El “Parrayaso” rescata a óscar “Canarito” Parra
El hermano “low profile” de Violeta vuelve a la escena de la mano de una iniciativa que rescata una época de oro del circo chileno y a uno de sus personajes más antiguos y luminosos. El jueves, en La Piojera, se presenta el proyecto que incluye cueca ciberpunk, libro, disco y documental.
Roberto Mundaca
Mis padres eran don Nicanor Parra Parra, que era profesor de una escuela de preparatoria, y mi mamita, los dos que en paz descansen, era Clarisa Sandoval Navarrete. Mi papá murió a la edad de 33 años (yo tenía un año, creo, y no me acuerdo de él para nada) y mi mamita murió a los 93 años. Toda mi familia es de Chillán. Del sure, como dicen los de allá. Vivíamos en la Población Uruguay, en la calle Medina, al otro lado de la línea. Éramos ocho hermanos verdaderos y dos por parte de madre solamente. Los verdaderos éramos Nicanor, Eduardo, Roberto, Lautaro y quien les habla; y las mujeres eran Hilda, Violeta y Elba: Ocho. Y por parte de madre solamente, Marta y Olga. Y ahora quedamos sólo cuatro. Nicanor, Eduardo, Lautaro -que está en Suiza- y yo. Pero en realidad, los que me criaron a mí, los que me ayudaron a seguir en la vida, fueron mis hermanos mayores: el Lautaro, Roberto, el Lalo, la Violeta y la Hilda.
Yo salía con el Lautaro a cantar a las góndolas, que se llamaban antes, pa’ comprar dulces y todas esas cuestiones. En góndola he recorrido el barrio Antofagasta completo por la Vega Poniente, de Estación Central pa’ adentro. En esas góndolas cantaba con mi hermano Lautaro. Nos daban un par de chauchas y a comprar dulces, miércale. A comprar unos helados que se llamaban, me acuerdo, los Noveles Mac.
EL CIRCO
Me inicié en el año ’52 y estuve hasta el año ’56 haciendo mi número de folclor y ayudándoles a payasos como el Señor Corales. O sea, yo les hacía el serio, como el clown, y le dejaba la caída del chiste al payaso. Y de ahí les aprendí todas las cuestiones a los payasos. Un día estaba en un circo chico y el cirquito estaba lleno de estudiantes universitarios, que son como tontos pa’ la talla. Y el único tony que había era el hijo del dueño, del empresario -que era un tontorrón grande, me acuerdo. Lo anunciaron y ni señas del payaso. Lo fueron a ver al camarín y estaba curaíto como tagua. El empresario me dice: “Parrita, se tiene que vestir de payaso”. Yo no me había pintado de payaso en mi perra vida y a los que son buenos pa’ la talla como yo, les dicen que estarían buenos para tony: naca. Nada, nada, nada. Viera usted la pifiadura que me llevé en mi primera salida. Pa’ la segunda pensé en cómo hacerlo y me acordé de las coplas picantes que tenía y ahí me los gané al tiro. Tallas picantes a todos los estudiantes, mierda.
Después, con Don Francisco hicimos un programa que era un partido de fútbol con puros payasos en el estadio Nacional, y después estuve como un año en un programa que se llamaba “Savory Circo”, también pal’ canal 13. Ahí trabajábamos cinco payasos: estaba el Comparsita (ya fallecido), estaba el tony Zapatón, el tony Tonguito, otro más que no me acuerdo y yo. También hacía propaganda para las casas comerciales en la calle y una vez me vio una periodista y me llevó al Sábado Gigante. Don Francisco esa vez me preguntó “¿y a usted no le da vergüenza hacer propaganda en la calle?”. Y yo le contesté “¿Y a usted no le da vergüenza traer a artistas sin pagarle?”. Saqué el medio aplauso. Si yo tengo muchas historias. Muchas, muchas.
Un año estuve en el Teatro Municipal trabajando. Ahí le bailé la cueca del payaso. Se comprometieron todos, pero fui yo, apenas, con otro. Para que vea.
¿Si me acuerdo de un chiste? “¡Se me perdieron 10 lucas!”. “¡Y dónde!”, me dice el otro. “¡Allá, en la otra esquina!”. “¿Y por qué las busca aquí?”… “Porque acá sí que hay luz”. LCD