Vicente Huidobro y las artes plásticas
Por primera vez en Chile se divulgan las obras de Vicente Huidobro que formaban la serie “Salle XIV”, presentada por la Galería G. L. Manuel Frères en el Teatro Edouard VII de París, en mayo de 1922. Gracias a la colaboración de la Fundación Vicente Huidobro, este domingo se publica y analiza “Piano”, la quinta de las trece obras que fueron expuestas en París, evidenciando su importancia histórico-artística y su particularidad conceptual, la que es considerada como un unicum en el variado panorama de las artes plásticas de la vanguardia histórica de principios del siglo XX y una de las primeras propuestas plásticas vanguardistas del continente latinoamericano.
Por Barbara Morana
En el poema pintado “Piano”, a primera vista, se hacen otra vez indiscutibles los lazos de Huidobro con el cubismo y sus mayores representantes: Picasso, Braque, Gris, Delaunay. Sin embargo, después de una mirada más profunda, se constata que en esta obra, más que en otras, el poeta, funde, experimenta, anticipa los principales “ismos” del siglo XX: cubismo, dadaísmo, surrealismo.
Efectivamente, la técnica pictórica utilizada es absolutamente cubista, tanto que se adelanta la posibilidad de que Robert Delaunay haya asistido a Huidobro en la ejecución de esta obra, sobre todo en la aplicación del “papier collé” que integra la composición. Los colores planos y casi monocromáticos están desplegados únicamente en función de la representación de las formas y del volumen, la geometría mínima del trazo estructura la composición y, a fin de marcar las leves variaciones cromáticas del teclado del piano, Huidobro recurre a la técnica cubista del “collage”. Así la escena presentada en una disposición plana y el uso constructor del color –que es a la vez volumen y forma– son todos componentes cubistas. A estos elementos se añade la utilización del “papier collé”, típico del cubismo analítico, que confiere a la pintura un carácter material y de objeto a la vez.
A todos los elementos presentados que vinculan el cuadro a los procedimientos formales del cubismo se oponen algunos elementos conceptuales que lo alejan inexorablemente de esta corriente vanguardista. El primero, sin duda, es el hecho de que en un cuadro cubista el sujeto representado siempre es un “objeto pictórico”; o sea, un expediente tomado en préstamo del mundo real que permitía a los pintores investigar las diferentes percepciones y representaciones de las formas y de los volúmenes. Huidobro, al contrario, parte de la forma plástica del piano para abandonarse a un delirio poético que traspasa el espacio pictórico para así conectarlo al mundo sensorial, es decir, el procedimiento contrario del anunciado mecanismo cubista; y gracias a la utilización de forma y volumen, el poeta transforma las palabras en “sujetos pictóricos”. Entonces, si el cuadro cubista es una elucidación poética de las cosas, por el contrario, “Piano” es una elucidación científica de la poesía huidobriana. Lo que, en definitiva, lo acercaría conceptualmente a un cuadro dadaísta gracias a “la geometría mínima de trazo prolijo y hasta infantil” de la composición que lo transforman en un exquisito y lúdico ejercicio pictórico.
La segunda discrepancia conceptual tiene que ver con un concepto muy acuñado por los cubistas, el que se basa sobre el “interés picassiano” del reconocimiento del tema del cuadro; es decir, que al observar una representación cubista siempre hay un elemento de la composición que es reconocible, expresable, que se destaca en el titulo de la obra. Cuando se observa “Piano”, el reconocimiento del tema del cuadro se refleja inmediatamente en la representación plástica del instrumento mismo, en el primer plano de la composición. Sin embargo, cuando empezamos a leer la obra nos damos cuenta que el instrumento representa una “metáfora plástica” que se percibe solamente al terminar de leer/ver el poema. En este sentido es que Huidobro anticipa el surrealismo, y al igual que Magritte, en su famoso cuadro "Ceci n'est pas une pipe", expone como la aparente evidencia de la imagen representada es contrastada por la perentoria significación de las palabras.
No creo que Huidobro lo haya hecho de manera consciente, sino que otra vez, en ese afán de experimentar y jugar con todo lo que el mundo artístico le ponía a disposición, el poeta nos entrega un “cuadro musical surrealista”, lo que al mismo tiempo y debido a la absurdidad del concepto mismo lo transforma en un ejercicio dadaísta.