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Jueves 15 de junio de 2006
Gastón Flores

Con los vidrios cerrados el ex subdirector de la DINA, brigadier (R) Pedro Espinoza, no cumplió su amenaza de hablar antes de entrar a purgar una condena de diez años por el secuestro calificado de la periodista Diana Arón al penal Cordillera. Sólo dijo que la sentencia era “injusta”.


Todos están a dieta

Recién ingresado Espinoza al penal fue revisado por un médico. “¿Usted está con dieta?”, le preguntó el médico. “Sí, doctor”, respondió el condenado. “¡Otra dieta, encarguen otra dieta más!”, dijo el médico a los gendarmes. El resto de los comensales del penal también estaban con dieta, que mandan cada día a buscar al hospital militar. A través de las rendijas de la reja de fierro del recinto se pudo observar cómo un gendarme ingresaba a la sala de guardia, donde permanecía Espinoza, un alto de frazadas, un plumón celeste con motivos alegres y dos almohadas blancas, mientras otro llevaba unas bolsas donde colgaban un par de trajes del sentenciado.

Se estima que los condenados tendrán varios años para dirimir sus disputas. Comentando las amenazas contra la vida del brigadier (R), un abogado comentó ayer, “bueno, tendrán tanto tiempo, que tal vez vuelvan a ser amigos”.

Ex camaradas no lo quieren en el penal Cordillera y advierten que su vida peligra
Los detalles del ingreso a la cárcel de Pedro Espinoza, el ex segundo hombre de la DINA

El “Mamo” Contreras, Krassnoff y Laureani se la jugaron en Gendarmería para no tenerlo de vecino, aduciendo primero falta de cupo. Luego, entraron a las amenazas y dijeron que “su vida corre peligro aquí”, porque Espinoza “se ha ido de lengua”.



Jorge Escalante
La Nación

Como último recurso, el “Mamo” Contreras, Miguel Krassnoff y Fernando Laureani, “estrellas” de la DINA que cumplen condena en el penal Cordillera, mandaron decir al ministro Alejandro Solís que la vida de Pedro Espinoza “corre peligro aquí adentro, así que es mejor que no lo manden para acá”. Espinoza, ex subdirector de la DINA que estaba en libertad, debía ingresar ayer a ese recinto a cumplir diez años de presidio por el secuestro de la periodista Diana Arón, como finalmente ocurrió, no sin problemas. Los otros ya están cumpliendo penas por la desaparición del mirista Miguel Ángel Sandoval.

Cuando Contreras, Krassnoff y Laureani se enteraron de que Espinoza llegaría a acompañarlos por decisión del juez Solís, instructor de los procesos por los crímenes de Villa Grimaldi, intentaron primero librarse de su compañía escribiendo una carta a Gendarmería, a cargo del penal. “Aquí no hay más cupo, que se vaya a Punta Peuco”, dijeron lacónicamente en la misiva.

Sus ex amigos no quieren ver cerca a Espinoza porque sostienen que “ya ha gritado mucho”, aludiendo a que éste “se ha ido de lengua” muy seguido en el último tiempo, “traicionando a la DINA”.

Informado el juez por Gendarmería de la inquietud de los huéspedes del penal en cuanto a la falta de cupo, sencillamente tomó una decisión que comunicó a la institución carcelaria. “Si no hay cupo, Laureani se va a Punta Peuco, porque es el menos antiguo de los que hay ahí”, ordenó el magistrado, refiriéndose a la antigüedad en el Ejército. Ello produjo que la troica del Cordillera mandara entonces el mensaje que, si así estaban las cosas, la vida de Espinoza correría peligro adentro.

“Me atrinchero”

Enterado del escenario, el brigadier (R) rechazado y amenazado sacó las garras. “¡Si me vienen con este cuento, me atrinchero en el Comando de Telecomunicaciones (que está al lado del penal) y cuento muchas cosas que sé, y ahí vamos a ver si me dejan entrar o no!”, dejó saber Espinoza al tribunal y a quienes lo rechazaban como un paria. Eso sí, en ningún momento puso obstáculos o resistencia para entrar a cumplir la condena, como en su momento lo hizo Contreras con el juez Solís.

Los mensajes iban y venían en las últimas horas. Gendarmería tampoco quería recibir a Espinoza en el penal Cordillera, e insistía ante el juez Solís en llevarlo a Punta Peuco, incluso hasta ayer temprano en la mañana. Pero era el juez quien resolvía. El ministro Solís impuso su autoridad y coordinó con el Comando de Apoyo Administrativo del Ejército (CAE) que a Espinoza lo fueran a buscar a su casa y lo ingresaran a las nueve de la mañana de ayer al penal Cordillera. El asunto estaba cerrado.

Entre otros argumentos, Espinoza, de 74 años, sostenía que tenía derecho a cumplir condena en ese lugar y que necesitaba estar cerca de un hospital por una enfermedad que le afecta. Además, reclamaba que su esposa, también enferma, no sabe manejar y llevarlo a Punta Peuco sería “un desastre”.

El juez pidió entonces a sus actuarios, Valeska Villalón e Iván Pavez, que se dirigieran ayer al penal Cordillera para notificar a Espinoza de su condena, como también a Contreras de sus nuevos 15 años de presidio, al brigadier (R) Miguel Krassnoff (15 años), y al coronel (R) Marcelo Moren Brito de sus 10 años, todos por el secuestro de Diana Arón.

Ironías

A las 09:10 horas Espinoza ingresaba finalmente al penal en un automóvil, sentado en el asiento posterior. Vestía un abrigo piel de camello y un lujoso maletín grande de cuero a tono con el abrigo. Se había afeitado el bigote tradicional y lucía resignado, aunque sonrió a la prensa que lo aguardaba en la puerta. Se esperaba que hablara bastante ante todo lo acontecido, pero no lo hizo. Con los vidrios del auto cerrados, sólo pudo registrarse el movimiento de sus labios respondiendo “es injusta”, cuando desde afuera se le preguntó cómo sentía su condena.

Pero adentro se viviría otra escena. Inteligentemente, los actuarios hicieron llamar primero a Contreras, Moren y Krassnoff para notificarlos de las nuevas sentencias, para que no se enteraran de la presencia de Espinoza, al menos en ese momento. Contreras cruzó un par de frases incisivas con los actuarios, pero estuvo dentro de lo normal. Moren demostró más su desagrado. “¡Qué! ¿también me viene a notificar ahora de la condena por Hans Pozo (el descuartizado)?”.

Krassnoff los hizo esperar al menos diez minutos: “Díganles que estoy haciendo mis ejercicios”. Y cuando llegó, se trabó en una pelea verbal con los detectives que acompañan a los actuarios. “¡Ustedes váyanse, no tienen nada que hacer aquí!”, repitió varias veces mirando a los policías a tan corta distancia que podían sentir su aliento.

El “guatón” Romo fue más lejos cuando momentos después lo notificaron también de su condena por Diana Arón en el hospital de Gendarmería. “¡Yo no tengo na’ que ver con esa p... periodista!”, gritó enrabiado. LN













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