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Descaradas

Los diarios sexuales de mujeres son grito y plata. Ahora es el turno de Bruna Surfistinha, una brasileña de 21 años retirada de la prostitución que comenzó contando sus experiencias en un blog y se convirtió en best-seller. El 10 de mayo llega a Chile para presentar su libro "El dulce veneno del escorpión". Acá habla de la ruptura con sus padres y de lo más extraño que le pidió un cliente.

Domingo 7 de mayo de 2006

Por Francia Fernández

A los 17 años, Raquel Pacheco era la típica chica brasileña de clase acomodada: iba a uno de los mejores colegios de São Paulo por la mañana, estudiaba inglés por las tardes, veía MTV por las noches y se la pasaba de compras en los shoppings los fines de semana.

Hasta que un día escapó de su casa y decidió prostituirse. Así se convirtió en, la garota más leída de su país.

"Toda mujer tiene la fantasía de ser puta, yo la cumplí durante tres años", dice ahora, retirada de las "arenas" carnales (y también de las drogas). Durante ese tiempo detalló sus acrobacias sexuales en una página (www.brunasurfistinha.com/blogs/) que recibía 15 mil visitas diarias.

Cuando se enamoró de un cliente, esta morena de ojos profundos dejó la prostitución y luego publicó "El dulce veneno del escorpión" (Panda Books, 2005). Su libro se mantuvo durante cinco meses en el número uno de los rankings de literatura de no ficción en Brasil, y sólo allí se han vendido 100 mil ejemplares. El próximo 10 de mayo, la propia autora llegará a Chile (de la mano de Planeta) para presentarlo.

En su best-seller, Bruna da cuenta de sus candentes encuentros con clientes, a quienes recibía en su departamento del exclusivo barrio Moema. "Coitos enloquecedores, muchos hombres y mujeres diferentes por día. Lo que puede ser excitante para tantas chicas en la efervescencia de los 20 años, para mí es una rutina", narra en "El dulce veneno...".

Después de haber compartido su cama incluso con parejas, Surfistinha puede hablar con propiedad. De hecho, a los 21 años se ha transformado en una especie de gurú sexual. Según ella, animó a muchas mujeres a "encender" la pasión de sus matrimonios. Los números lo confirman: el 80% del público que compra su libro es femenino.

"Creo que más que en otros países, en Brasil el sexo es un tema polémico. Aún existen tabúes que no permiten que la gente se libere, sobre todo con las mujeres, que deben mantener la imagen de 'serias' en sociedad. Los brasileños son calientes y pervertidos. Les gusta mucho el sexo y tienen muchas fantasías sexuales. En la cama se entregan en cuerpo y alma", dice Bruna a LCD.

-¿Y qué es lo más extraño que te pidieron hacer?

-Un cliente me pidió que lo penetrara con el puño (claro que yo usé protección). Eso fue lo más extraño.

MUCHACHITAS HOT

Surfistinha no es la primera jovencita que ha hecho de las confesiones sexuales un fenómeno editorial. El 2000, en China se prohibió el libro "Shanghai baby", de Wei Hui. En un relato que mezclaba realidad y ficción, una chica de 25 años volcó sus aventuras sexuales y, de paso, tocó temas "prohibidos" para su generación, como la homosexualidad y las drogas. El Gobierno lo consideró "decadente, vicioso y esclavo de la cultura occidental", y hasta ordenó quemar 40 mil ejemplares. Eso no hizo más que aumentar el interés por leer el libro. Sólo en las cinco semanas que alcanzó a estar en librerías, se vendieron 80 mil unidades. De forma clandestina, la cifra se disparó a dos millones y medio.

Otra chica que fue "grito y plata" es la italiana Melissa Paranello (Melissa P.). Con "Cien cepilladas antes de dormir" (Emecé, 2004) vendió un millón de ejemplares en su país de origen, y los derechos del libro se extendieron a otras 23 naciones.

Las rutinas sexuales de esta chica, entonces menor de edad, consistían, por ejemplo, en una sesión de sexo oral con cinco hombres, como si nada. Según dijo, "la necesidad de sentir algo" la llevaba a meterse con cualquiera en la cama. "Quizá era un modo de satisfacer mi vanidad femenina. Quería que los hombres me encontraran guapa y me lo hicieran sentir. Pensé que ofreciendo sexo encontraría el amor. Pero me encontré en un laberinto del que no sabía cómo salir".

"Cien cepilladas..." se agotó rápidamente en Chile. "Fue un verdadero éxito, algo que nadie se esperaba, porque es un diario de vida. El libro nunca más llegó, aunque siguen preguntando por él, por lo menos una vez a la semana", sostiene Carolina Rubio, subjefa del local Antártica Le Fournil, del Parque Arauco.

Siete de cada diez consumidores chilenos de este tipo de literatura son mujeres. A la sicóloga Eugenia Weinstein, coautora de "Mujeres: La sexualidad secreta" (1999), no le sorprende: "Justamente, como la sexualidad ha sido algo tan oculto a lo largo del tiempo, muchas mujeres leen estos libros porque al verla retratada por otras se convierte en una especie de reflejo de lo que ellas pueden vivir".

"Para mí, la curiosidad está muy ligada al erotismo. Tenemos esa costumbre casi infantil de que si nos dicen que nos van a mostrar algo sobre lo que no se habla, inmediatamente nos interesa", señala el siquiatra Marco Antonio de la Parra, coautor de "La sexualidad secreta de los hombres" (2004). "Ahora, las confesiones sexuales tienen una larga tradición. Están los diarios de Anais Nin; su libro en que habla del incesto con el padre fue un novelón".

Los libreros coinciden en que hay interés por la literatura erótica, pero que el porcentaje de ventas con respecto a otro tipo de libros es ínfimo. "La gente va a la segura: compra libros que figuran en los rankings. Ocurrió con 'Fantasías sexuales de mujeres chilenas' (2004), de Pamela Jiles. Y ahora andan vueltos locos porque salió la segunda parte de 'Shanghai baby'. Probablemente, con el libro de la brasileña pase lo mismo", dicen.

¿AMARGO VENENO?

¿Cuál es el precio de prostituirse, retirarse del sexo pago, después contarlo todo y convertirse en una celebridad? El acoso que sufrió la siciliana Melissa Paranello fue tal que debió dejar su casa y mudarse a Roma. "Al principio no tuve problemas, porque el anonimato me protegía, pero luego hubo un rechazo hiriente de mis profesores, al punto que tuve que cambiarme de escuela", dijo al respecto al diario "El Mundo".

Bruna Surfistinha vive algo aún peor: no tiene contacto con sus padres desde hace cuatro años. "No me perdonan lo que hice", asegura.

-¿Y cuál es la reacción de la gente cuando te conocen?

-Me respetan bastante. Saben que ya no me dedico a la prostitución; entonces, no he tenido problemas.

Ahora que vive con Pedro, su ex cliente abogado de 31 años, y es una chica reformada. Bruna sueña con estudiar sicología, casarse y tener hijos. "Soy una persona más madura. Aprendí a respetar a los demás, a entenderlos, y a cuidar de mí y ser más responsable, cosa que antes no era".

Mientras aparece en "The New York Times" y fantasea con salir en la revista "People", prepara un segundo libro, en que habla sobre los prejuicios que existen hacia la prostitución y también de su nueva vida. "Lo lanzaré después de la Copa del Mundo de Fútbol, porque toda la gente estará muy concentrada en eso como para ponerle atención", comenta. Esta vez firmará como Raquel Pacheco. O sea, intentará borrar de un trazo el dulce veneno de su pasado. LCD

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