
Jueves 27 de abril de 2006
André Grimblatt Hinzpeter
En la época de los pasillos de la Sorbonne de París, el joven profesor Alfredo Bryce Echenique enunció, en una de sus clases, que en Perú los indígenas y mestizos sentían vergüenza de su condición de nativos y que hacían cuanto podían para esconderla, sobre todo a través del uso de la lengua castellana en desmedro de la quechua. Esto, según el novelista, impedía que la mayoritaria franja de descendientes del Inca pudiera unirse en torno a una idea, partido o candidato. Uno de los alumnos, sentado hacia el fondo del aula, era un joven peruano, discípulo de Gros, Verdevoie y Chonchol, llamado Alan García.
Pareciera que, en treinta años, la situación no ha evolucionado diametralmente, no sólo en Perú, sino que en buena parte de Sudamérica. Ese joven que asistía a clases en la Sorbonne de París fue Presidente de la vecina república y será, probablemente, el nuevo electo en la segunda vuelta del escrutinio. Pero en esta ocasión, el escenario político es muy diferente al de aquella vez en que fuera ungido por primera vez con los votos del otrora mayoritario APRA.
Después del Gobierno de García, dirigió los destinos de Perú el peruano-japonés Fujimori, hoy en detención preventiva en Chile, tras haber sido acusado de malversación y apropiación indebida de bienes fiscales. Le sigue el Gobierno del saliente Presidente Toledo, quien deja un país con un equilibrio macroeconómico reconstituido al precio de fuertes sacrificios de parte de las clases medias y laborales, principalmente indígenas y mestizos.
Hoy, frente al programa neoliberal de Lourdes Flores, al socialismo apriano de García y al liberalismo de centro de la hija de Fujimori, surge el nacional populismo indigenista de Humala, un ex militar que ha aunado los descontentos de lo que fuera el retorno a la democracia de los últimos veinte años. A pesar del triunfo relativo de Humala, incomparable con el chavismo o la victoria electoral de Evo Morales, la realidad es que Perú quedó dividido en tres tercios en lugar de la antiquísima antagonía entre el APRA y la derecha liberal. No logró Humala el consenso alrededor de su reivindicación indigenista y nacional, en la cual el revanchismo con nuestro país tuvo un rol protagónico, como lo hicieran sus maestros en Venezuela y Bolivia. El tercio obtenido no le dará la victoria ni hará de él el próximo Mandatario peruano.
El gran logro de la candidatura indigenista es haber cambiado el escenario político peruano en el sentido de que sea quien fuere su contrincante en la segunda vuelta, Flores o García será Presidente de Perú gracias a los votos del partido opositor. La segunda vuelta será un torneo electoral entre blancos y europeos, por un lado e indios y mestizos por el otro. A pesar de la relación numérica, favorable a Humala, el próximo Presidente de Perú será blanco y se llamará probablemente García.
¿Cuál será la política de quien gane estas elecciones? ¿Liberal-socialismo o social-liberalismo? Es importante saberlo en la medida en que las cajas de la tesorería peruana están con buenos volúmenes de circulante. Por el momento prima el anti-indigenismo y los tópicos relativos al controvertido vecino chileno. En Lima, Perú, esta vez se votará "contra" y no "por". Pero eso ya es otra historia y no será la primera vez que ocurra en este oscuro y redondo planeta.