Era un hombre muy complicado, un solterón. Tenía mucha llegada con el mundo social, pero pocos eran parte de su hogar. Yo llegué a su casa a invadirla y viví 20 años con él. Al principio era muy complicado, pero con el tiempo logré incluso entrar a su dormitorio. Era un hombre que exigía demasiado. Te observaba, pedía una entrega total si había un compromiso. Lo que teníamos en común era el concepto libertario. Él era rebelde y yo hippie", dice Óscar Ortiz, hijo putativo de Clotario Blest, quien también heredó sus pocos bienes tras su muerte, en 1990.
Ortiz recuerda cada una de las mañas de "don Clota". Y también su espíritu libertario infinito. Los mismos que intenta recuperar un libro y un documental.
El año 2004, en la población La Bandera, se realizó un homenaje a Clotario Blest Riffo, en el que participó gente que profirió discursos destinados a recatar la imagen de un hombre protagonista de la historia del siglo XX, y que sin embargo, ha quedado semi olvidado en los anaqueles de la historia.
El resultado de este encuentro quedó plasmado en un libro, "Clotario Blest, visiones actuales de un libre pensador", publicado la semana pasada en la Biblioteca de Santiago, junto a material gráfico que retrata esas dimensiones extraídas por la lente de una cámara.
"Lo que quisimos hacer con esto es reivindicar la figura de Clotario en un momento histórico donde se están reorganizando los movimientos sociales. Consideramos que él está más vigente que nunca", dicen Tamara Corales y Patricio Valenzuela, dos de los tres participantes en el proyecto.
Fácil de reconocer en las manifestaciones por su cabello cano y larga barba, que se dejó crecer como signo de rebeldía cuando se produjo el golpe militar bajo la promesa de volver a afeitarla con la llegada de la democracia, "don Clota" nunca militó en un partido político y vivió para trabajar por la sociedad civil, los obreros, los trabajadores.
Cuando llegó la democracia, no se afeitó la barba, sólo la recortó.
A él se le debe la formación de varias organizaciones, las más conocidas son la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu), y la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).
Pero quizá lo más desconocido de su trabajo fue su participación como fundador en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Un católico disidente
Creado en Santiago en San Francisco 265, en un salón anarquista del cuero y calzado, sus fundadores eran gente expulsada de la CUT. El MIR inicialmente aglutinaba a trotskistas, anarquistas, ex socialistas y grupos de izquierda cristiana. La idea era juntar gente que estaba atomizada, con pensamiento progresista, pero sin una ideología partidista. "Él era la figura moral del MIR, se le respetaba, pero no era un líder político que discurseara. Él era la fuerza moral, el espíritu", recuerda hoy Andrés Pascal Allende, secretario del MIR en la dictadura.
Pascal relata que Clotario era enemigo de institucionalizar las ideologías, el pensamiento y por ende militar en un partido. "Él era un santo revolucionario", dice y explica el proceso que se vivió y que significó que Blest quedara fuera del MIR: "Llegó gente más joven, con ideas más revolucionarias, pensando en la lucha armada. Los más viejos también conversaban sobre esta idea, pero en un nivel más teórico. Los más jóvenes no. Ellos eran partidarios de la lucha armada".
Dos años estuvo Clotario en el MIR. Pero pacifista como era, no calzaba con las ideas de las nuevas generaciones. "Él era insurreccional, no violento", repite la gente que lo conoció. Este divorcio, en todo caso, en ningún caso implicó enemistarse con la nueva gente que comenzó a dirigir el grupo de izquierda. "Por el contrario, el ayudó a gente del MIR en la época de la dictadura, incluso a Miguel Henríquez", dice Ortiz.
Pero el MIR no fue la única organización de la que fue expulsado. La primera vez fue en sus tiempos de seminarista, cuando dio atisbos concretos de su pensamiento crítico y rebelde, al protestar por las desigualdades existentes entre los sacerdotes de regiones y lo de Santiago. Era su primera huelga y le significó su expulsión del seminario y el fin de su carrera como sacerdote. Aún así siempre fue profundamente cristiano.
Más tarde vendría la expulsión de la CUT, nuevamente por no estar en concordancia con los lineamientos ideológicos. "Él creía que la CUT debía ser de los obreros, de los trabajadores. No de partidos políticos. Era un librepensador, consecuente consigo mismo, no con alguna institución. Él no entendía que no se le diera la palabra a alguien en una asamblea, por ejemplo", opina Tamara Corales y concluye: "Nunca dejó de ser rebelde. Era el alma más joven, aunque fuera el más viejo".LN