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Coaching y política

Coaching y política

… Vivimos tiempos en los que hablar de coaching está de moda, tiempos de transformación de la política y, sobre todo, tiempos de esperanza en un liderazgo con otro acento, con un timbre de voz más armonioso. ¿Hay alguna relación en todo ello?…

Domingo 18 de junio de 2006

Juan Vera

Creo que sí, que existe una relación virtuosa entre el coaching (en la forma que algunos profesionales lo entendemos) y la política. La oportunidad está relacionada con un hecho contingente que marcó el inicio del Gobierno de la señora Bachelet y al que se puede dar una connotación de nueva sensibilidad, sin confundir con una cuestión de género. Me refiero al taller con altos cargos realizado en Marbella y facilitado por el maestro de coaching Julio Olalla.

Para hablar del círculo virtuoso de coaching y política es necesario ponernos de acuerdo con una definición sobre a qué vamos a llamar coaching. No usaré para ello ninguna de las dadas por los prestigiosos chilenos que son reconocidos en este ámbito, creo que es mejor evitar sesgos, y saliéndome de Chile utilizaré la que la ICF (International Coach Federation) está consensuando mundialmente. En ella se plantea como primer párrafo que "el coaching profesional consiste en un acompañamiento (ongoing partnership) diseñado para ayudar a obtener resultados más satisfactorios en la vida, la profesión, la empresa o las actividades de las personas. Mediante el proceso de coaching, el cliente profundiza en su conocimiento, aumenta su rendimiento y mejora su calidad de vida".

Dentro de esta concepción, de la que muchos profesionales que trabajamos en Chile participamos, el coaching es inseparable de marcados principios éticos en la relación con el cliente y con la sociedad, de un profundo respeto por la persona y sus intenciones y supone de forma muy especial que el cliente reconozca sus talentos, reconozca las propias barreras y logre expandir sus posibilidades de acción.

Dicho esto, mis tres argumentos para declarar que el coaching es una metodología de apoyo que potencia la acción política encaminada a mejorar al mundo al que se dirige son:

Si la política es el arte de lo posible, expandir los paradigmas de quienes tienen que gobernar y ser artistas de esa construcción constituye una labor de gran valor agregado.

El coaching, al orientarse a ampliar los dominios de observación del coachee y las distinciones dentro de cada dominio, al acompañarle en su proceso de descubrimiento de las señales del entorno (incluso las más sutiles), representa también una oportunidad de desarrollar su liderazgo.

Cabe aquí mencionar a Ronald Heifetz, director del Proyecto de Educación de Liderazgo en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, que en su libro "El liderazgo sin respuestas fáciles" plantea ese espacio del mundo actual en el que el líder no tiene la respuesta a las situaciones que se plantean, no puede ser un experto en todo, pero tiene la capacidad de contener, de animar para la acción, de entrever posibilidades y hacer que los otros se hagan cargo de sus propias responsabilidades, delimitando su rol sin idealizaciones.

Si el poder conlleva niveles de soledad, a veces por la forma en que entendemos la responsabilidad, otras por la falta de pares o por el peso de la información reservada o por la incapacidad para delegar y desarrollar confianza, el hecho de tener alguien que no forme parte de la línea, con quien hablar en una relación de pares y que permita expresar la propia voz sin paliativos, con la seguridad de no recibir juicios, de disponer de una cuenta corriente de diálogo, resulta ser una compañía de alto valor.

Si el ejercicio de ese poder puede en ocasiones ser tan absorbente que deje los otros ámbitos de la vida al borde del colapso, disponer de un espejo que muestre las repercusiones que lo que estamos postergando puede tener en nuestro equilibrio, resultará una medicina preventiva. Al cabo, es difícil que quien no sabe gobernar su vida pueda gobernar un país o el área que le corresponda, sin el riesgo de que lo someta a los mismos desequilibrios.

Si hoy concebimos como uno de los más importantes roles del Estado la creación de ciudadanía, mantener conversaciones con un observador externo (pero comprometido con este propósito) en las que las decisiones de la política contingente no dejen a un lado las preguntas sobre los valores que conforman el proyecto de una nación más integrada y una nación de ciudadanos elevará la dimensión de la política, ayudando a preservar esos valores; hablamos del respeto, la justicia, la equidad.

En muchos momentos de la historia del mundo, quienes tuvieron obligaciones de gobierno buscaron a personas situadas voluntariamente fuera de círculos de interés y lejanas de la carrera por el poder, personas (monjes, anacoretas, filósofos, ancianos de las tribus) que cultivaban el arte de la reflexión abierta y sin mordazas, el arte de conectar a quienes les preguntaban con sus propios miedos y sus propias grandezas. Entonces no se llamaban coaches, pero el fenómeno es distinto a los nombres que lo explican.

(*) Profesor de Liderazgo

Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez

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